En Bombonería Pons, las mejores trufas heladas
"Muchos negocios de pastelería no tienen mano de obra calificada en chocolatería, y por eso externalizan el servicio en nosotros"
BarcelonaImpacta entrar en el obrador de la Bombonería Pons, en la calle Olzinelles. Es como diez veces mayor que la pequeña tienda que se ve desde la calle. Carla Jodar, la responsable de gestión y comunicación del negocio, nos enseña el almacén donde guardan las monas de Pascua, listas para ser expuestas ya mismo. Una maravilla de colores, formas, temas. Una filigrana del trabajo con chocolate. Pokémon, Spiderman, Lego, Disney, Harry Potter, Star Wars, Stranger Things, K-Pop, Bluey, los Minions, Mic, Super Mario, el inevitable Barça y unas delicias en forma de moto, futbolín, gallina... Incontables variables. Un stock que llegará aproximadamente a las 2.000 figuras de chocolate y los 7.500 huevos de pascua. Es un auténtico espectáculo que moviliza a una docena de trabajadores fijos, más los eventuales en tiempos de las campañas estacionales. La más fuerte es la de Navidad –pueden llegar a tener hasta ocho dependientes en la tienda–, pero la de Pascua también de unidón. Estos días se exprime el San Valentín –coro de chocolate para todos los paladares– y en breve se hará el cambio de decoración para encarar la Pascua a todo trapo.
Bombonería Pons nació en 1960 gracias al instinto emprendedor de Joan Ramon Pons y, sobre todo, de su esposa Urcisina, que trabajaba en Caramels Mauri y decidió establecerse por su cuenta y abrir un pequeño obrador chocolatero en Sants, en el mismo lugar donde hoy se mantienen al pie del cañón. Poco a poco fueron atreviéndose con nuevos retos, además de los bombones y las chocolatinas. Como el turrón, por ejemplo. Y el hijo de la pareja, Joan Ramon –segunda generación–, se lanzó a hacer también de comercial. Así nació la decisiva conexión con Turrones Virginias, a quienes empezaron a suministrar el turrón de chocolate. La expansión del negocio supuso una modernización del obrador, la adquisición de nueva maquinaria y la ambición de llegar más lejos. Esto, unido a la demanda de venta al por menor de gran parte de los vecinos del barrio, hizo que se decidieran a abrir también la tienda de cara al público. Hoy en manos de Àlex Pons –tercera generación– y su equipo, Bomboneria Pons abrió hace dos años un nuevo establecimiento en Les Corts y ahora estudia hacer viable la posibilidad de una futura apertura en el centro de Barcelona. "Habrá que estudiar muy bien cuál es el potencial volumen de ventas y calcular si podemos absorberlo desde las posibilidades de nuestro obrador. Estamos ilusionados", destaca Carla.
Las líneas de venta de Pons son diversas. La más importante ya la que dedican más esfuerzos y cariño es la venta al por menor en las dos tiendas: "El cliente final es prioritario para nosotros". La segunda es la venta online a través de su propia página web, que les permite absorber clientela de todas partes. La tercera es la venta al mayor para pastelerías que los tienen como proveedores prioritarios de bombonería y chocolatería. "Muchos negocios de pastelería no tienen mano de obra calificada en chocolatería, por lo que externalizan el servicio en nosotros". En este sentido, tienen clientela de aquí, y también de estatal e internacional. Y la cuarta y última línea son las empresas que les encargan lotes y detalles para los trabajadores o para eventos y convenciones. Un ejemplo reciente: una empresa canadiense de neumáticos que precisaba una buena cantidad de cajas de bombones para un encuentro en un hotel barcelonés.
¿Cuántos bombones tienen en Pons? Incontables variedades. Y turrones. Pues entre los clásicos, los de praliné, los trufados y los de mazapán, es necesario contar unas siete u ocho variedades de cada. Son uno de los platos fuertes. Empiezan a vender a mediados de noviembre y los clientes se los zampan enseguida, así que cuando se aproximan las fechas estrictamente navideñas necesitan más. Unas 40.000 barras de turrón anuales. ¡Se dice pronto! ¿Y las monas? Es el momento más creativo del año, pero también el que requiere mayor esfuerzo y compromiso. Sólo hace falta recordar el paseo por el almacén de las figuras de chocolate para hacerse una idea del trabajo.
La clientela de Pons es muy variada. Desde clientes de toda la vida hasta gente recién llegada al barrio y turistas. En campaña de Navidad se hacen largas colas en la calle, y la gente debe tener algo más de paciencia. Carla nos señala una tipología de cliente de toda la vida que resiste el paso del tiempo –aunque cada vez hay menos–, la persona mayor que se gasta una buena morterada en comprar detalles dulces para los acompañantes de confianza: los médicos, el abogado, el gestor, los tenderos de proximidad, etc. Una forma de hacer del pasado que todavía hay quien conserva.
"¿Desea probar unas trufas heladas que le encantarán?" "¡Por supuesto que sí!" "¿Qué le parecen?" "Deliciosas".