Bayreuth fuera del foso
Pablo Heras-Casado dirige en el Palau de la Música el esperado concierto con la orquesta del festival wagneriano
- Palau de la Música. 29 de agosto de 2026
Final de concierto con un bis: la versión instrumental de la conocida como cabalgata que abre el tercer acto de Die Walküre. Era el colofón que homenajeaba las piedras de un Palau de la Música de arquitectura wagneriana, con el grupo escultórico de las valquirias del arco del escenario. Colofón, también, de un concierto muy esperado, punto final a la 4ª edición del Festival de Peralada. A lo largo de los próximos días, Madrid, Valencia y Sevilla disfrutarán del mismo programa.El principal atractivo era la presencia de la Orquesta del Festival de Bayreuth, conocida por su excelencia. Y así fue, aunque la sonoridad del conjunto no es la misma en el Festspielhaus, donde la formación permanece oculta bajo el escenario, lo que favorece una sonoridad única.La tercera visita de los señores de Bayreuth a Barcelona (después de las de 1955 y de 2012 en el Liceo) no habrá sido la mejor. Y hay que explicarlo: la acústica del Palau no es la de un teatro, y menos la de Bayreuth. Pablo Heras-Casado, que ha demostrado ser un buen director wagneriano y que en 2028 se hará cargo de la conducción de El anillo del nibelungo en el teatro alemán, no controló lo suficiente los planos sonoros de las páginas seleccionadas de la tetralogía wagneriana. Aparte de unos tiempos lentísimos, el metal y la percusión taparon la cuerda al final de Das Rheingold y la marcha fúnebre de Siegfried en Götterdämmerung sufrió igualmente de aquel descontrol acústico, con sonoridades resueltas de cara a la galería y sin cuidar los matices de la página. Mucho mejor, en cambio, los murmullos del bosque de Siegfried, que sí tuvieron la sutileza y el detallismo que reclama la partitura.
La selección incluía igualmente pasajes para solistas vocales. Nicholas Brownlee fue quien brilló indiscutiblemente sobre el resto. La voz es autoritaria, con la justa oscuridad pero con la musicalidad que se pide en la despedida de Wotan al final de Die Walküre. El cantante estadounidense, además, transmite el sentido expresivo de cada frase, atento a la intensidad emocional del personaje.Buen papel también el de Klaus Florian Vogt, un tenor muy abucheado por algunos sectores del público, pero que sigue demostrando con 56 años que es un todoterreno y que se las sabe todas, con eficaz versatilidad. Lástima, eso sí, que la escena final de Siegfried al lado de Catherine Foster evidenciara el estado vocal más que discutible de la soprano. Y esto hizo que la escena de la inmolación de Brünnhilde al final de Götterdämmerung estuviera marcada por la discreción interpretativa de una cantante que, dejando de lado que el instrumento está seriamente desgastado, no transmite suficiente el sentido de la palabra wagneriana.Concierto, en definitiva, muy esperado y anhelado, pero que se quedó a medio camino. Lástima.