Un paso atrás que pone en riesgo la salud de los futbolistas

La permisividad arbitral ha condicionado el juego del Mundial y existe el riesgo de que se imponga en las principales ligas

Los árbitros de la final del Mundial 2026, con el esloveno Vincic al frente
23/07/2026
3 min

BarcelonaLas actuaciones arbitrales en los Mundiales acostumbran a anticipar el futuro del fútbol. La FIFA aprovecha el torneo más importante del calendario como laboratorio donde pone a prueba nuevas interpretaciones del reglamento y normativas inéditas antes de decidir si merecen formar parte del fútbol internacional. Esta Copa del Mundo no ha sido una excepción. Algunas innovaciones han dejado buenas sensaciones, pero otras han generado tanta controversia que difícilmente tendrán continuidad, de la misma manera que el torneo también ha evidenciado los riesgos de un modelo arbitral excesivamente permisivo que ha condicionado el desarrollo de muchos partidos.

El nivel del arbitraje no ha estado a la altura del prestigio de la competición. Más allá de los errores puntuales, el problema ha sido el criterio impuesto por Pierluigi Collina, responsable arbitral de la FIFA, que ha impulsado un modelo en el que el árbitro debe intervenir lo mínimo posible. Los colegiados han priorizado no condicionar los partidos, hasta el punto de que, en muchos casos, han renunciado a sancionar acciones disciplinarias evidentes.

Las instrucciones de la dirección técnica eran muy conservadoras: las tarjetas amarillas debían reservarse para acciones muy claras y, siempre que fuera posible, los partidos debían acabar sin expulsiones. El objetivo era evitar que los partidos quedaran condicionados por decisiones disciplinarias, pero a menudo el resultado ha sido el opuesto. Este umbral de tolerancia tan elevado ha generado una sensación de impunidad que los futbolistas no han tardado en aprovechar para aumentar la agresividad.

En los primeros compases del torneo, el marroquí Achraf Hakimi clavó los tacos en el tobillo del madridista Vinícius. La acción era merecedora de tarjeta roja, pero el árbitro no pitó ni falta y el VAR se desentendió. Aquella jugada marcó la línea que seguiría buena parte del torneo. Las entradas al límite dejaron de ser excepcionales y la tolerancia arbitral se mantuvo hasta la final, en la que Argentina la explotó para llevar al límite a los futbolistas españoles.

La protección del jugador siempre había sido una punta de lanza del arbitraje moderno, pero esta Copa del Mundo ha navegado en dirección contraria. Ahora, la patata caliente está en manos de las diferentes confederaciones que gobiernan el fútbol internacional, que deberán decidir si este es el criterio que debe imperar durante los próximos años o si se apuesta por más rigor a la hora de castigar el juego violento.

La 'ley Vinícius' tiene los días contados

La denominada ley Vinícius establece que cualquier jugador que se tape la boca en una situación de confrontación puede ser sancionado con tarjeta roja. La norma nace del conflicto entre el futbolista madridista y Prestianni, jugador del Benfica acusado de proferir insultos racistas. La FIFA presentó la medida como una de las grandes novedades del torneo y el primer damnificado fue Miguel Almirón en un Paraguay-Turquía. El principal problema es que la aplicación ha sido arbitraria, ya que depende de la reacción del jugador contrario, y no todos los árbitros se han atrevido a sancionarla.

En la final, Messi pidió la expulsión de Cucurella por taparse la boca con los dedos durante un segundo, pero el VAR desestimó la petición del astro argentino. La acción dejó patente que la normativa no se aplica con uniformidad y que depende de diversos factores difíciles de valorar. La UEFA ya ha anunciado que no incorporará esta modificación a sus competiciones, un indicio de que la norma difícilmente superará el primer gran examen internacional.

Más recorrido parece tener la reinterpretación de la confusión de identidad, uno de los supuestos en que el VAR puede intervenir. Tradicionalmente, este protocolo solo permitía corregir los casos en que el árbitro amonestaba al jugador equivocado. En esta Copa del Mundo, sin embargo, la FIFA ha ampliado su alcance. Si una tarjeta se había mostrado como consecuencia de una simulación del rival, el VAR podía intervenir para retirar la amonestación al jugador inocente y sancionar al simulador.

No todas las novedades han generado rechazo. La cuenta atrás visible en los servicios de portería y de banda ha reducido de manera notable las pérdidas de tiempo y ha favorecido un juego más fluido, sin alterar la esencia del fútbol. Todo apunta a que esta será una de las pocas innovaciones del Mundial que han superado el banco de pruebas de la FIFA y que han llegado para quedarse.

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