Un papa en la Cataluña trabada del post-Procés

Alguien que no ha rehuido ninguna polémica y sabe encontrar las palabras con sugerencias sutiles como León XIV, es de creer que algo dirá a la Cataluña que todavía tiene un presidente en el exilio, que se revuelve incómoda en un traje autonómico que la encajona y que ha visto llegar dos millones de personas en un cuarto de siglo. Será interesante ver hasta qué punto León XIV tiene un mensaje específico para nuestro país

09/06/2026
3 min

Hoy a la una y media el papa León XIV aterriza en el aeropuerto de El Prat y comienza una estancia de 36 horas en nuestro país muy intensas: la multitud en el estadio Lluís Companys esta tarde, el simbolismo de la subida a Montserrat, el mensaje de reunirse con presos en Can Brians y el punto culminante, mañana sobre las 9 de la noche, de la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Familia, que desde hace pocas semanas corona la basílica a 172 metros y medio sobre la ciudad de Barcelona. Y el jueves por la mañana, León XIV marchará hacia Canarias.

A Canarias quería ir el antecesor de León XIV, el papa Francisco, muy amigo de viajar a lo que él llamaba las periferias del mundo más que a las grandes capitales, pero su estado de salud ya no le permitió acercarse a la realidad de los africanos que se juegan la vida para llegar a las costas de la Unión Europea. El papa Prevost ha recuperado este viaje y lo ha acoplado al día de mañana, 10 de junio de 2026, en que hace cien años que murió Antoni Gaudí, que es, de hecho, lo que lo ha traído a Cataluña y también a España. Hoy, el alcalde de Barcelona ha publicado un bando en el que remarca aquello que comparte con León XIV, como por ejemplo “reivindicar una tecnología al servicio de la humanidad” o denunciar “el impúdico acaparamiento de poder de la tecnooligarquía”. Es un clásico de estos días: la clase política, incluso la que no cree, muestra su sintonía con el jefe de la Iglesia católica, de quien recuerdan su capacidad de ser voz ética universal. Y la que dice que cree pasa por alto que el Papa esté contra la carrera armamentística y a favor de la dignidad de los inmigrantes. Y después, la mayor contradicción: ayer los diputados españoles aplaudieron siete minutos a un papa que les dijo que desarmen el lenguaje, cuando la clase política no para de destrozarse en cada intervención.

En medio de todas estas contradicciones, hoy el Papa comienza un viaje dentro del viaje, el viaje a Cataluña, que estará sometido a toda clase de contradicciones particulares. Bendición de la torre más alta de un templo que un par o tres de generaciones de barceloneses han discutido si había que acabar o no. Una maravilla del mundo que a causa de su irradiación internacional se ha comido un barrio. El Papa viene a una Cataluña que se explica por Montserrat, o por Poblet, o por Sant Jordi, o por los lunes de Pascua, pero donde la Iglesia ha hecho una reculada vertiginosa medida en número de vocaciones religiosas, bautizos o matrimonios canónicos. Todo esto en paralelo a la pérdida de peso de lo que siempre habíamos llamado Iglesia catalana, hoy desdibujada hasta ser, casi, la Iglesia en Cataluña, una Iglesia hispanorromana, con Madrid susurrando a Roma qué obispos convienen o no convienen.

Finalmente, alguien que no ha rehuido ninguna polémica y sabe encontrar las palabras con sugerencias sutiles como León XIV, es de creer que algo dirá a la Cataluña que todavía tiene un presidente en el exilio, que se revuelve incómoda en un traje autonómico que la encajona y que ha visto llegar dos millones de personas en un cuarto de siglo. Será interesante ver hasta qué punto León XIV tiene un mensaje específico para nuestro país.

Buenos días.

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