Alimentación

La avellana catalana, en riesgo de desaparecer

Los últimos 5 años la superficie cultivada en Tarragona y Girona ha caído un 30% y el rendimiento de las explotaciones un 70%, fruto de los efectos del cambio climático y la falta de relevo generacional

Una cesta de avellanas de la DOP de Reus.
19/04/2026
4 min

GironaLa avellana catalana está en peligro. En 1985 se cultivaban en Cataluña cerca de 35.000 hectáreas de avellanos, pero desde 2024 solo quedan unas 7.800, y la tendencia continúa a la baja. Los últimos cinco años la superficie cultivada ha caído casi un 30%, y además, debido a los efectos de la sequía el rendimiento de las explotaciones ha disminuido hasta un 70%. Las duras condiciones de trabajo en el campo y la edad avanzada de los agricultores, sumadas a la falta de relevo generacional y a los efectos destructivos del cambio climático en la cosecha, dibujan un futuro muy incierto para el sector, que pide ayuda a las administraciones para mantener vivo este cultivo autóctono. Actualmente el 85% de la producción se concentra en el Camp de Tarragona, donde sobresale la Denominación de Origen Protegida (DOP) de la avellana de Reus, y en Girona, y en un pequeño reducto de poco más de 600 hectáreas de campos en Brunyola, en la Selva, donde una quincena de productores también cultivan este fruto seco.

“El sector está en un momento bastante crítico porque la capacidad de producción ha bajado mucho: no se producen las avellanas de hace cuatro o seis años, desde la sequía. Además, hay plagas y los agricultores están muy desanimados porque no salimos adelante con la calidad y la cantidad a la que estábamos acostumbrados", explica Ester Gomis, presidenta de la DOP Avellana de Reus. El factor clave de esta deriva es la emergencia climática, ya que es un cultivo que necesita frío y mucha agua. "En la zona de Riudecanyes el pantano se quedó vacío con la sequía y no ha podido suministrar agua a los avellanos. Además, las olas de calor de verano son cada vez más fuertes, también en las zonas de montaña y cerca del mar, y esto daña los árboles", lamenta.

No toda la avellana se puede vender bajo la DOP de Reus

Según Gomis, la de Reus es una avellana "muy buena y muy sana, con variedades autóctonas de toda la vida", y la DOP fija unas características muy estrictas de calidad. Esto ha provocado que estos últimos años todos los frutos de los campos tarraconenses que han salido con algún defecto, de calibre, gusto o aspecto, por culpa de la mala cosecha no se hayan podido vender con esta distinción de excelencia. La DOP incluye la variedad negreta, que es la más típica, pero también otras menos conocidas pero muy apreciadas, como la paueteta, la gironella, la morella y la culplana.

Antiguos campos de avellanos abandonados o vendidos a productores de cereales

Sacos de avellanas delante de los cultivos en Brunyola (la Selva).

Antiguos campos de avellanos abandonados o vendidos a productores de cereales

Fuera de Reus, en Brunyola, un pequeño pueblo de 400 habitantes al pie de las Guilleries, la situación es igual de frágil. Para intentar aprovechar esfuerzos, algunos productores de la zona se han unido en proyectos en común como Nuasets, que agrupa cuatro familias, con un total de 60 hectáreas, que venden la avellana ya pelada y tostada, además de un montón de elaboraciones propias como praliné, pasta de avellana y turrón. "La media de edad de los productores es muy alta, no se plantan nuevas fincas y se van perdiendo. Sin relevo generacional, estos campos se venden a terceros para hacer cultivos de cereal o quedan abandonados, con el peligro de incendio que esto supone", explica Pere Arbonès, productor gerundense y socio de Nuasets. Para apelar a su supervivencia, los agricultores también reivindican el valor medioambiental de los campos de avellanos: "Es un cultivo muy interesante, porque con el agua de la lluvia se mantiene verde todo el año, en la tierra crece hierba, que evita la erosión, vive mucha fauna y permite que los bosques en verano no se sequen peligrosamente", argumenta Arbonès.

Campos de avellanos en Brunyola (la Selva).

Para dar a conocer este cultivo gerundense (que parte de la variedad negreta), cada otoño, desde 1995, los productores de Brunyola, bajo el amparo del Ayuntamiento, organizan la Feria de la Avellana, un gran escaparate con puestos, degustaciones, concursos y actividades lúdicas. "La gente a menudo no sabe que también hay avellanas en Girona. Aquí había llegado a haber 1.200 hectáreas y era un sector importante para la economía local. Ahora muchos productores también han pasado a elaborar productos derivados, no solo vender la avellana en cáscara, y la Feria es nuestro gran día", acaba Arbonès.

El departamento presenta el Plan de la Avellana

Ante esta situación, el sector pide apoyo de la administración y también recursos en investigación para adaptar los cultivos y las semillas al cambio climático. Para dar respuesta, el departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, ha presentado un Plan de la Avellana 2026-2028 con el objetivo de recuperar y garantizar la continuidad del sector, reforzar la calidad y diferenciación de la avellana catalana e incrementar su valor de mercado. El plan se despliega a través de siete ejes estratégicos que incluyen medidas en producción sostenible y sanidad vegetal –con la creación de un hub de sanidad vegetal del fruto seco–, nuevas ayudas y financiación para el conjunto de las hectáreas de cultivo, iniciativas para potenciar la calidad y la promoción gastronómica del producto, mejoras en regadíos con el uso de agua regenerada y la creación de espacios de gobernanza y seguimiento del sector, con la finalidad de frenar su descenso, garantizar el relevo generacional y evitar la pérdida de explotaciones.

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