Salud

El útero y los ovarios no envejecen a la vez ni igual: un estudio catalán hace una nueva radiografía de la menopausia

Un estudio del BSC, el más importante hasta ahora sobre envejecimiento femenino, desvela el ritmo en que se deterioran los diferentes órganos reproductivos

Una ginecóloga analizando una prueba de ultrasonidos transvaginal de útero.
02/05/2026
3 min

A pesar de afectar a la mitad de la población mundial y de que todas las mujeres la experimentan, de la menopausia apenas se sabe nada. Esto se explica porque, históricamente, ha sido menospreciada e infraestudiada tanto desde la investigación científica como también desde la clínica. Y eso que, a pesar de ser una etapa natural en la vida de las mujeres que suele llegar hacia los 50 años, tiene un impacto importante en la salud de sus tejidos y órganos, y se asocia a un riesgo incrementado de padecer enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, metabólicas y óseas.

“Es sorprendente [esta falta de estudios científicos]”, señala Marta Melé, al frente del grupo de investigación de Transcriptómica y Genómica Funcional del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). “Nuestro objetivo es llenar este vacío”, asegura esta investigadora, que acaba de publicar en Nature Agingel trabajo más importante hecho nunca sobre el envejecimiento femenino en esta etapa de la vida.

Melé y su equipo han descubierto que no todos los órganos que forman el aparato reproductor femenino envejecen al mismo tiempo, sino que es un proceso complejo, por fases, durante el cual, por ejemplo, los ovarios comienzan un declive lento unos 10 años antes de la fase menopáusica, lo que explicaría la reducción en la fertilidad llegando a los 40 años; mientras que el útero sufre un descenso muy abrupto en la posmenopausia.

“Además, hemos identificado los genes que impulsan todos los cambios que vemos en los órganos, lo que abre la puerta en un futuro a diseñar estrategias de prevención”, añade Melé, que remacha que, al final, el objetivo es doble: por un lado, tratar de prevenir las consecuencias negativas para la salud integral de las mujeres derivadas de la menopausia para mejorar su calidad de vida. Y, por otra, avanzar hacia una comprensión más completa del envejecimiento femenino para sentar las bases para una medicina más precisa y equitativa.

Una reorganización de los tejidos

El equipo del BSC ha analizado con ayuda de una IA de aprendizaje profundo y del superordenador MareNostrum 5 más de 1.000 imágenes de tejidos procedentes de 304 mujeres de entre 20 y 70 años. Después, han comparado los resultados con datos de la actividad de los genes en siete órganos –útero, ovario, vagina, cérvix, mama y trompas uterinas– para identificar los cambios observables tanto en tejidos como en los procesos moleculares asociados al envejecimiento en cada órgano.

“Hasta ahora, tendíamos a considerar la menopausia principalmente como el final de la función reproductiva del ovario. Sin embargo, nuestros resultados muestran que actúa como un punto de inflexión que reorganiza profundamente otros órganos y tejidos del sistema reproductor, y nos permiten identificar los genes y procesos moleculares que podrían estar detrás de estos cambios”, explica Melé.

Por ejemplo, han encontrado que genes asociados con enfermedades del sistema reproductor, como los cerca de 200 vinculados al prolapso pélvico, una condición que afecta a un 40% de las mujeres posmenopáusicas, que debilita los tejidos que sostienen el útero hasta que este cae presionando la vagina. En muchos casos, requiere una intervención quirúrgica. O los genes que están vinculados al rápido declive del tejido vaginal, lo que explicaría la sequedad vaginal habitual a partir de los 60 años.

Lo que resulta más interesante es que las investigadoras han comprobado que todos estos cambios en la expresión de los genes que regulan el envejecimiento del aparato reproductor femenino también se pueden detectar en sangre. Para hacerlo, han analizado muestras de plasma de 21.000 mujeres buscando proteínas vinculadas a cada órgano para encontrar biomarcadores que permitan monitorizar este proceso de forma poco invasiva.

“Estos biomarcadores podrían permitir monitorizar de forma no invasiva el estado de los órganos reproductivos, y anticipar riesgos asociados a la menopausia, como el prolapso pélvico, sin necesidad de biopsias”, apuntan las investigadoras.

Con perspectiva de género

Este nuevo estudio se suma a uno anterior del mismo grupo del BSC publicado recientemente que reveló por primera vez que el sistema inmunitario de las mujeres cambia con la edad mucho más que el de los hombres. Las investigadoras vieron que, a medida que las mujeres suman años, aumenta el número de células inmunitarias inflamatorias, lo que explicaría por qué con el envejecimiento las mujeres tienen más tendencia a sufrir enfermedades autoinmunitarias o a sufrir el empeoramiento de ciertas enfermedades inflamatorias después de la menopausia.

“Muchos estudios todavía no tienen en cuenta el sexo en sus análisis, o directamente solo usan datos de hombres, de manera que dejan preguntas clave sin respuesta. Nuestra investigación nace precisamente de esta necesidad y combina una mirada científica con perspectiva de sexo, datos inclusivos y un gran poder computacional”, asegura Melé.

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