Crítica teatral

La entretenida oda en la desnudez de Marina Abramović en el Liceu

El público en pie aplaudió generosamente el espectáculo 'Balkan Erotic Epic'

Una imagen del espectáculo 'Balkan Erotic Epic'.
25/01/2026
2 min
  • Artista, directora, concepto y diseño: Marina Abramović.
  • Coreografía: Blenard Azizaj. Diseño de sonido: Luka Kozlovački.
  • Compositor: Marko Nikodijević. Escenografía: Anna Schöttl. Vestuario: Roksanda Ilinčić.

No hay muchos artistas de la performance que hayan exhibido su obra en el MoMA de Nueva York (The artist está presente) y seguro que Marina Abramović es la primera que ha llenado el escenario del Gran Teatro de Liceo de cuerpos desnudos con una propuesta titulada Balkan Erotic Epic (Epopeya erótica balcánica) que el público en pie aplaudió generosamente. La importancia de la desnudez en esta producción quedaba ratificada en las glorias finales cuando Marina Abramović salió de la mano del coreógrafo (el suyo es el trabajo más destacado) y de un performer en pelota picada, como se llama vulgarmente. Y nos preguntamos: "¿Es esta desnudez el elemento provocador o de desconcierto que radica en la performance?" ¿La creadora ha dado un salto al espectáculo visual más amable sustituyendo al extraño, al inexplicable, por lo obvio?

En todo caso, el espectáculo, estrenado en octubre del año pasado en una nave de Manchester y que el artista ha revisado para la versión a la italiana del Liceu, más que una epopeya se aproxima a un ligero tratado antropológico (hay una científica que lo explica) de las costumbres y hechizos animados. Sin embargo, no todo es desnudez, ya que hay algunos añadidos menos carnales como la danza de los cuchillos o la alegra y simpática soirée en el bar del pueblo (Kafana) donde la buena música balcánica (que proporcionó el único aplauso espontáneo a la función para el cantante Aleksandar Timotic) acompaña la soñada liberación de la madre de la directora en un striptease muy decoroso; o el cuadro final (Ancestros) con un baile tradicional bajo la nieve invernal que se cierra con la única intervención de la creadora.

La música es, con las coreografías, uno de los bastiones de la propuesta. La función arranca con la banda de bodas y funerales entrando por el pasillo central del Liceu en un tributo funerario de Abramović al general Tito, el inventor de Yugoslavia añorada por la directora, y con la hermética y hierática presencia de la madre rigurosamente uniformada. Una presencia que se mantiene a lo largo de tres horas de función. Rumores entre el público al levantarse el telón y descubrir un bosque de falos gigantescos que dan paso a la explicación de los ritos (asustar a los dioses para parar la lluvia enseñando las vaginas en la tierra y el aire), pociones mágicas (con pelos de pubis y sangre menstrual) y filtros no pocas risas. Existe también el funeral de un soltero (desnudo, obviamente) y el largo y hermoso encuentro amoroso entre mujeres, y algún hombre, con los esqueletos de sus queridos en un cementerio. Pero al final, ¿dónde está el anunciado erotismo? Buen entretenimiento. Grandes aplausos.

stats