La cocina catalana de un vecino de barrio que ha encontrado la felicidad en su barrio
Cal Robert es mucho más que un bar-restaurante, es un servicio público
- Dirección: Carrer de Requesens, 7, 08001 BarcelonaCarta: Cocina catalanaObligatorio: Croquetas de calçotsVino: Solo hay vinos localesServicio: Cercano y eficienteLocal: Terraza, altillo y sala con cocina abierta Precio pagado por persona: 40 €
Robert Serna y Mundet es un tipo del Raval. Ha nacido allí, vive allí y tiene allí el negocio. Es autodidacta. El talento y el esfuerzo le abrieron, con solo veintidós años, las puertas del mundo de la restauración. Desde entonces ha participado en proyectos propios y ajenos, siempre al frente de cocinas de prestigio.Un día, paseando por el viejo Barrio Chino, descubrió un pequeño rincón en la calle Requesens y decidió convertirlo en su refugio para ser feliz. Cal Robert abrió las puertas en 2014. Al principio era más bar que restaurante, pero hace ocho años, con la llegada de David a la cocina, el proyecto encontró su rumbo definitivo: cocina tradicional catalana con guiños peninsulares. Primeros para compartir y segundos a gusto de cada uno. Una fórmula sencilla que funciona si el producto y la ejecución son buenos. El equipo es tan importante como la comida y, con Marc en la sala, se completa un equipo pequeño pero muy eficiente.Hay platos fijos y otros (los de la pizarra) que cambian según la estacionalidad del producto. Así, ni ellos ni los clientes se aburren: cada día hay algo nuevo para probar. Empezamos la comida con unos sacos de morcilla negra y unas croquetas de calçots. Continuamos con un plato de tripa y unas albóndigas que nos reconfortan del frío exterior y nos confirman nuestro acierto de visitar el Robert. Antes del postre, una cola de rape a la donostiarra nos reconcilia con la cocina de producto. Un milhojas de crema, una tartaleta de merengue y limón y un pastel de queso cumplen el propósito de cerrar la comida.El vino merece un capítulo aparte muy destacable. La carta es oral y cambiante. Nos lo explica Robert: “Solo trabajamos con vinos locales y ninguno supera los diecinueve euros. No tiene ningún sentido que te gastes veinte euros para comer y pidas un vino de setenta. Buscamos un perfil de vinos con buena relación calidad-precio para poder ofrecerlos a un precio razonable”. Nosotros elegimos una botella de Un Onzè tinto de la bodega Cal Cabo, de Sant Martí de Maldà. Las viñas las tienen en el valle del Corb. A veces, el aceite puede llegar a ser tan importante como la comida y la bebida. En el caso que nos ocupa, lo destacamos por su calidad. Es de Nalec, el pueblo más pequeño del Urgell. “Mi suegro es de Nalec. Por las mañanas hago desayunos y procuro dar salida al aceite, el vino y los embutidos de allí. ¡Son muy buenos!”El universo del Raval
Cal Robert es mucho más que un bar-restaurante: es un servicio en el barrio. Colabora con las asociaciones vecinales y con las ONG residentes en el barrio, especialmente con Pallapupas, los queridos payasos de hospital. También se ha convertido, de manera oficiosa, en el bar del Taller de Músicos. La clientela proviene sobre todo de Sant Antoni y del Eixample, ya que la población del Raval es cada vez más diversa y no siempre coincide con su propuesta gastronómica ni con el presupuesto del local. El ticket medio es de unos treinta y cinco euros por persona.Robert es un ravalero que ama su barrio. El Raval tiene vida y color, pero este universo particular de Barcelona es a menudo infravalorado y temido a partes iguales. Aprovechamos su situación geográfica para pasear por estas calles del corazón de la ciudad. El Raval y Cal Robert nos muestran dos de las realidades de nuestro país: la diversidad de nuestros conciudadanos y la buena salud de la cocina catalana. Podemos estar contentos.