Arte
Cultura 05/11/2021

La felicidad de Paula Bonet

La pintora y escritora de Villarreal reabre el taller La Madriguera en Barcelona con cerca de 400 personas apoyándole

4 min
Paula bonet dedicando su último libro 'la anguila'

BarcelonaSi la felicidad fuera una imagen sería la cara de Paula Bonet levantando la persiana de su local, La Madriguera, en el corazón del Eixample barcelonés. Una imagen que ella misma podría plasmar sobre un lienzo o convertir en una ilustración para compartir con la muchedumbre de seguidores y sobre todo seguidoras que este viernes la han acompañado en la reapertura de su taller. Una imagen que sería la de una mujer joven con unos ojos enormes y claros detrás dos puertas blancas, con grandes ventanales, a punto de volver a abrirse y dejar atrás el sufrimiento de los últimos meses. Unos ojos brillantes por lo que significa el momento. La Madriguera ya no es una madriguera donde refugiarse, sino lo que tendría que haber sido siempre, un espacio de creación, sonrisas y reencuentro. Un espacio de felicidad donde el arte de esta pintora y escritora de Villarreal ha vuelto a lucir con toda su fuerza después de un año en el que su vida se ha visto condicionada por el acoso de un hombre.

"Es precioso", resumía ella después de 30 minutos ininterrumpidos de firmas de libros, de estampar camisetas y bolsas de mano, de repartir ilustraciones y marcapáginas. La cola para poder compartir un rato con Bonet en su local del pasaje Valeri Serra llegaba hasta la calle Casanova. En la cola ha llegado a haber más de 220 personas esperando pacientemente, y cerca de 400 personas han acudido al encuentro. Hasta el punto que algunas se han quedado sin la posibilidad de poder entrar de nuevo en la madriguera de la artista. "Antes de abrir oíamos un rumor, pero cuando hemos levantado la persiana habéis callado, se ha hecho el silencio", relataba ella a una de sus seguidoras.

Trabajo honesto y valiente

Laura y Clàudia han sido las primeras en entrar en el taller. Lo hacían pocos minutos después de las 11 h, después de dos horas de espera. "El silencio no te protegerá", se ha estampado Laura en una camiseta, una frase de Audre Lorde que las ocho miembros del equipo que han acompañado a Bonet durante la mañana no han parado de reproducir en toda clase de prendas de ropa. Marguerite Duras, Marlene Dumas y Louise Bourgeois son las autoras de las otras frases célebres que la gente ha querido inmortalizar con el sello Bonet, que no ha cesado de dedicar ejemplares de su último libro, La anguila. "La historia de Paula es la historia de muchas personas que compartimos esto", explicaba Clàudia, señalando la larga cola. Muchas mujeres que también han sufrido el acoso y los abusos durante su vida y que ven en la obra de Bonet un tratamiento "honesto" y "valiente" de esta lacra que persigue a tantas mujeres. "Estas situaciones se tienen que transmitir así, como lo hace ella, con su obra lo puedes vivir y sentir, te llega mucho", resumía Clàudia.

La larga cola que se ha formado en el exterior de La Madriguera.

"Gracias por tu trabajo, no el artístico sino...", le decía Mia antes de vaciar la bolsa para que se la estamparan con una de las cuatro frases. Ella y Isa venían de Lleida. Hace cinco o seis años que siguen Bonet. La admiran como artista y como mujer que ha sabido romper el siempre difícil muro del silencio. "Cuando vives agresiones de este tipo es difícil demostrar la fortaleza que ella ha tenido. En la cola me he emocionado leyendo uno de sus posts [a las redes], cuando hablaba de las fortalezas. Ha sufrido, pero qué fuerza que tiene la podrida", decía la Mia después de conseguir la dedicatoria en un ejemplar de La sed que ha traído desde Lleida. "Cerrar el círculo y abrir uno de nuevo", añadía Isa. Eso ha sido La Madriguera este viernes. Empezar de nuevo.

Por eso, por lo que han supuesto los últimos meses, el abrazo más sentido de toda la mañana ha sido con su abogada –y amiga– Carla Vall. Vall consiguió que Bonet pudiera volver a hacer vida normal, echando al acosador, que ha entrado en prisión después de haberse saltado la orden de alejamiento. Durante unos segundos el mundo se ha paralizado. Un largo abrazo de prácticamente medio minuto entre palabras sentidas al oído. "Es Carla Vall", ha empezado a gritar Bonet señalando a la abogada para que la muchedumbre de seguidoras entendiera la escena que durante un rato lo ha congelado todo.

Pamplona y hombres

Yolotzin y Quiahui han viajado hasta Barcelona desde Pamplona para compartir unos minutos con la pintora. Estas dos mexicanas le han traído una botella de vino y una tableta de chocolate como regalo, uno de los múltiples obsequios que las admiradoras han ido trayendo a Bonet, que ha visto como el local se llenaba de botellas de vino, libros (Cartas a mujeres, de Virginia Woolf, por ejemplo), camisetas, bombones... ¿Por qué el chocolate? "Para endulzar todavía más este lugar", decía Yolotzin, que participó en un taller de la pintora el año pasado y quedó "enamorada de todo, del taller y de ella como persona".

Un sentimiento similar al de Clàudia. Conoció a Bonet hace siete años, cuando tenía 15, y se convirtió rápidamente en su referente artístico. "Quiero ser pintora, ella es una gran inspiración. La Madriguera me parece un gran proyecto porque todo artista tiene su madriguera para experimentar", explicaba contenta con sus dos libros (The end y La sed) firmados y un lienzo blanco por estrenar.

En medio de la larga cola que había recorriendo el ordenado Eixample barcelonés, la figura de Andrés, con sus 63 años, destacaba. Rompía con el perfil mayoritario de seguidores, sobre todo mujeres, muchas de ellas jóvenes. Andrés sigue a Bonet por culpa del cine. Por culpa de François Truffaut, el cineasta francés que cautivó a la pintora de Villarreal, que reflejó la admiración que siente por él en un libro ilustrado denominado 813.

There is no beauty, if it doesn’t show some of the terribleness of life”, llevaba Bonet escrito en la camiseta. Una frase de Marlene Dumas. Detrás de la belleza siempre hay algo terrible. Detrás la felicidad pueden haber muchos sufrimientos. El viernes, en La Madriguera, se ha visto un ejemplo claro.

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