Obituario

Murió Beatriz de Moura, fundadora y alma de la editorial Tusquets

La editora, de 87 años, creó el sello con el arquitecto Oscar Tusquets, que entonces era su marido

La fundadora de la editorial Tusquets, Beatriz de Moura, en una imagen de 2011.
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BarcelonaLa casualidad ha hecho que, con pocas semanas de diferencia, hayan muerto dos de los grandes artífices de la editorial Tusquets. Primero fue el poeta y profesor Antoni Marí (1944-2026), que además de ser autor de la casa había dirigido la colección en catalán, L'Ull de Vidre, y la de poesía, Nuevos Textos Sagrados, y este viernes ha sido su fundadora y directora literaria durante décadas, Beatriz de Moura, según ha informado la editorial, que se ha despedido de ella recordándola como "una mujer brillante y sin prejuicios, cosmopolita y aguerrida, precursora de tantas cosas y alma de la editorial".

Nacida en Río de Janeiro en 1939, hija de un diplomático brasileño, a principios de los años sesenta Beatriz de Moura se instaló en Barcelona, donde trabajó en editoriales como Gustavo Gili, Salvat y Lumen antes de impulsar su propio proyecto, Tusquets Editores, junto con el arquitecto y entonces marido suyo Oscar Tusquets. Vinculada a la gauche divine —igual que otros editores de la época, como Jorge Herralde y Josep Maria Castellet—, a Beatriz de Moura le gustaba recordar que había elegido 1969 para crear Tusquets porque era "el año en que el hombre había llegado a la luna y que el Floquet de Neu se había instalado en el zoo de Barcelona".

El proyecto nació con dos colecciones en castellano: Cuadernos Ínfimos y Marginales. En la primera publicaron traducciones de autores como Umberto Eco, Antonio Gramsci, Tom Wolfe, James Joyce, Jonathan Swift, Antonin Artaud, Roland Barthes, Robert Musil y E. M. Cioran. La colección Marginales la estrenaron con Residua, una recopilación de textos de Samuel Beckett, que en 1969 acaba de ganar el premio Nobel de Literatura. El primer gran éxito de la editorial fue la publicación, en 1970, de Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez.

Cosmopolitismo y buen ojo

El catálogo cosmopolita, intrépido y literario de la editorial creció más adelante con nombres como los de Milan Kundera, Susan Sontag, Marguerite Duras, John Irving, Haruki Murakami y Fleur Jaeggy, al mismo tiempo que incorporaba nuevos valores de la literatura castellana como los de Enrique Vila-Matas y Almudena Grandes, que se dio a conocer con Las edades de Lulú (1989), ganadora del premio de narrativa erótica La Sonrisa Vertical. Este galardón fue creado por Tusquets en 1977 y estuvo activo hasta 2004, cuando fue reemplazado por el premio Tusquets de novela, que apostó por Fernando Aramburu, Élmer Mendoza y Rafael Reig.

Mientras tanto, Beatriz de Moura había sido una de las impulsoras del Foro Babel, en 1996, contra la normalización lingüística, junto con Félix de Azúa, Victoria Camps, Juan Marsé y Rosa Regàs, entre otros. Cinco años después, en 2001, creó una colección en catalán en la editorial, L'Ull de Vidre, donde aparecieron traducciones de Petros Màrkaris, Henning Mankell y novelas como Una vida al carrer, de Jordi Ibáñez Fanés.

La misión de los buenos editores

"En la década de los 70, en medio de una crisis del petróleo que afectó a las ventas, Giulio Einaudi me dijo que no me desanimara, que hasta que no superara la tercera crisis no podría considerar que los años de penitencia habían quedado atrás —recordaba de Moura en 2013, en la lección de clausura del máster de edición de la Universidad Pompeu Fabra—. Recientemente, Roberto Calasso ha escrito que la misión que le queda al editor es buscar aquella tribu dispersa que quiere literatura que sea oro y no paja".

Hacía apenas un año que Tusquets había pasado a formar parte de Grupo Planeta, que continúa gestionando su catálogo y ampliándolo con una cuarentena de títulos anuales, y Beatriz de Moura se mostraba pesimista en relación al futuro del sector editorial: "El libro ha dejado de ser la principal vía de conocimiento. Después de más de cuatro décadas de trabajo tomé conciencia de que leer ya no es indispensable, se ha convertido en accesorio. La obligación del editor es traspasar algo de lo que queda de la maltratada tradición antes de la era viquipediana y del culto a la efimeridad".

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