El miedo no debe ser paralizante, debe movilizarnos
Leo V. Granados estrena en el Centre de les Arts Lliures una obra de Wolfram Lotz, una de las voces alemanas más importantes de la escena actual
Barcelona"Los políticos se desplazan en monoplaza / van con Avant / tropiezan con ramas / pagan cuando mean / ¡y aúllan si los adulan! / Who cares! / ¿Acaso no los habéis votado? / ¿Quién, si no? ¿Las ardillas del parque?", escribe el dramaturgo alemán Wolfram Lotz (Hamburgo, 1981) en una de sus piezas más radicales y más representadas en toda Europa, Los políticos (2019). Lotz, que tiene un repertorio de menos de diez obras de teatro, es una de las voces germánicas fundamentales de la escena contemporánea; ha sido traducido a una quincena de idiomas y sus espectáculos se han visto en países como Alemania, Francia, Bélgica y el Reino Unido. Y, a pesar de esta fuerte proyección internacional, el dramaturgo no se ha representado ni se ha publicado nunca aquí. Hasta ahora. Conscientes de esta carencia, el Centre de les Arts Lliures de la Fundació Joan Brossa recibió con los brazos abiertos el proyecto del director Leo V. Granados y del traductor Marc Villanueva Mir para llevar a escena y a la vez a las librerías Los políticos, de Lotz. El espectáculo se acaba de estrenar y se puede ver hasta el 26 de abril, y el libro ya se ha publicado de la mano de Arola Editors.
"De entrada, puede parecer una obra de teatro político, pero no encaja dentro de ningún parámetro de la tradición brechtiana o de Heiner Müller", explica Granados para introducir la pieza. Lotz plantea el texto desde el punto de vista de un autor que, durante una noche obsesiva, empieza a escribir sobre los políticos. A partir de aquí, la obra se embarca en caminos y afluentes cada vez más absurdos y disparatados. "Lotz se autocritica porque siente que, como él, mucha parte de la sociedad se queja constantemente de los políticos sin hacer nada para cambiar la situación. Hace referencia a este discurso banal y cotidiano de miles de personas que dicen que los políticos nos roban, pero sin señalar a nadie directamente ni proponer soluciones al respecto", señala el director, que debutó con Fem l'última copa, de Harold Pinter (2019), y también estuvo al frente de la nueva versión de El principi d'Arquimedes de Josep Maria Miró (2025).
Una de las principales características de Els polítics es el juego formal que, desde la primera línea, plantea el autor a través del lenguaje. El texto está repleto de repeticiones con la intención de reproducir los automatismos lingüísticos que la sociedad tiene inoculados y que dice casi sin pensar. Así, en el espectáculo "los políticos, los políticos, los políticos maldicen la tormenta y por la tarde miran la tele" pero también "los políticos, los políticos, los políticos van en coche porque quieren estar tranquilos". A medida que la obra avanza, "los automatismos lingüísticos van resignificándose, porque Lotz hace a la vez asociaciones locas y realistas y tú, como espectador, puedes pensar en políticos en concreto", dice Granados, que añade que el dramaturgo "es tartamudo, y eso conecta profundamente con su manera tan radical de escribir".
Generar imágenes en la cabeza del público
Con un texto tan poco convencional, la puesta en escena era todo un reto para la compañía deEls polítics. Granados reunió a cuatro intérpretes –Guillem Albasanz, Francesc Marginet, Sandra Pujol y Ainoa Roca– y se lo ha jugado todo al surrealismo y a la coralidad. "Eludí la idea de intentar justificar o hacer entender al espectador la situación dramática. Hemos buscado hacer una apuesta radical por la palabra, por la capacidad de generar imágenes dentro de la cabeza del espectador a partir de un dispositivo escénico que crea universos imposibles", destaca el director.
El espectáculo se zambulle profundamente en el absurdo, y esto aporta un tono de humor a la pieza al que la compañía no solo no ha renunciado, sino que se ha aferrado fuerte. Este elemento se multiplica sobre todo gracias a la traducción de Villanueva, que mantiene algunas referencias alemanas –como, por ejemplo, las bratkartoffeln, una especie de patatas fritas–, pero otras las transpone a la realidad catalana, como cuando dice que "los políticos van con Avant" o sustituye a Adolf Hitler por Francisco Franco y en lugar de decir que se come una pera [Hitler rima con birne, pera en alemán] lo traduce por "come un mango".
Els polítics funciona, según Granados, como "un retrato de la sociedad" que no presenta soluciones claras ante el presente, pero sí que apela a la esperanza. "No me creo que la realidad no se pueda transformar. Si en el teatro las cosas pueden resignificarse, ¿por qué no puede pasar en el mundo? –reflexiona el director–. El miedo es el gran instrumento de control del siglo XXI, pero no debe ser paralizador, el miedo nos debe movilizar".