¿Por qué vamos al cine?
'Resurrection', de Bi Gan, es una película excesiva, alucinada y ambiciosa como pocas obras recientes
- Dirección y guion: Bi Gan 160 minutosChina (2025)Con Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao y Li Gengxi
Comienza la torrentera de imágenes de Resurrection y su caudal de ideas lo arrasa todo. Excesiva, alucinada y ambiciosa como pocas obras recientes, el nuevo film del director chino Bi Gan sacude muchas ideas preconcebidas sobre cómo debería ser el cine actual. Para él, las películas deben ser narrativamente atrevidas, visualmente exuberantes y temáticamente profundas. En este caso concreto, estamos hablando de un relato fantástico que repasa más de un siglo de la historia de China a partir de cómo cada período ha sido representado en el cine... o a partir de cómo los que vivieron aquellos episodios habrían querido que realmente fueran. La realidad y el deseo compartiendo plano.
El relato desbordante de Resurrection tiene un punto de partida que parece obra de Alejandro Jodorowsky: los humanos han descubierto que pueden vivir indefinidamente si no sueñan, si pasan días y empujan años aceptando la realidad que les ha tocado. Pero en cada época hay un pequeño grupúsculo de soñadores, de idealistas, que imaginan un mundo diferente. Bi Gan, obviamente, apoya a esta célula de resistencia que defiende la imaginación, el escapismo y, por supuesto, el cine, como parte indispensable de la vida. Por eso su film es tan onírico como uno de David Lynch y tiene tanta inventiva como uno de Orson Welles.
Entre vampiros, gánsteres, espías, fantasmas y romances, Resurrection lanza otra advertencia sobre el cine actual: no debe ser perfecto. Dentro de su barroquismo, no todos los relatos que hay dentro de la película funcionan igual de bien; algunas imágenes chirrían, hay partes demasiado crípticas y a veces el director se deja llevar por un virtuosismo un pelín exhibicionista. ¿Y sabéis qué? Que tanto da. En estos 160 minutos late un atributo creativo que es la razón por la que a menudo pagamos una entrada: la libertad.