Educación

Rompiendo prejuicios: ¿Y si lo matriculamos en un centro de máxima complejidad?

Aumentan a una veintena los centros catalanes de máxima complejidad que abren plazas adicionales a alumnos 'ordinarios' para combatir la segregación escolar

Padres y niños aprovechando las instalaciones del patio de la escuela Prácticas 1 después de la jornada lectiva para socializar y hacer tribu.
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Barcelona / Lérida"Tengo una escuela muy cerca de casa, pero hay muchísimos alumnos vulnerables". "He descubierto un instituto con recursos, buenos maestros e instalaciones atractivas, pero acoge a demasiados inmigrantes e hijos de familias desestructuradas". "Me interesa el proyecto educativo de un centro, pero es de máxima complejidad…". Ahora que se acerca la preinscripción escolar, no es de extrañar oír frases como estas que hacen que nuestro sistema educativo todavía sufra una elevada segregación. El problema no está resuelto, aunque en 2019 se publicara el Pacto contra la Segregación Escolar, firmado por el Síndic de Greuges, la Generalitat y varios ayuntamientos.

Catalunya sigue teniendo un 17% de las escuelas e institutos con una alta concentración de alumnado vulnerable, una proporción que se ha mantenido estable desde hace una década. Los centros con elevada complejidad son aquellos que tienen mucha concentración de alumnado con necesidades educativas específicas tanto por razones socioeconómicas como también especiales (las conocidas NESE, basadas en las capacidades educativas). En concreto, los centros de máxima complejidad tienden a tener cuatro veces más alumnado extranjero y siete veces más alumnado con necesidades educativas específicas, según un informe reciente de la Síndica de Greuges.

A raíz del pacto que se firmó, la Generalitat aprobó un decreto en 2021 para programar la oferta educativa y regular el proceso de admisión. Una de sus propuestas estrella fue la oferta de plazas singulares, que consiste en que familias ordinarias puedan agruparse y hacer una reserva de plazas conjunta para escuelas de alta complejidad sin pasar por el filtro de la preinscripción. De esta forma, estas escuelas tienen un alumnado socioeconómicamente más diverso y las familias se aseguran una plaza con otros alumnos que conocen. Se trata de una medida que en los últimos cuatro cursos se ha incrementado exponencialmente. El primer año de vigencia sólo tres centros de Catalunya acogieron de forma oficial a un grupo singular. Ahora son 21 (la mayoría, de educación primaria).

La medida es clara. Aquellos centros con elevada complejidad pueden incorporar de forma adicional a alumnos ordinarios, aunque residan en una zona no adscrita. La solicitud se realizará por las familias de forma colectiva, circunstancia que reduce mucho sus posibles reticencias. "Si vas tú solo, te encontrarás en estas circunstancias, pero es muy diferente si vas con unos pocos que consideras a tus iguales", comenta Montserrat Duran, directora general de Centros Públicos del departamento de Educación. "La herramienta da un plus de tranquilidad a las familias que sufren por si su hijo acaba siendo la oveja blanca de la clase", manifestaba en el diario ARA hace más de dos años Pol Huguet, concejal del Ayuntamiento de Manresa, uno de los municipios donde se implementó la medida por primera vez.

La escuela El Turó, un centro pionero

Otro de los centros pioneros de esta oferta fue la escuela El Turó, incluida en una de las zonas de mayor complejidad educativa de Barcelona (configurada por los barrios del Turó de la Peira y Vilapicina), con un 80% de vulnerabilidad. La mayoría de familias ordinarias de esta área prefieren históricamente matricular a sus hijos en escuelas privadas o concertadas o enviarlos a zonas educativas vecinas con menor complejidad (como la de la Font de Fargues).

Pero hace cinco años se incorporó a la Escuela el Turó un equipo directivo nuevo, con una propuesta pedagógica que atrajo el interés de una decena de familias ordinarias. Se acabó formando el primer grupo singular del centro. La medida se ha ido repitiendo en los siguientes cursos hasta permitir reducir la vulnerabilidad de la escuela a la mitad en los primeros cursos ya rozar el 30% en los últimos. "Cada vez nos cuesta menos que haya familias interesadas en formar grupo", asegura Oriol de la Villa, uno de los padres de la escuela que promovió la primera iniciativa y que ha ayudado a dinamizar la oferta en los siguientes cursos. "Hemos hecho que la población que antes se iba fuera del barrio ahora se quede", asegura.

"El hecho de que nos haya bajado la vulnerabilidad nos ha permitido aumentar nuestras opciones educativas –explica la directora de El Turó, Núria Garcia–, ahora oímos más que nunca el catalán en la escuela y ha aumentado la participación de las familias en las actividades".

Es posible que El Turó abandone pronto la etiqueta de centro con complejidad y, por tanto, no solicite (de forma oficial) más grupos singulares. Y, entonces, ¿qué? Puede que la inercia continúe y deje de ser para siempre un centro segregado. O bien habrá que reforzarlo con otras políticas públicas, como las de vivienda, para consolidar la situación y evitar que se vuelva a revertir. "No debemos perder de vista que la segregación no es solo un problema de escuela, sino social –apunta Núria Garcia–. Hace años la aluminosis hizo marchar a muchas familias del barrio y se acabó quedando gente inmigrante que ha seguido viniendo a la escuela". "O mejoramos todo el sistema, o la escuela está condenada a tener una segregación permanente", advierte Oriol de la Villa.

"Entendemos que esta [la oferta singular] es una herramienta de cirugía fina", dice Montserrat Duran, quien reconoce que los 21 grupos formados en toda Catalunya es una cifra todavía pequeña en relación con la situación actual de segregación.

"Tocamos con dificultades como que la oferta singular sea suficientemente conocida, pero que al mismo tiempo no perjudique la capacidad del centro ni a las familias adscritas", añade Rubén Castillo, responsable de Planificación del Consorcio de Educación de Barcelona. "Al final, lo que pretendemos es que los centros educativos acaben reflejando la misma realidad social del lugar donde están, sin pretender que tengan menos vulnerabilidad que el propio barrio", concluye Castillo.

"Hacer tribu"

Aunque no está registrado de forma oficial, el curso 2023-24 se creó por primera vez un grupo singular en la demarcación de Ponent. Dafne Madrid, la madre de Guille, un niño que ahora cursa I5, fue una de las impulsoras en la escuela Pràctiques I de la ciudad de Lleida, un centro pequeño con una metodología y unos materiales educativos que le gustaron mucho. "Éramos un grupo de familias que queríamos entrar unidas y descubrimos esta herramienta para hacerlo posible", recuerda Madrid. En definitiva, la madre de Guille, como el resto, quería, además de una escuela pública de calidad, "un centro que reflejara la realidad social de Lleida".

En los años siguientes, el núcleo duro de este grupo continuó promoviendo, entre guarderías cercanas, la formación de más grupos singulares. "No queríamos que el proyecto se quedara en un solo curso", manifiesta Madrid. Por eso cada año organizan sesiones informativas, campañas de divulgación y puertas abiertas, además de mantener viva a la comunidad educativa con actividades extraescolares e, incluso, encuentros informales en el patio de la escuela. De hecho, Pràctiques I permite a todas las familias de alumnos utilizar los espacios comunes para encontrarse cada tarde para merendar. "Es una crianza compartida –reivindica Madrid– hacemos tribu".

El director de Pràctiques I, Emili Llauradó, reivindica las ventajas de esta oferta, no sólo para los alumnos. "Los recursos que nos puedan facilitar son bienvenidos, pero los grupos singulares son ya una ventaja para el centro, para la AFA, para las actividades de las familias y para el propio equipo docente", asegura el director.

Una herramienta compleja

Crear un grupo singular no es tarea fácil. Lo demuestra el bajo número que de momento existe en toda Catalunya y algunos intentos frustrados. La posibilidad de que un grupo singular incremente el ratio de alumnos por encima del máximo es uno de los peligros. Si un grupo termina siendo autorizado, se añade a todas las matriculaciones adscritas al centro. Si son muchas, hará que el número de alumnos cree problemas de capacidad en el centro (si es pequeño, claro).

Esto ocurrió en una escuela del barrio del Carmel de Barcelona, que hace unos años tuvo que rechazar un grupo singular por falta de espacio. También puede acabar pasando en el instituto de secundaria Guindàvols de Lleida. En estos momentos, un grupo de nueve familias quiere presentar formalmente una solicitud de grupo singular, aunque ya han recibido la respuesta (de momento, verbal) de Educación que no será posible autorizarlo. "Tenemos este centro de alta complejidad a muy pocos metros de casa, nos gusta su proyecto y tiene recursos atractivos, pero nos dicen que el próximo curso quieren reducir una línea y no será posible acogernos", lamenta un padre. Sin embargo, tienen previsto presentar igualmente la solicitud y fiscalizar la respuesta que reciban. "No lo entendemos", insiste el propio padre.

Las dificultades corroboran pues que esta oferta es todavía poco conocida, que hay que adaptarla a muchas casuísticas y que tiene un impacto muy preciso y delimitado. En definitiva, es una cirugía fina educativa a largo plazo.

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