Lo que cuentan 3.000 juicios sobre lengua, poder y sexo
En los documentos judiciales aparece el catalán que se hablaba en la calle y se constata cómo fue desapareciendo en el siglo XIX
BarcelonaA Joana Pares, de origen francés, la echaron de Terrassa porque la condenaron por bruja. En el juicio, que tuvo lugar en 1602, declaró un inventario de sus bienes. Era "pobre de solemnidad". Tan sólo tenía una caja usada con varios trozos de paños de lino y de lana, una gonella de pimiento (una indumentaria de color verde oscuro), un cuerpo usado y varios potitos con potingas y salsas. En 1562, a Guillem Parllebí, le condenaron a galeras (hay un dibujo bastante explícito), por sodomía perpetuada con una vaca. El acusado, según se lee en la sentencia, tenía las bragas bañadas. Él se defendió diciendo que abrazaba la vaca para esplugarla. En 1618, hubo un juicio contra Guillem Pujol, de origen francés, Joana Casteta, viuda y desterrada, y Joana Teixidora. A las dos mujeres se las acusó de haberse conjurado y haber pagado a Pujol para que matara al marido de Teixidora. Como en la mayoría de los juicios, las mujeres salen maltrechas. A Casteta, le acusaron de ser viuda y mujer de mala vida y fama, y de vivir deshonestamente. Lo cierto es que el marido de Teixidora la maltrataba.
En 1833, Maria Farell acusó a Pau Clemente de injurias: "Se jode de ella todo lo que se quiere y la han aburrido los solteros de Sentmenat", se lee en los documentos. En el mismo año, Rita Girbau denunció a Miquel Roca porque había entrado en su casa enfadadísimo y armado con un garrote. Le acusaba de brujería y de ser la responsable de que la enfermedad entrara en su casa. La amenazó con trincharla y, con su carne, hacer butifarras. En el intercambio de insultos de 1824 entre unos carpinteros en Terrassa, todos con el apellido Sagret, se utilizaron expresiones como pollo, pícaro y ladrón, y abandonada puta del demonio.
Son transcripciones literales de los casi 3.000 juicios que se conservan en el Archivo Comarcal del Vallès Occidental, y que abarcan más de trescientos años de historia, desde el siglo XVI al XIX. Leerlos es como parar la oreja en una calle de vecinos humildes y escuchar cómo hablaban, porque los escribientes transcribían literalmente todas las respuestas sin corrección alguna. Hay nombres desaparecidos, como el de Montserrata, porque hasta el siglo XIX era habitual que el nombre de Montserrat lo utilizaran los hombres. Es una inmersión en la vida cotidiana, pero también en la sociedad, porque afloran todos los perjuicios de la época, desde los relacionados con el sexo hasta los relacionados con los extranjeros, sobre todo los franceses. Eran los inmigrantes de la época. Habían abandonado los Pirineos y el Mediodía francés, porque estaban superpoblados o por motivos religiosos. Los procesos judiciales dan muchas pistas sobre los acontecimientos políticos y constatan que el catalán fue languideciendo hasta desaparecer prácticamente por completo de los documentos judiciales.
"Es la única manera de saber cómo hablaban en la calle las personas más humildes", destaca el archivero Alan Capellades. La mayoría de los productores de fondo documental son hombres blancos, católicos y burgueses. Existe un vacío informativo muy grande sobre la sociedad. "Por este motivo, si queremos saber cómo se hablaba el catalán en la calle en los siglos XVI o XVII, hay que ir a los procesos judiciales y ver la transcripción que realizaban los escribientes de los interrogatorios", añade Capellades.
La desaparición del catalán en los juicios
En los procesos de los siglos XVI y XVII el catalán está muy presente y también el latín, que era la lengua utilizada para formular algunas preguntas y escribir las sentencias. En esos siglos, los alcaldes eran también jueces civiles y criminales. Administraban la justicia, en aquellos casos menos importantes, pero a partir del siglo XVIII fueron perdiendo competencias. Tras la derrota de los austracistas en 1714, con el Decreto de Nueva Planta impuesto por Felipe V, la justicia pasó a manos de la Real Audiencia y de los corregidores, dentro de un sistema centralizado borbónico. La desaparición del catalán en los procesos judiciales fue mucho más radical a partir de 1820, con el Trienio Liberal, cuando la justicia se separó del poder político local, y nacieron los jueces profesionales y modernos que dependían del Estado. "Hubo un intento con la II República para que el catalán se utilizara más en la judicatura y en los documentos judiciales, pero no tuvo éxito", asegura el director del Archivo Comarcal del Vallés Occidental, Xavier Gayán. A partir de ese momento, se impuso el castellano en los papeles.
"Los casos que aparecen en estos documentos se salen de la norma de la vida habitual. Pero, de rebote, ves cómo es la vida cotidiana, y también cuáles son las pulsiones emocionales de las personas. Desde un punto de vista sociológico, se exuda la mentalidad de la época. Hay muchos crímenes que tienen la crímenes que tienen en la época. concubinaje, el bestialismo o la sodomía. La sociedad debe perseguirles porque, si no, se convierte en un pecado moral que afecta a todo el mundo, porque tolerar o permitirlo es también un pecado.
La triste historia de Margarita Tafanera
Soler estudió a fondo los juicios y la persecución de mujeres acusadas de brujería en Terrassa. "Es una historia de miedo, de miedo colectivo contra un grupo de mujeres que a principios del siglo XVII, por sus actitudes, por sus costumbres y por ser, simplemente, de fuera, fueron acusadas de brujería, lo que conllevó a que fueran las tristes protagonistas de un episodio bien sórdido en la villa de Terrassa", detalla en la publica. Una de las mujeres acusadas, a las que colgaron en la horca en 1619, fue Margarita Tafanera, que vivía precisamente en la calle Calabruixa. Esta vecina de Terrassa había tenido discusiones y peleas con algunos vecinos, y le habían amonestado por pasearse por los tejados. Se fue quedando sola, y después de mucha presión y torturas, acabó confesando que se encontraba con el demonio, que tenía forma de hombre, llevaba una gorra roja y hacía sonar una flauta con un sonido ronquido que recordaba las sardanas.
La pobre Tafanera escapó medio moribunda del hospital, donde le habían atendido porque había terminado muy mal después de todos los tormentos. Creía que no habría nadie y que podría refugiarse en su casa, pero le esperaba una multitud de más de doscientas personas de Terrassa, que en ese momento tenía unos 1.500 habitantes. La apedrearon y le dieron un harto de palos.
Tafanera fue una de las pocas mujeres que sufrió torturas. "De los cerca de 3.000 procesos, tan sólo hay poco más de 40 con torturas, porque se tenían que pagar dos personas: el verdugo y el médico. Lo pagaba el alcalde y eran demasiados gastos", destaca Soler. Las violaciones también aparecen en los procesos judiciales de la Alcaldía Real de Terrassa. "Se trata de una expresión más de la violencia de género, pero en la mentalidad de la época constituía una de las ofensas más graves que se podían infligir a una mujer. La violación comportaba, implícitamente, el rechazo de los hombres de su entorno y de la sociedad en su conjunto", explica Capellades. Gertrudis Rovira fue repudiada por su prometido después de ser violada por dos hombres. Las consecuencias de la infamia la abocaron a la locura. Este estigma explica la reticencia de muchas víctimas a denunciar los hechos", añade el archivero. Por eso, la mayoría de las causas hacen referencias a intentos, porque no implicaban deshonra.