Bruselas recuerda y Madrid ignora
Este final de curso político se parece a los días que nos están haciendo pasar las sucesivas olas de calor de este julio: pastosos, lentos, exasperantes
Hoy tenemos colgada una noticia que empieza diciendo “Bruselas recuerda…”.En concreto, “Bruselas recuerda a los tribunales españoles que deben aplicar la sentencia del TJUE sobre la amnistía”. La noticia podría continuar diciendo “Bruselas recuerda y Madrid desobedece”, o “Bruselas recuerda y Madrid no se acuerda”, porque no es sino desobediencia el caso omiso que el Tribunal de Cuentas, la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo están haciendo de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la plena conformidad al derecho europeo de la ley de amnistía. El sentido de todo esto es evidente: el regreso a Cataluña del presidente Puigdemont tiene valor de humillación para todo el aparato del estado político, mediático, policial y judicial, sobre todo judicial, que convirtió el procesamiento de centenares de catalanes en una razón para vivir con la bandera rojigualda colgada en el balcón, y un mérito para escalar. Y, por tanto, alargarán el castigo tanto como puedan, porque los exilios y las inhabilitaciones impiden una reorganización estratégica del independentismo, que, por más que sea aquí y ya no se marche, no solo no ha encontrado nuevas formas de expresión de amplia aceptación ni nuevos liderazgos, sino que también ha revelado la peor cara de la desorientación y la división.La pulsión obstruccionista española, que remite, pues, a sus esencias, también tiene un componente táctico que es la cuenta atrás a la espera de la caída (y quién sabe si procesamiento) de Pedro Sánchez, que pondría los mecanismos del ejecutivo y parte del legislativo en las mismas manos que el judicial.
Mientras tanto, las cosas de Cataluña avanzan con lentitud de obra pública del Estado. Ayer oímos al presidente Illa admitiendo que tenemos un problema con la inversión del Estado en nuestro país y fiándolo todo (a falta de lealtad institucional española) a un nuevo consorcio de inversiones. Y también habría podido admitir que tenemos un problema crónico con la financiación, que ahora ha mejorado un poco entre las acusaciones de siempre de insolidaridad, que el PSOE no replica. Mientras tanto, los trenes de Cercanías continúan yendo en autobús y la AP-7 es una pesadilla, mientras la presión fiscal no se traduce en una mejora de los servicios públicos.
Este final de curso político se parece a los días que nos están haciendo pasar las sucesivas olas de calor de este julio: pastosos, lentos, exasperantes.
Buenos días.