No me gusta mi cuerpo
Cómo se puede combatir la insatisfacción corporal? Se puede empoderar a los niños y jóvenes para superarla?
BarcelonaHace un par de meses, la cantante Amaia reconocía en declaraciones a una revista de moda que tenía la autoestima baja, porque parece que se está poniendo de moda estar demasiado delgada, y a ella le gusta comer. Desafortunadamente, en 2026 estamos viviendo el boom del Ozempic y otros productos para adelgazar. Por lo tanto, es importante ayudar a los hijos a aprender a aceptar su cuerpo. Lo que propone Elena Crespi, psicóloga, sexóloga y feminista, es hacerles entender que el mundo es diverso en cuanto a corporalidades, y que a pesar de que los modelos que siempre nos enseñan son un tipo concreto de cuerpos, si miran a su alrededor verán que está lleno de cuerpos diversos y fantásticos, con más o menos funcionalidades: “A pesar de que en las series, películas y redes sociales solo hay lugar para los cuerpos que encajan dentro de un modelo, se les ha de hacer entender que cada uno es diferente y tiene sus capacidades”.
El problema es que la insatisfacción corporal en la población general adolescente es alta. Los estudios avalan que en Barcelona el 63,2% de las chicas entre 13 y 19 años tienen insatisfacción corporal y el 55,3% de los chicos también. “Esto quiere decir que no gustarse es la norma. Entre estos jóvenes, que no tienen un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), hay diversidad corporal, los hay con normopeso, sobrepeso y obesidad” –puntualiza Eduard Serrano, doctor en psicología y jefe de la Unidad de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) del Hospital Sant Joan de Déu–, “lo que evidencia que tener un cuerpo dentro del modelo estético tampoco asegura satisfacción corporal”. Los estudios también avalan que la insatisfacción corporal empieza en las niñas a los 6 años. Ellas quieren estar más delgadas y ellos más fuertes.
Insatisfacción corporal y vergüenza
Según Elena Crespi, en un mundo que nos enseña a odiar nuestro cuerpo, es muy difícil que nos guste. De aquí la importancia de fomentar el pensamiento crítico, recomendar lecturas que ayuden a reflexionar y a ser críticos con los modelos poco saludables. Eduard Serrano añade que las redes sociales basadas en la imagen, como TikTok e Instagram, fomentan las comparaciones entre cuerpos. “Cuando hay una distancia entre la percepción corporal y el modelo estético vigente, nace la insatisfacción corporal”. El descontento del propio cuerpo es un factor de riesgo para un posible trastorno alimentario, pero no todo el mundo sometido a estas imágenes desarrolla un TCA. “Si la autoestima del joven se sostiene sobre otros pilares –su personalidad, familia y amigos–, tener insatisfacción corporal no implica enfermar. Para desarrollar un TCA deben coincidir otros factores de riesgo como la autoexigencia, el perfeccionismo, factores socioculturales o genéticos”, apunta el doctor. Para hacer frente a estas realidades, lo que propone es acompañar a los hijos a aceptar la diversidad corporal.
Esto es lo que han estado haciendo los padres de Marcos (17 años), que este verano ha vuelto a ir a la playa y a la piscina sin problemas, después de casi dos años avergonzándose de su cuerpo. El padre explica que cuando se dieron cuenta de que no aceptaba su cuerpo y se esforzaba por cambiarlo, ya era demasiado tarde: “No tuvo un TCA pero estaba obsesionado con lo que comía, era muy estricto con los procesados, los fritos, y también con las horas de descanso y las rutinas. Dejó el fútbol y empezó a ir al gimnasio cada día”. Encontraba problemas en su pelo, los dientes, la barbilla, la altura, las piernas… “Intentamos que no hiciera locuras con la comida y le cocinábamos lo que nos pedía. Pensamos que sería mejor apoyarle y que tuviera la confianza de explicarnos qué no le gustaba y cómo se sentía”, comenta la madre.
¿Cuándo deberían saltar las alarmas?
Que les dé vergüenza enseñar el cuerpo o no les guste su aspecto físico pasa a ser un problema cuando tiene un impacto en su vida personal, familiar o escolar. Esto en la práctica supone que hagan una dieta muy hipocalórica o restrictiva, que hagan deporte de forma compulsiva no para disfrutar sino para perder peso, que dejen de salir con los amigos y que aumente el aislamiento y la irritabilidad.
Respecto al cuerpo habría un rechazo intenso y resistente de la propia imagen, haría comentarios muy negativos sobre él, cambiaría la manera de vestir, evitaría exponer el cuerpo y cualquier actividad relacionada con la comida. “A veces las familias no saben qué pasa exactamente, pero son conscientes de que está pasando algo y ven que tiene un impacto significativo”, comenta Serrano. En estos casos, recomienda consultar al pediatra o médico de familia para que haga una primera valoración y si considera que es un trastorno alimentario que pueda derivar al especialista. “Una detección precoz, el inicio de un tratamiento especializado y el acompañamiento de la familia son unos factores protectores fundamentales”, concluye.
Superamos la presión estética
Cuando Júlia Barceló, activista por la liberación corporal, publicó Operación Bikini (Editorial Flamboyant, 2021), se hablaba mucho menos que ahora de la presión sobre los cuerpos. Lo que propone su libro, que cuenta con las ilustraciones de Camille Vannier, es que nos liberemos de la presión estética. La protagonista es una adolescente que siente que su cuerpo debe cambiar, y necesita hacerlo para poder ir con sus amigas a una fiesta en la playa. Recuerda el Sant Jordi que se le acercaron dos chicas de unos 12 años, que habían estado en terapia por TCA y por tener una mala relación con su cuerpo, y las dos se lo habían leído a raíz de la recomendación de la psicóloga. “Es una buena excusa para poder hablar del tema en casa, ayuda a que los jóvenes puedan abrirse”, dice la autora. Barceló cree que sobre la liberación corporal planea una especie de pesimismo: “Como pasa con cualquier avance feminista o que quiera romper con el sistema, aparecen movimientos y opiniones reaccionarias. Es parte del camino y tenemos que seguir luchando”. Dice que estamos en la época del Ozempic y la vuelta de la delgadez extrema como en los años 90 y 2000, pero esto no quita que se haya hecho muchísima faena: “Ahora sí que vemos en diferentes espacios cuerpos no normativos, y no hace tanto hubiera sido imposible”, concluye.
Cuando los jóvenes sienten insatisfacción corporal, aun sin tener un TCA, es importante que la familia tenga en cuenta este seguido de factores protectores:
- 1. Validamos el malestar sin juzgarlo No decimos a los hijos que es una tontería lo que sienten. Les explicamos que entendemos su preocupación y el posible malestar si no les gusta su cuerpo o les da vergüenza enseñarlo. Y aceptamos que puede haber insatisfacción corporal y malestar teniendo un cuerpo normativo.
- 2. Fomentamos la autoestima de los hijos Una autoestima diferenciada y que no dependa de la apariencia física. Ponemos énfasis en los valores, el carácter, la personalidad y las cualidades que puedan tener.
- 3. Evitamos comentarios despectivos sobre el propio cuerpo Que la delgadez no sea un valor familiar, y si es necesario que los adultos hagan dieta, que pongan el acento en la salud en lugar de en el aspecto físico.
- 4. Hacemos al menos una comida en familia Es útil para supervisar, es la ocasión para ver cómo estamos y a la vez permite ser un buen modelo a la mesa. Intentamos que todos coman lo mismo en casa.
- 5. Promovemos el espíritu crítico con las redes sociales Les explicamos que muchos de los cuerpos que ven no son reales, tienen filtros, y sobre todo que muestran una parte de la vida, que no todo es maravilloso.
- 6. Cuidamos la comunicación y potenciamos la autonomía Es importante que haya una buena comunicación, que sea abierta y se pueda hablar de todo sin miedo a sentirse juzgados. Los hijos más autónomos seguramente tendrán una mejor autoestima, y el denominador común de los TCA es una autoestima baja.