Literatura

El arte de escribir, entre el don y el aprendizaje

El Aula de Escritura Vicenç Pagès Jordà de Girona se ha consolidado como referente para forjar escritores

Alumnos, exalumnos y profesores del Aula de Escritura Vicenç Pagès Jordà del Ayuntamiento de Girona, en el Centro Cultural La Mercè
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GironaEl impulso definitivo para lanzarse a escribir, una terapia de autoconfianza, el estímulo para explicar aquella historia que está guardada en un rincón del alma o una actividad creativa para una jubilación activa. El alumnado del Aula de Escritura Vicenç Pagès Jordà del Ayuntamiento de Girona es tan diverso y heterogéneo como las motivaciones que los han llevado a querer escribir. Pero todos, a pesar de los orígenes, las edades o las capacidades diferentes, están tocados por la misma pasión de escribir. ¡Y de leer! Ya que el fundador de la escuela, el malogrado escritor figuerense Vicenç Pagès, no concebía una actividad sin la otra.

El síndrome del impostor

¿Soy o podré ser un buen escritor o una buena escritora? ¿Escribo realmente bien o quizás me estoy sobrevalorando? ¿Soy un fraude en la profesión de escribir? Son cuestiones que buena parte de los alumnos del Aula de Escritura se plantean y que, según reconocen, les dificulta poder avanzar en el aprendizaje y, sobre todo, en la redacción de una obra en la que están trabajando y que querrían acabar publicando.

Es el caso de la periodista Carme Martínez. Su profesión la obliga a escribir con una frecuencia diaria, en su caso, crónicas periodísticas para la radio, pero ella asegura que “no tiene nada que ver un texto periodístico con un texto literario”. De sus textos periodísticos queda siempre satisfecha, de los literarios tiene dudas. “Escribir ficción me da mucho respeto, me genera el síndrome del impostor, que no me ha desaparecido después de haber hecho el curso, a pesar de que he aprendido mucho”, explica Carme, que se apuntó al Aula de Escritura de La Mercè en el año 2022 porque “tenía una historia en la cabeza para escribir, una novela basada en hechos reales, y no sabía ni por dónde empezar”. Ahora, de aquella historia ya tiene 31 páginas escritas, pero la falta de tiempo para dedicarle la obliga a dejar aparcada la escritura durante un tiempo y teme que cuando la retome se dedique solo a reescribir y no avance en el relato.

En el caso de Ian Moreno, el síndrome del impostor no lo padeció en sus inicios en el mundo de la escritura. “He escrito toda la vida, desde pequeño, y al empezar a escribir tan joven me pasó lo contrario del síndrome del impostor: con la escritura construí mi ego adolescente y ha sido a medida que he ido adquiriendo conocimientos que he ido deconstruyendo aquel orgullo”, dice Ian, que ha estudiado filosofía y producción musical y que se apuntó al Aula de Escritura de La Mercè el pasado octubre. “Ahora tengo más espíritu crítico”, admite. El aprendizaje en el aula le sirve para quitarse de encima el síndrome del impostor: “El hecho de poner en común nuestros escritos es muy útil porque te das cuenta de que hay otra gente a la que le gustan tus textos, te sirve para ver cuándo y cómo llega tu mensaje, para descubrir que los demás ven el punto brillante o la magia de tu texto en un párrafo diferente del que tú te imaginabas”, dice Ian.

“Quiero ser escritora”

Aunque no son la mayoría, algunos alumnos sí que tienen muy claro que su profesión es y será la de escritor, sin sentirse impostores. Es el caso de Júlia Domènech, la alumna más joven que ha pasado por el Aula de Escritura de La Mercè, donde comenzó el primer itinerario de prosa cuando le faltaba poco para cumplir los dieciocho años. “Me daba miedo decírtelo, pero yo quiero ser escritora”, reconoce Júlia durante la entrevista, después de que otros alumnos hayan hablado de inseguridades e imposturas. “Nací para hacer esto, tengo necesidad de explicar las cosas, de plasmarlas en un papel. Tengo auténtica pasión por la escritura”, sentencia.

Estudia filología catalana y filología castellana a la vez y también asignaturas de filología inglesa como alumna de Erasmus en una universidad británica, donde ya le han publicado un relato en inglés en la revista universitaria. Ha escrito siempre, desde muy pequeña, cuando ganaba premios en los Jocs Florals y en otros concursos literarios para jóvenes. Salir ahora al extranjero para cursar el Erasmus le ha activado aún más su vena creativa: “Siempre había estado en Girona y me faltaba vivir para escribir. No tenía suficiente material. ¡Tenía que ver mundo! No he escrito nunca tanto como ahora”, reconoce.

Los exalumnos del Aula de Escritura Ferriol Casademunt, Tina Casademont, Montse Pallarès, Narcís Juanola, Carme Martínez y Maria Dolors Niell.

Y cuando se acaba el curso, el pánico

En el módulo 4 los alumnos trabajan un proyecto de obra literaria con el tutor o tutora que tienen asignado. Todos los alumnos agradecen este acompañamiento, tanto, que cuando finaliza a menudo se sienten huérfanos y les invade un sentimiento de pánico. “Algunos de los alumnos que el año pasado terminamos el módulo 4 pedimos continuar con el tutor, pero nos dijeron que ahora ya teníamos las herramientas para continuar trabajando nuestro proyecto. Quizás tenían razón, pero a mí me quedaba el pánico, la sensación de que sola no saldría, el respeto por tener que decidir yo misma si lo que hago es bueno o no”, explica Carme Martínez.

Joan-Enric Barceló, que es miembro de Els Amics de les Arts, sí que tuvo la suerte de contar con el acompañamiento del tutor una vez acabado el módulo 4. Barceló se apuntó al Aula de Escritura de La Mercè en el año 2016 “esencialmente para conocer Vicenç Pagès Jordà”, a quien considera uno de los mejores escritores de la literatura catalana. Al final del itinerario de prosa, Pagès le acompañó en la redacción del libro de relatos que Barceló acabó publicando, Morir sabent poques coses. “Al finalizar las cuatro sesiones del módulo 4, yo había escrito los relatos con una mezcla de miedo a decepcionar a quien yo tanto admiraba, me sentía un poco perdido, no estaba del todo contento con el resultado, y le dije a Vicenç Pagès que lo sentía, pero me parecía que había perdido el tiempo porque aquello que había escrito no me gustaba –admite Barceló–. Y fue muy bonito porque me ofreció continuar ayudándome y quedamos de vernos periódicamente en Torroella de Montgrí, donde vivía. Fue como una relación de profesor-alumno que acabó con una gran amistad”, recuerda.

El vía crucis para publicar

Para Joan-Enric Barceló, publicar la obra que había surgido del Aula de Escritura de La Mercè no fue difícil. Lo probó con Periscopi, que es la editorial donde él quería publicar, y el editor le abrió de inmediato la puerta advirtiéndole que lo trataría “como cualquier autor”, no como un autor mediático. “Yo ya sabía que luchaba contra algo que tanto podía ser bueno como malo: que mucha gente me leería por ser cantante de Els Amics de les Arts y que otra gente se negaría a leerme justamente por eso”, admite Barceló.

Pero la mayoría de los alumnos del Aula de Escritura no tienen la misma suerte. Si bien ya había publicado una primera novela en el año 1999, con la que quedó finalista al Premio Ciudad de Alzira, Narcís Juanola no lo ha tenido nada fácil para publicar un recopilatorio de cuentos que ha escrito recientemente, a raíz de su inscripción en el Aula de Escritura de La Mercè, en 2023. “Lo he enviado a un montón de editoriales y la mayoría ni responden, mientras que las que sí lo hacen argumentan que ahora los cuentos no se llevan o excusas similares”, explica. Su perseverancia, sin embargo, ha dado fruto y finalmente una editorial de Tarragona accedió a publicarle el libro.

El trabajador de La Mercè con libro premiadoNina Busquet, que el diciembre pasado publicó la novela juvenil La cuinera de notícies, explica que se apuntó al aula hace tres años porque le gustaba escribir, pero no tenía “ningún tipo de formación para saber cómo dar estructura a un libro”. Tenía ya escrito un borrador, que era inicialmente un libro de cuentos, y que reescribió con la ayuda de su tutor, Lluís Muntada, de quien aprendió sobre todo a recortar y a darse cuenta de que hay elipsis necesarias para que la trama avance. Terminó publicando el libro en la editorial valenciana AILA Edicions después de haberlo presentado a otras editoriales sin recibir respuesta. 

Los alumnos y exalumnos del Aula de Escritura Nina Busquet, Ian Moreno, Joan-Enric Barceló, Pep Juanola y Júlia Domènech.

El Aula, un segundo hogar

Para los alumnos, el Aula de Escritura es mucho más que un espacio donde se aprende a escribir, y para muchos ha devenido su “segunda casa”. Es el lugar donde comparten su pasión por escribir, donde aprenden de los profesores pero también de los aciertos y errores del resto de alumnos, donde se establecen complicidades y se crean amistades. Montse Pallarès se confiesa “adicta total” al Aula de La Mercè. Se apuntó en 2018 al circuito de prosa, que volvió a hacer cuando terminó, y posteriormente se apuntó al de poesía, donde, según asegura, descubrió que en este género es donde mejor ha encontrado su voz como escritora. Actualmente tiene ya un libro de poesía con una editorial interesada en publicarle.

El aula es también una segunda casa para una de las alumnas de más edad que han pasado por los cursos de La Mercè, Maria Dolors Niell, de 83 años. Conocida por todos en el aula como “la señora de Calella”, Maria Dolors cultiva aquí su avidez cultural, que no pudo alimentar hasta que se jubiló. “Siempre me ha gustado escribir, ya de pequeña escribía poemas, pero no pude estudiar porque a los catorce años se murió mi madre y tuve que quedarme en casa a cuidar de mis hermanos y mi padre”, lamenta. A La Mercè se apuntó porque tenía una historia entre manos para escribir y ahora ya se ve con ánimo de acabarla... “Me encanta el ambiente del aula, me da una sensación de bienestar y he hecho buenas amistades”, asegura.

Para la periodista Tina Casademont, exredactora del diario El Punt Avui, el Aula de Escritura le permite alimentar el gusanillo de escribir que le quedó al dejar el trabajo en el diario y compensar “el aburrimiento” del actual trabajo en la administración. Del Aula destaca la generosidad de los profesores y el calor que se crea entre los alumnos. “Es bonito aprender unos de otros, por ejemplo identificando en los demás errores propios. En el aula se crea un calor especial, tanto que algunos exalumnos continuamos encontrándonos al menos una vez al mes”, indica.

El trabajador de La Mercè con libro premiado

Pep Juanola, de sesenta años, trabajador del Centre Cultural La Mercè desde hace años, decidió en 2022 dar un paso que, según asegura, le ha cambiado la vida: se apuntó como alumno al Aula de Escritura, en el itinerario de poesía. Le fue tan bien que el próximo 7 de mayo presenta en La Mercè su primer poemario, Sequeres, trabajado en el Aula con el acompañamiento del tutor Roger Costa-Pau, que le ha hecho el prólogo. La obra resultó galardonada con el Premi Arimany de Roda de Ter y le ha publicado una editorial valenciana. “Si esto me lo hubieran dicho antes de apuntarme al aula no me lo habría creído”, confiesa Pep, que ya está trabajando en un nuevo libro de poesía.

La casa grande de la escritura creativa 

Consciente de la falta de formación en escritura creativa, con mucha tradición en el mundo anglosajón, el escritor Vicenç Pagès Jordà comenzó a impartir en Girona en el año 2000 unos cursos los sábados por la mañana. Fueron la semilla de la futura escuela. Glòria Granell, directora del Aula de Escritura Vicenç Pagès Jordà del Ayuntamiento de Girona, explica que diseñaron el proyecto con el mismo Pagès y Mita Casacuberta, profesora de la UdG, universidad con la cual se hizo un convenio los primeros años. “El aula también cubría las evidentes carencias de redacción de los estudiantes, que obtenían créditos”, explica Granell. El Aula de Escritura nació el curso 2013-2014, con Carles Puigdemont en la alcaldía. Ofrecía un tronco formativo de cuatro módulos cuatrimestrales, un itinerario de dos años, y quince alumnos por clase. El primer módulo era genérico, el segundo y el tercero ya permitían elegir prosa o poesía, y el cuarto era una tutoría personalizada durante cuatro meses para desarrollar, por ejemplo, una novela o un poemario. Las sesenta plazas disponibles del primer curso se llenaron y mucha gente quedó en lista de espera. “No lo esperábamos”, reconoce Granell.

Los fundamentos no han cambiado, explica Mar Bosch, la actual jefa de estudios del Aula. “Solo lo hemos afinado”, aclara. Ahora, pasan por las aulas de escritura del Centre Cultural de La Mercè, en el casco antiguo de Girona, unos 270 alumnos al año. Han creado el Memorial Vicenç Pagès para recordar al fundador y alma del Aula, con conferencias que se editan en libro, y también organizan formaciones en los institutos y escuelas, impartidas por los profesores del Aula Marta Masó y Ramon Bartrina, que durante el 2025, han llegado a 581 alumnos.

A diferencia de los clubs de lectura, donde se imponen claramente las mujeres, el alumnado está equilibrado por sexos. “Abogados, médicos, estudiantes, jubilados, profesores de instituto, todos unidos por las ganas de escribir, lo que hace que se cree una sinergia muy potente”, destaca Granell. Jordi Dausà, uno de los profesores del Aula, cree que la diversidad acaba siendo interesante: “Gente bastante experimentada se mezcla con otros que comienzan, pero el compromiso es que todos mejorarán su nivel. Ya sabes a quién puedes apretar, porque ves que es bueno”. Mar Bosch añade: “Es como en las escuelas rurales, donde unos aprenden de las dificultades de los otros”. Siguiendo el espíritu de Vicenç Pagès, se busca un perfil de buenos profesores-escritores, humildes y entregados, que hagan brillar a los alumnos. Mar Bosch alude a “una sensibilidad y capacidad de tratar con los alumnos, a un encaje emocional, ya que mucha gente usa la escritura como terapia”. Entre los docentes hay Francesc Miralles, Adrià Pujol, Lluís Muntada, Melcior Comas, Anna Ballbona, Roger Costa-Pau, Rosa Font o Mercè Cuartiella, entre otros.

Dausà es muy consciente de que, bien o mal que escriba cada uno, deja huellas muy personales: “Recuerdo una clase donde una chica volcó emociones y cosas muy jodidas en un texto y, al recibir una crítica demasiado punzante, cayó redonda”. Los profesores dejan que los alumnos comenten los textos de los demás, pero admiten que siempre lo hacen con un respeto muy grande y raramente les hace falta ejercer el papel de moderadores. Cristina García Molina, también profesora del Aula, explica que le sirve mucho la experiencia de los clubs de lectura, donde a veces los lectores dicen al autor que no les ha gustado nada su libro. “Nunca he vivido un comentario desagradable hacia nadie”, destaca. 

Los miembros del equipo docente del Aula de Escritura Mar Bosch, Jordi Dausà, Cristina Garcia Molina y Glòria Granell.

García, que fue a una escuela de escritura, asegura que “estos lugares a menudo te dan el punto de valentía que necesitas”. Y añade: “Si alguien no me hubiera dicho «endavant!», quizás no habría publicado”. Ahora bien, también admite que si tu experiencia empieza en una escuela de escritura, con una red y un apoyo, “cuando todo esto se acaba, es un momento duro”. Precisamente, para mantener el vínculo se ha creado el Club de Escritura para exalumnos, que se encuentran una vez al mes. También se programan cápsulas formativas específicas abiertas a todos, donde se tratan temas como la ambientación, la descripción de personajes o los finales.

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