El radar suculento

Bar Jueves: la Barcelona rebelde planta cara con judías, fricandó y derrame

Un nuevo local gestionado por una cooperativa ofrece buenos platos de cocina catalana popular en la Izquierda del Eixample

El fricandó del Bar Jueves.
11/03/2026
3 min

BarcelonaDe la Rosa de Fuego a las revueltas de las quintas. Quizás ahora cuesta más ver, pero Barcelona ha sido siempre una plaza rebelde. Donde no todo debe ser siempre igual. Donde otra forma de hacer las cosas es posible. Incluso cuando los cambios propuestos son pequeños, modestos, pero no por ello menos relevantes. Hoy os hablaré de un excelente bar restaurante que se encuentra en Consell de Cent. En una calle maravillosamente diseñada peatonal, y rellena de oferta dominada por grupos de restauración. Aquí, en medio como el jueves, nace el Bar Jueves.

El proyecto lo conforma una cooperativa con unos 25 socios, ha abierto hace pocas semanas y ya es un fenómeno en la Izquierda del Eixample. Todo empezó con una conversación entre Esteban y Albert. Prefieren que no pongamos los apellidos, porque los personalismos no tienen cabida en un proyecto colectivo. Esteve venía de los movimientos sociales; Albert, de la restauración. Creían que algún día podrían abrir un local bueno y para todos. Y cuando supieron que se traspasaba el bar Copérnico supieron que era el momento. Allí encontraron, gracias a un amigo común e ilustrador gráfico, Joan Manel, el cocinero que estaría totalmente alineado con sus valores: Joan Vallès.

A Vallès le ponemos el apellido porque ha diseñado la carta y porque quizás muchos lectores le conocen de su proyecto anterior, el restaurante Gigante del barrio del Poblenou. Cuando el Gigante cerró, Vallès recibió varias ofertas, incluso se planteó abrir una parada de legumbres en un mercado. Finalmente, el Jueves y el que hay detrás le animaron a sumarse al proyecto.

La fachada del Bar Jueves

El amor por las legumbres de Vallès lo encontramos en el huevo frito (crujiente y esférico como un buñuelo) con papada y judías del ganchillo que sirven para el desayuno. Una delicia acompañada de pan con tomate. Ha probado tres tipos de agua hasta encontrar que las judías quedaban como debían quedar. Abren de miércoles a domingo. Miércoles y domingo desayunos y almuerzos, y el resto todo el día. Quieren ser embajadores del desayuno de tenedor, tienen una oferta maravillosa de platos fuertes, como capipota y caracoles en salsa, pero también de huevos, tortillas y bocadillos planchados. "Sencillos y bien hechos", dice Vallès.

A partir de la una desaparecen los huevos y encontramos entrantes, otros platos y una fórmula de menú maravillosa, en la que a partir de un plato principal acabas complementándolo por muy pocos euros. Cabe destacar la coherencia en la propuesta de vinos naturales, o que tengan vino a raudales (tinto, blanco y brisa) que sirven en porrón de medio litro por el precio de 7 euros.

Un lugar de encuentro

El Bar Jueves quiere ser un lugar de encuentro, socialización. Especialmente en las cenas ya están llegando muchas reservas, pero siempre se guardan espacios para la improvisación. Esteve explica que los jueves eran históricamente los días que las criadas tenían fiesta, y el día que los mercados tenían mejor producto. Bebiendo de las dos ideas, el Bar Jueves quiere ser el sitio donde las clases populares comen como si el sistema de clases estuviera más subvertido de lo que está.

Si no conocieras el proyecto y pasaras por delante, entrarías igual. Es un local agradable y la carta es excelente. Se come de narices (esto lo escribo mientras recuerdo el increíble derrame de bacalao, que han desalado en su punto justo). Y es probable que no te enteres de que este restaurante tiene una forma de funcionar diferente hasta que llegue la cuenta y veas que ellos no cobran por el agua filtrada (natural o con gas) que sirven en botellas de vidrio.

El derrame de bacalao del Bar Jueves.
Los huevos con judías y papada del Bar Jueves.

Por lo demás, la apuesta es por lo que nos es cercano y conocido. "Hemos apostado por la normalidad, que quizá abunda poco en esta ciudad –dicen–. Hagamos un fricandó, que tiene lo que debe tener: moixernons, picadura y toda la pesca...", explica Vallès. La voluntad es "que haya en la mesa lo que nos gusta cuando nos juntamos con nuestros amigos". Mientras este colectivo aboga por la excelencia sin inventos, el cocinero se propone que quizás, con una buena propuesta, se podría "generar un proceso sustitutivo del brunch si somos ambiciosos". ¿Y por qué no? Los pequeños cambios son poderosos, y pueden empezar revoluciones.

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