Cómo conseguir que mi hijo no me interrumpa constantemente
Es posible compartir espacio durante un rato sin necesidad de que el niño interactúe con nosotros

GeronaSe vale cualquier actividad: leer un libro, tener que terminar un escrito del trabajo, una llamada telefónica o una tarea cotidiana como lavar platos. Sea lo que sea, más tarde o más temprano siempre llega –y, según los expertos, es bueno que así sea– el indeseado momento de la interrupción. Aquella queja, pregunta, demanda o protesta que hace la criatura y que estronca el propósito que tenía el adulto de empezar y terminar una acción, con lo que, cuando se repite más de una vez, se produce un paro y reanudación constante. ¿Es posible compartir espacio un rato sin la necesidad de que el niño interactúe constantemente con nosotros y, sin embargo, ser nosotros una figura presente y significativa? La respuesta es que sí, pero con matices. Les cuenta Anna Romeu, psicóloga clínica y especialista en educación emocional.
¿Qué debemos tener en cuenta?
Aparte de la edad del niño –porque no es lo mismo uno de dos años, que nos reclamará mucho más, que uno set, en el que ya son más autónomos y les conviene, precisamente, aprender a no necesitar tanto el acompañamiento del adulto–, hay que tener presente también el carácter. "Hay niños que de pequeños ya no te buscan y otros, en cambio, necesitan la validación del adulto porque son más inseguros", especifica Romeu. Los niños que, siendo mayores, tienen poca tolerancia a la frustración y enseguida se cansan cuando algo no les sale, necesitarán más atención del adulto que aquellos que de por sí son más persistentes. Por tanto, la manera de ayudarles no es sino estando a su lado para explicarles que, a veces, hay que probarlo varias veces para conseguir lo que se quiere. Otro factor es el tiempo. "No podemos esperar a que estén una hora jugando solos porque su atención dura menos que nosotros y va variando de una cosa y otra. Para pasar de un juego a otro nos reclamarán", asegura la psicóloga.
¿Cómo les expresamos que no nos interrumpan?
Es sencillo, pero cuesta. Según la experta, lo mejor es contarlo y darles la información de lo que queremos y, realmente, de lo que necesitamos. Siempre, eso sí, con las palabras adecuadas. "Evitamos expresar la frustración, la impaciencia o el cansancio culpando sólo al niño, como si por su culpa no podemos acabar una tarea. Lo mejor es decir: me gustaría estar por ti, pero tengo que hacer eso que es importante para mí. Te pido un poco de paciencia", ejemplifica Romeu. Una frase que, incluso, puede llegar a memorizarse y ensayarse para decirla cuando sea necesario. "Esta petición, aparte, no es culpabilizadora y, en cambio, le estás enseñando muchas cosas". La criatura la entenderá y seguro que querrá colaborar con ella. La vida es injusta y tendrá que aprender. Verá que es una obligación y que debes cumplirla. Al mismo tiempo, darás un mensaje de que tu deseo es estar por él. "No olvidemos tampoco mostrarnos siempre cómo estamos emocionalmente: enfadada, cansada, triste o con necesidad de calma. Esto también les aporta mucha información".
La desatención constante, ¿qué le comportará?
No es bueno para el niño, ni psicológica ni moralmente, menospreciar sus necesidades, tal y como asegura Romeu, porque "le genera una sensación de abandono". Pueden percibir que son una molestia. Lo que necesitan es criarse sabiendo que son "tu prioridad" y "lo más importante para ti". Si se siente abandonado, lo primero que hará es revelarse y se mostrará enojado. Cuando esta sensación es reiterativa y continua, entonces dejará de intentarlo y el vínculo se romperá. Esto, además, marcará el tipo de relaciones que tendrá toda su vida. "Un niño que se ha sentido seguro y atendido se vinculará bien con las personas cuando sea adulto, sabrá tener su espacio y reclamarlo. Si no, creará vínculos de dependencia emocional y aferramiento. Será una persona ansiosa, que todo lo personaliza, e incapaz de vincularse bien emocionalmente con alguien que será un adulto encerrado".