Jean-Claude Juncker, guardián de las esencias de una determinada UE
El entonces presidente de la Comisión Europea entre el 2014 y el 2019 es hoy un referente institucional en una Unión en permanente estado de crisis
LondresHace diez y veinte años, las intervenciones de Jean-Claude Juncker eran cotidianas en el paisaje institucional europeo. Juncker, presidente de la Comisión Europea (2014-2019) y, antes, primer presidente del Eurogrupo (2005) –Míster Euro–, hoy ocupa un espacio liminar: entre el guardián de las esencias del europeísmo y la voz de alarma ante las amenazas internas y externas a la UE.
Pese a su dilatada carrera –también fue primer ministro de Luxemburgo (1995-2013)–, todavía no ha publicado las memorias que asegura que está escribiendo. Si alguna vez llegan a las librerías, deberá referirse a una etapa marcada por la crisis del euro, la de los inmigrantes del 2015, la del Brexit y la del primer Trump en la Casa Blanca. Como él mismo dijo de Boris Johnson, Juncker también es "a piece of work": todo un personaje. Un personaje eclipsado por algunas sombras, como las circunstancias de su dimisión como primer ministro de su país, a raíz de una investigación parlamentaria sobre actividades ilegales de los servicios secretos.
Tiene setenta y un años y una salud precaria, con problemas en el nervio ciático derivados de un accidente de coche en 1989. Vive en Luxemburgo, aunque mantiene un despacho en el Berlaymont, sede de la CE. Juncker es un testigo privilegiado de una etapa en la que la UE confiaba en la discutida disciplina fiscal, la tecnocracia y la capacidad de gestionar crisis sin fracturarse. Ha sustituido la actividad política por palabras que ya no buscan influir en la agenda, sino interpretarla, ofreciendo recetas muy generales: la próxima conferencia pública que dará, el 22 de septiembre, en la cuarta edición del Finance Forum Zurich, es el ejemplo: Europa entre crisis y oportunidades. Hoy, su hoja de servicios es, en la práctica, una denuncia de la mala salud [de hierro?] de la Unión.