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Sonrisas y lágrimas: la novicia que hace el trayecto inverso a Rosalía

Julie Andrews interpretando a María, en Sonrisas y Lágrimas
28/08/2026 - 07:01 h.
1 min

Hay muchas películas que no he visto. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la tragedia, hasta el confinamiento no había visto Dirty dancing (qué maravilla) ni Pretty woman. He querido aprovechar esta serie de artículos para llenar de manera eficaz algunas de mis lagunas cinematográficas. En una época de oferta audiovisual masiva y atomización absoluta de los canales, yo curo mi FOMO en diferido. Y después de ver por primera vezBen-hur, Blade runner,E.T., Una rubia muy legal, Terminator, Bailando con lobosy Alien(y tambiénLa Odisea de Nolan, bonus-track de actualidad), cierro esta serie con un clásico de las proporciones de Sonrisas y lágrimas, una película fresca fresca del año 1965:

Anotaciones que tomo mientras miro 'Sonrisas y lágrimas' por primera vez:
  • María es una novicia que hace el viaje inverso a Rosalía: de monja a cantante. Es posible que María no termine de encajar en la abadía, y empezamos a sospecharlo cuando oímos al resto de monjas cantar una canción sobre el hecho de que María no encaja en la abadía. Dicen cosas como “Es un enigma / es un ángel / cómo atrapas una nube / cómo coges un rayo de luna con la mano / cuando estoy con ella estoy confusa, descentrada y perpleja, y nunca sé exactamente dónde estoy” (quizás estás enamorada, hermana Margaretta, a veces pasa).
  • Pero Julie Andrews no se queda para descubrir nuevos caminos a las monjas porque la envían a hacer de Mary Poppins avant la lettre para las siete criaturas de un señor viudo, el capitán Von Trapp. Buena trampa, sí. Sospecho que su mujer se murió para poder tener un ratito libre. La hija pequeña tiene 5 años y la mayor tiene 16. Esta última clama que no necesita institutriz, y bien seguro que no: la actriz que la interpreta, Charmain Carr, tenía en ese momento 21 años, y los aparentaba. Como hay siete criaturas, cuando llega María puede hacerlas cantar dando a cada una una nota musical; la osteoporosis de la difunta señora Von Trapp no fue en vano. La joven compañía lleva también a cabo un espectáculo de títeres muy por encima de capacidades infantiles, pero claro, nadie querría ver en una película un espectáculo de títeres hecho realmente por niños que no conocemos.
  • Es 1965 y se nota, porque la gente no se cambia de ropa para ir a la montaña. Agradable contraste con los pijos que cuando pisan fuera del área metropolitana se visten de pies a cabeza de Coronel Tapioca. Para caminar trescientos metros y comprar embutido hay que ir bien equipado.
  • Es una película que, como tantas, requiere un poco de suspensión de la incredulidad: ni aquellas cortinas dan para vestir a tanta gente ni es posible llevar criaturas a la montaña sin que automáticamente se pongan a tirar piedras. Y si caminas desde Salzburgo y atraviesas los Alpes no llegas a Suiza, sino a la Alemania nazi. Quizás se preparaban la segunda parte, Lágrimas y lágrimas.
  • The sound of music tiene muchos otros nombres, aparte del osado Sonrisas y lágrimas: La novicia rebelde en Latinoamérica y Tutti insieme appassionatamente en italiano. El actor protagonista, Christopher Plummer, la odiaba tanto que se refería a ella como The sound of mucus. Saqué el café por un orificio nasal cuando lo leí.

Veredicto: una película que enseña a las criaturas que es bueno cantar, ir en bicicleta y trepar a los árboles, y que es importante no enrollarse con un nazi, una lección muy vigente hoy en día. Buena propaganda.

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