Muere a los 100 años Alan Greenspan, el 'Maestro' neoliberal que acabó admitiendo que estaba equivocado
El expresidente de la Reserva Federal defendió la desregulación financiera y las rebajas de impuestos
BarcelonaAlan Greenspan, el influyente economista que dirigió la política monetaria de los Estados Unidos durante sus cinco mandatos como presidente de la Reserva Federal (la Fed, el banco central norteamericano), ha fallecido este lunes a los 100 años a causa del Parkinson, según ha informado NBC News. Greenspan fue uno de los economistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y uno de los nombres más destacados dentro del paradigma económico neoliberal iniciado en los años 70, que abogaba por la independencia de los bancos centrales, la desregulación financiera, el libre comercio, las rebajas de impuestos –en especial a grandes fortunas y empresas– y la privatización de servicios públicos.
El economista fue nombrado máximo responsable de la Fed en 1987, a propuesta de Ronald Reagan, quien ocupaba entonces la Casa Blanca. Mantuvo el cargo con tres sucesores de Reagan en la presidencia de los EE. UU.: George Bush padre, Bill Clinton y George Bush hijo. Fue reemplazado por Ben Bernanke al frente de la Fed en 2006.
Durante buena parte de su mandato en la Fed se erigió en una voz casi incuestionable en el debate público –era conocido como elMaestro–, también en el ámbito político, a pesar de ser un firme defensor de la independencia de los bancos centrales de los gobiernos al margen de los gobiernos elegidos por los ciudadanos. Pero después de casi dos décadas al frente de la Fed como campeón del laissez faire en los mercados, parte de la opinión pública norteamericana se le volvió en contra considerando que sus políticas de desregulación del sector bancario habían tenido un papel central en la implosión de la industria financiera que culminó en 2008.
Independencia sin neutralidad
Nacido en Nueva York en 1926 en una familia judía con raíces en el este de Europa, en 1944 Greenspan se salvó de servir en las fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial por una afección pulmonar. Cuatro años más tarde se graduó con honores en economía en la Universidad de Nueva York y, después de hacer un máster en la Universidad de Columbia, se puso a trabajar primero en un banco de Wall Street y después en un lobby empresarial. En 1955 ya era presidente de la consultora Townsend-Greenspan, trabajo que ya no abandonaría hasta 1987 para presidir la Fed, con la única excepción entre 1974 y 1977, cuando lideró el Consejo de Asesores Económicos del presidente de los EE. UU. Gerald Ford.
En la Fed, Paul Volcker, el primer banquero central de perfil tecnocrático e independiente, luchó ferozmente contra las elevadas inflaciones de los años 70 y 80 con subidas de los tipos de interés que provocaron graves recesiones en EE. UU. y dispararon el paro. Con los precios ya más controlados, Reagan nombró a Greenspan para sustituirlo.
Al frente de la institución, Greenspan mantuvo la idea de que la independencia del banco central es fundamental para asegurar un buen funcionamiento de la economía. Una independencia, sin embargo, que no se tradujo en neutralidad política, ya que una de las críticas que más recibió Greenspan de la izquierda norteamericana es que siempre se posicionaba a favor de políticas liberales, como privatizar la seguridad social o las rebajas de impuestos. Él tampoco se escondía mucho: se declaraba abiertamente "un republicano libertario de toda la vida".
Su gestión de la Fed es una de las razones que explican la década de crecimiento ininterrumpido que vivieron los EE. UU. entre 1991 y 2001. Greenspan promovió como nadie la desregulación financiera, bajó los tipos de interés que había subido Volcker y presionó a los gobiernos para que abrieran fronteras y mercados a la competencia extranjera. Encontró aliados en los tres presidentes republicanos con quienes coincidió (Reagan y los dos Bush), pero también en el demócrata Clinton.
Justamente con Clinton se produjo lo que, con el tiempo, sus contrarios han considerado uno de sus "errores" más grandes –en palabras del Nobel de economía Paul Krugman–: la derogación de la ley Glass-Steagall, la norma que impedía que la banca comercial que utilizan los ciudadanos se dedicara a grandes inversiones especulativas. Greenspan presionó fuerte al Congreso y al gobierno a favor de la derogación, lo que abrió la puerta a la explosión del sector financiero norteamericano.
Las políticas de la Fed con Greenspan se definieron como de "dinero fácil" y se juntaron con el poco vigor regulador de la gran banca, hecho que creó una tormenta perfecta que explotó en 2007. Los bancos de los EE. UU. pudieron dar hipotecas a discreción, incluyendo millones de subprimes (hipotecas dadas a personas con poca capacidad para pagarlas), mientras la gran banca de inversión empaquetaba estos créditos dudosos en complicados instrumentos financieros que se vendían por todo el mundo a otros bancos. Cuando la burbuja inmobiliaria estalló, los bancos siguieron hasta ser rescatados.
Aquí es donde se llega al segundo gran punto oscuro del mandato de Greenspan en 1999: cuando unió fuerzas con Larry Summers, entonces secretario del Tesoro con Clinton, en contra de Brooksley Born, presidenta de la CFTC, uno de los entes reguladores del sector financiero en EE. UU. En unas tensas discusiones en el Congreso, el expresidente de la Fed y el hoy caído en desgracia Summers consiguieron evitar que Born pusiera controles a los bancos que elaboraban aquellos instrumentos financieros que acabarían esparciendo por todo el sector bancario global los problemas de la burbuja hipotecaria norteamericana y provocando la peor recesión global desde la Gran Depresión.
El estallido financiero no cogió a Greenspan en la Fed. Había dimitido un año antes, pero la hecatombe financiera lo puso en el punto de mira a pesar de estar jubilado. Inicialmente, defendió su gestión, pero acabó confesando, en una declaración al Congreso, que la crisis le había roto los esquemas ideológicos: "Los que hemos velado por el interés de las instituciones bancarias para proteger su capital, especialmente yo mismo, estamos en un estado de incredulidad", dijo. Cuando un congresista le preguntó si había descubierto que su ideología "no era correcta", el Maestro respondió: "Absolutamente. Esa es precisamente la razón por la que estaba en shock, porque durante más de 40 años había trabajado con considerables evidencias de que funcionaba excepcionalmente bien".