Una imagen del exterior del Mercat de El Vendrell.
18/03/2026
2 min

Hace tiempo, en otro medio y otro formato, me preguntaba cómo podía ser que El Vendrell fuera como es. Tampoco sé exactamente cómo es, simplemente es El Vendrell. Pero de ahí viene gente como Pau Casals, Àngel Guimerà, los hermanos Ramon Ramon y Vidales y Joan Ramon y Vidales, los Andreu Nin, o los Lax'n'Busto. Algo como Reus o Sarral, pero del Penedès.

Quizá el secreto no sea ningún secreto. Quizá tenga que ver con esa vida cotidiana que sostiene los pueblos: las plazas, los cafés, los teatros… y también los mercados. Espacios en los que el país se encuentra cada mañana y donde la conversación es casi tan importante como el que se compra. En El Vendrell, este papel lo sigue jugando el Mercado Municipal de El Vendrell, un edificio que desde finales del siglo XIX forma parte del paisaje vital de la villa.

Construido en 1887 según el proyecto del arquitecto tarraconense Ramon Salas Ricomà, el mercado responde a aquella ola de modernización que llevó a muchos municipios catalanes a levantar mercados cubiertos. Hasta entonces, el comercio se había hecho al aire libre, principalmente en la Plaça Vella del Vendrell y en otros espacios del centro. Labradores de los alrededores llegaban con carros cargados de fruta, verdura o aves de corral, y la venta se hacía entre gritos de marchantes, conversaciones y el movimiento constante de gente.

El nuevo edificio debía poner orden a ese bullicio. Con planta rectangular y grandes portadas que facilitaban la ventilación y entrada de luz, el mercado se convertía en un equipamiento moderno para su época. Con el tiempo pasaría de la iniciativa privada del principio a manos municipales y se consolidaría como uno de los puntos neurálgicos de la vida cotidiana vendrellense.

Entrar hoy es todavía toda una experiencia, llegaría a decir que reconfortable y todo. Las paradas mantienen una coreografía antigua: el hielo sobre el mostrador de la pescadería, el cuchillo que golpea la madera en la carnicería, el papel que envuelve la compra mientras la conversación deriva inevitablemente hacia las noticias del pueblo, la comarca, la demarcación o el país –y el mundo–. El mercado sigue siendo un lugar donde se compra, sí, pero sobre todo donde se habla.

Como tantos otros mercados del país, el de El Vendrell ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos. Las grandes superficies y los cambios en los hábitos de consumo han obligado a reinventarse, pero el mercado conserva todavía una virtud que no puede industrializarse: la proximidad. Aquí el producto tiene nombre, ya menudo también tiene quien lo vende.

Quizá sea exagerado decir que los mercados explican el carácter de un pueblo. Pero si Vendrell ha dado tantos nombres a la cultura catalana, seguramente no es sólo por casualidad. Los pueblos también se construyen en estos espacios cotidianos donde la vida pasa sin demasiada ceremonia. Y el Mercado Municipal de El Vendrell es un buen ejemplo.

En el mercado vendrellenc, "de lo que da la tierra, se come", y esta tierra es de genios.

stats