"Para protegernos del cura nos envolvíamos muy fuerte con las sábanas"
Leonor y Diego Paqué recorren 20.000 kilómetros para recoger el testimonio de víctimas de pederastia en la iglesia católica, en un documental en Filmin
BarcelonaLa escritora y periodista Leonor Paqué (Vizcaya, 1963) convirtió a su Renault Clio en un refugio itinerante para ella, su hermano Diego y la perrita Tinta, y recorrió 20.000 kilómetros por España. "Quería conocer a otras víctimas de pederastia. Tenía el deseo de saber quiénes eran, cómo eran como adultos y qué vidas tenían", explica Paqué, que fue víctima de los abusos de un cura a principios de los setenta, cuando solo tenía ocho años, en el Sanatorio Infantil de Santa Marina, en Bilbao, donde estaba ingresada a causa. Sin prácticamente recursos, ella y su hermano, el cantautor flamenco Diego Paqué, grabaron las entrevistas y han hecho un documental que puede verse en Filmin, Hermana Leonor. 20.000 km de confesión.
Paqué siempre ha sabido qué le había pasado en ese sanatorio, porque la mente no lo eliminó de sus recuerdos. Sin embargo, hasta hace poco, no pudo poner nombre a su agresor: el cura Martín Valle García. "Abusó de mí en la cama, en el confesionario, en diferentes lugares. Me hizo cosas terribles, y lo tenía allí, pero estaba muy al fondo, cerrado, como tantas otras cosas. Primero lo escribí en forma de novela, En sus tibias manos (2015) y me di cuenta de todas las secuelas. Me iba bien hablar de ello con otras personas, porque reconocía muchas cosas y han sabido poner palabras que yo no encontraba", explica Leonor Paqué, que antes de hacer el documental, junto a su hermano, acudieron a diferentes poblaciones españolas para dar conferencias y explicar los hechos. El País, porque el diario recogía testimonios de víctimas de abusos en el ámbito religioso para crear una base de datos ante la pasividad de las instituciones religiosas y el gobierno, y relató su caso. Mientras hablamos a través de la pantalla –porque vive en Madrid–, recuerda cómo ella y sus compañeras, todas muy pequeñas, intentaban escapar al sanatorio: "Hablamos entre nosotros y decidimos que debíamos protegernos para cuando viniera el cura. Nos envolvimos muy fuerte con la ropa de la cama, como si fuera. preguntó qué hacíamos. Cuando le dijimos que era porque venía el cura, salió escopeteada, pero no pasó nada. Allí las monjas eran muy crueles", explica.
Volver al lugar de los hechos
Paqué nunca quiso volver a ese lugar que ni siquiera podía ubicar en el mapa hasta que, más de medio siglo después, fue a grabar. "Aún ahora no sé cómo lo grabamos, porque Diego tenía que ir dejando la cámara para consolarme. El lugar está abandonado, lleno de desechos, pero yo veía la cama con los barrotes de color verde. He viajado muchas veces a ese lugar mentalmente, y he vuelto a ser una niña desvalida. Son muchas las víctimas nosotros. criatura desvalida y decirle todo lo que nadie le dijo en su momento", explica Paqué.
El cura que abusó de la pequeña Leonor lo había hecho antes. "Los niños nunca olvidan", dice Paqué. La escritora y periodista volvió a ver al cura cuando salió del sanatorio. Lo explica Diego Paqué: "Mi hermana y mi madre habían oído que había un cura en Bilbao que ayudaba a las familias en situaciones desvalidas. Mi padre se puso enfermo y acudieron. Cuando Martín Valle reconoció a Leonor, se negó a ayudar a mi madre y le dijo que pidiera un préstamo". Leonor, en ese momento, repetía a su madre: "Es él, es él". Pero no le contó los hechos hasta que tuvo 47 años. "Tengo tres hermanos menores e intenté protegerlos. En ese momento aquella era mi prioridad", dice.
No ha sido fácil hacer un documental ambos solos viajando con un Clio. "Diego es músico y aprendió a editar. Dedicamos tres años a hacer el documental y las víctimas nos abrieron las puertas. Tenían muchas ganas de hablar y de ser escuchadas y nosotros lo hicimos con respeto. Sabían que no dudaríamos de su testimonio y que no las juzgaríamos. Las mirábamos a los ojos, las dejábamos, las dejábamos, las dejábamos, las dejábamos, que denunció el caso en los juzgados y también en la Conferencia Episcopal. "Fui a la comisaría y me atendió una Ertzaintza. El crimen había prescrito, pero querían documentarlo, no estaban preparados para este tipo de casos. Me preguntó estatura, edad del agresor... Tenía ocho años, no puedo recordar todo esto. Ni siquiera había atención psicológica. ellos a los archivos, pero nunca he podido acceder –lamenta Paqué–. Como mucho, puedes conseguir que aparten los curas e, igualmente, cuando lo consigues los envían a un lugar al que cuidan de ellos, un techo, comida caliente... ¿Cuántas víctimas de pederastia tienen esto?
Cuando los dos hermanos han hecho pases del documental, "la reacción ha sido de un silencio absoluto". "Pero después muchas personas han contactado con nosotros", explica Diego Paqué. Ambos han dado charlas y, casi siempre, cuando han terminado, se ha acercado parte del público. "Siempre hay alguien que nos cuenta que también sufrieron abusos", añade Diego Paqué.
El país con más casos del mundo
Durante la dictadura, la Iglesia católica española tuvo mucho poder, y todavía la tiene. Siempre ha habido un telón de silencio sobre los abusos que sufrieron miles de niños. En octubre de 2023, el defensor del pueblo publicó un informe de más de 700 páginas sobre los abusos sufridos en el ámbito religioso. Entre los datos que salieron –entrevistaron a más de 8.000 personas–, destaca el número de víctimas: un 1,13% de la población adulta (unas 440.000 personas) sufrió abusos en el ámbito religioso. Una cifra que convierte a España en el país con más casos del mundo. Podrían ser muchos más, porque muchas víctimas nunca lo han verbalizado y porque, como se explica en el informe, ha habido poca colaboración a la hora de investigar. Muchas diócesis se negaron a dar información y no se pudo acceder a los archivos.
"La respuesta de la Iglesia católica, al menos oficialmente, ha sido durante mucho tiempo la negación o la minimización del problema", señala el informe. La misma respuesta de la Conferencia Episcopal Española (CEE) a la petición de información de la comisión de investigación no fue demasiada colaborativa, sino más bien "cautelosa y reacia", señala el documento. "Por encima de una declarada voluntad de colaboración, los datos han sido presentados de una manera que tiende a minimizar el fenómeno ya relegarlo a un aspecto marginal dentro de la institución, enfatizando la dimensión social del problema y rehuyendo de abordar los factores internos que pueden favorecer las dinámicas de abuso. Todo ello sin olvidar que, en muchos casos, la Iglesia encubrió los hechos o envió a los curas a otros destinos donde podían seguir abusando de niños. O, incluso, presionó a las víctimas o las culpabilizó de los hechos.