Arte

La Fundación Vila Casas redescubre el Calsina más libre y mordaz

Los dibujos del artista barcelonés recuerdan su carácter crítico y su solidaridad con los desfavorecidos

'Torero muerto', de Ramon Calsina
04/03/2026
3 min

BarcelonaCon un sentido del humor bastante cáustico, el pintor Ramon Calsina (1901-1992) decía que él había nacido dibujando como otro podría haber nacido "jorobado", tal y como recordaba su hijo Ramon hace pocos años. Así, además de la artística, otra razón para que fuera quedando marginado fue su carácter crítico e introvertido. Para el público más conservador era un artista demasiado contemporáneo. Y para los más avanzados, Calsina era demasiado tradicional. "Es un personaje incómodo para mucha gente, porque es difícil de clasificar", advierte el director artístico de la Fundación Vila Casas, Bernat Puigdollers, con motivo de la exposición de los dibujos de Calsina que puede verse en los Espacios Volart hasta el 15 de marzo, de la que también es el comisario.

"Formalmente Calsina es más bien un pintor clásico, académico, pero el trasfondo es incómodo porque es crítico, a veces es incluso grotesco y llega a ser desagradable", dice Puigdollers. "El dibujo es donde él es genuinamente Calsina y donde se siente libre de poder hacer lo que quiere", subraya. "Los cuadros tenía muchos problemas para venderlos, y los dibujos era prácticamente imposible –explicaba el hijo–. Algunos tienen casi un siglo, pero no importa porque son actuales porque se dedicaba a retratar el alma humana con todas sus miserias y debilidades y, desgraciadamente, con cien años hemos avanzado poco".

La exposición lleva por título Ramon Calsina. Miseries humanas e incluye un centenar de obras de toda la trayectoria del artista, muchas de ellas inéditas. El despliegue de personajes, todos ellos desgarradores, es perturbador: hay un catedrático ramplón –él fue un profesor querido en Lonja–, artistas vendidos en el mercado, cornudos, maltratadores y mujeres maltratadas en un momento en que este drama era tabú, y una madre famélica en plena posguerra. También hay un soldado que mantiene el orgullo pese a que ha perdido las piernas y un brazo, un torero herido y una mujer que, desde la tabla de planchar, ve cómo sus sueños se desvanecen. Uno de los personajes más duros es Tracoma, una chica de Poblenou que quedó ciega a raíz de una enfermedad. "Cuando Calsina dibuja, también piensa, y hace crítica y política. No cae en el panfleto, sino que reflexiona sobre su propia sociedad", dice Puigdollers.

En cuanto a su pintura, representada por trabajos como Carga (1934), tiene un punto de entrañable. "La obra de Calsina es como la de un niño que piensa que el mundo es bonito y es perfecto. Pero cuando ve la realidad, se encuentra que el mundo no es como él se esperaba, y tiene un momento de choque de realidad y necesita dibujarla y explicarla para digerirla y, al mismo tiempo, mantener esta inocencia. Calsina te enseña un momento crudo, pero siempre hay, pero siempre", pero siempre dice el comisario.

Un artista honesto en tiempos de estraperlo

Ramon Calsina nació en Poblenou en una familia de panaderos. Se formó en Lonja, donde obtuvo dos bolsas de viaje, la primera de las cuales le sirvió para viajar a Granada con el pintor Miquel Ferrer, que era uno de sus mejores amigos. Calsina quedó golpeado por el contraste entre Barcelona y esa Granada rural y con grandes diferencias sociales. Y en el retrato que hizo a la hija deficiente de los dueños de la fonda donde se alojaron, ya se puede observar como se esfuerza por dignificar a la gente humilde. El dinero de la segunda bolsa, Calsina lo utilizó para ir a París. La compartió con Ferrer, y un malentendido relacionado con el dinero hizo que su amistad se rompiera.

El estallido de la Guerra Civil interrumpió la modernidad que Calsina había empezado a trabajar en unos proyectos de carteles que son uno de los hallazgos de la exposición. Aunque no estaba adscrito a ningún partido político, Calsina se exilió por las ideas republicanas y de izquierdas que había expresado públicamente. Estuvo internado en el campo de concentración de Argelès. Superado por la añoranza, regresó a Catalunya por el País Vasco, y le encerraron en el campo de concentración de Vitoria.

"Volvió deshecho, y se encontró con una Barcelona que ya no era la que pensaba", dice Puigdollers. De hecho, en la primera exposición que hizo a la vuelta mostró algunos de sus dibujos desgarradores, y los críticos se lo reprocharon. "Le acusaron de intentar revivir una época pasada, de locuras, y le decían que aquel era un momento civilizado y ordenado. Estaban fusilando a gente en el Camp de la Bota, a pocas calles de su casa", dice el comisario. Para salirse, le recomendaron que se dedicara a pintar bodegones. "Los bodegones eran lo que quería la burguesía que se había enriquecido con el estraperlo. Querían un arte amable, fastuoso, que les diera estatus. Calsina lo intentó, pero era tan incapaz de ser complaciente que, incluso cuando lo hizo, sus bodegones de esta época tienen este punto de decadente" de las ilustraciones que Calsina realizó para ilustrar obras de autores entre los que se encuentran Edgar Allan Poe y Miguel de Cervantes.

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