Crisis en el Royal Mail: los viudos o viudas ya no tienen quien les escriba cartas de pésame
La falta de fiabilidad de las entregas, con 16 millones de retrasos solo durante la Navidad, llega al Parlamento británico
LondresA veces, lanzar una carta a un buzón puede ser como lanzarla a un agujero negro. Hace unos días, Jason Bevan, un jubilado de ochenta años con residencia en el pueblecito de Lidney, a casi 200 kilómetros al oeste de Londres, se lamentaba en la sección de cartas al director del Daily Telegraph sobre la falta de fiabilidad del Royal Mail, el icónico servicio postal británico. Su esposa, con quien había estado casado cincuenta y ocho años, murió en enero y el hombre explicaba: "Recibí muchas tarjetas de condolencia y esperaba más después de un anuncio en la prensa local. Sin embargo, no recibí ningún correo en toda la semana".
Extrañado, se lo comentó al cartero local. Y unos días después, este le entregó 13 tarjetas más de condolencia que, con sellos de segunda clase, habían quedado en el depósito de la zona a la espera de ser repartidas. "Ya no podemos confiar que el Royal Mail haga su tarea", acababa Bevan su queja.
No es un caso aislado. El motivo de la acumulación y del retraso en la entrega es, según los trabajadores del servicio, cada vez más común: el correo de segunda clase se retiene hasta que hay una cantidad suficiente de cartas de primera clase para justificar su entrega desde los grandes centros de distribución regionales a las oficinas locales de los condados. Un sello de primera clase para una carta ordinaria cuesta 1,80 libras (2,07 euros); uno de segunda clase, 91 peniques (1,04 euros).
El dueño del Royal Mail, el multimillonario checo Daniel Kretinsky –propietario del 50% de Caprabo, entre muchos otros negocios–, decía la semana pasada, ante la comisión del Parlamento que ha abordado la crisis del servicio, que "si quieres enviar una carta [con sello de primera clase] de Brighton a las Tierras Altas de Escocia, se tiene que entregar al día siguiente por 1,80 libras. Y no es un trabajo fácil". La distancia es, aproximadamente, de unos mil kilómetros.
Rosario de críticas
Un servicio similar en Italia cuesta 5,60 euros. Y en España, entre 7 y 15, si se quiere garantizar que llegue a destino en 24 horas. A pesar de todo, Kretinsky defendía la tarea del Royal Mail. Pero no tiene fácil incrementar el precio del servicio a causa de las condiciones de compra y de la regulación del gobierno sobre correos. La segunda clase está regulada. Y, aun así, se ha encarecido un 74% desde el 2013, momento de la privatización. El precio de los sellos de primera clase –no regulada– ha aumentado un 183% desde entonces, muy por encima de una inflación acumulada del 40%.
El hecho es que desde principios de año la prensa de las islas está llena de historias como la de Jason Bevan. Y hay un relato común que este mismo corresponsal ha experimentado tan recientemente como la semana pasada. Durante días y días, no hay correo. Y, de repente, llegan todos a la vez siete u ocho cartas.
David Pearson, un empresario jubilado de setenta años y natural de Haworth, en West Yorkshire –hogar de las hermanas Bronte–, explicaba al Daily Mail a finales de febrero que perdió el primer envío de una multa de tráfico. Meses después lo que sí le llegó fue el aviso de acciones judiciales y de embargo de la cuenta bancaria por no haber pagado en el plazo legal establecido. Tuvo que poner remedio con urgencia.
Durante los días previos a Navidad, la crisis en el Royal Mail tuvo especial incidencia en Derry, en Irlanda del Norte. Las postales de felicitación de fiestas y, más grave todavía, citas hospitalarias experimentaron graves retrasos. El Sindicato de Trabajadores de la Comunicación (CWU, por sus siglas en inglés) informó el 7 de enero que 40 empleados eventuales de la compañía fueron trasladados allí desde Inglaterra para ayudar a eliminar el retraso en el depósito local. Pero no salieron adelante a causa de un problema, denunciaba el sindicato, "de años de falta de inversión e instalaciones incapaces de gestionar grandes volúmenes de paquetes". Derry fue la punta del iceberg. En total, en todo el país, dieciséis millones de cartas llegaron a su destino con retraso.
De Birmingham a Newcastle
Y el pasado viernes, The Sun publicaba una lista de los treinta distritos postales donde la crisis ha impactado más, que están en ciudades como Birmingham o Newcastle. La lista, que se extiende por las cuatro nacionesdel Reino Unido, no era ninguna invención de los sindicatos. Era la admisión de la misma compañía que, en un comunicado, atribuía los retrasos a causas como "altos niveles de ausencia por enfermedad, falta de recursos u otros factores locales," como el mal tiempo.
Entre abril de 2025 y enero de 2026, los primeros ocho meses desde que Kretinsky adquirió el control total del Royal Mail, solo el 74,9% del correo de primera clase se entregó dentro del plazo, cuando el objetivo del servicio era llegar al 93%. Ese fue el motivo de su comparecencia en el Parlamento. Y también que el organismo que vela por la fiabilidad del reparto postal multara a la empresa con 21 millones de libras.
Los cálculos de sus señorías apuntan que la diferencia entre objetivos y realidad equivale a unos 126 millones de cartas de primera clase que llegaron tarde el año pasado. Y si no se hace nada, y con casi el 10% de las cartas de segunda clase también afectadas por los retrasos, entre 219 y 220 millones de cartas llegarán tarde o muy tarde este año.
Kretinsky tuvo que admitir ante los diputados que el Royal Mail "no está cumpliendo sus promesas". A pesar de ello, negó "ningún deterioro del servicio" y también la acusación de que la compañía prioriza la entrega de paquetes, más rentables, que no las cartas.
El Royal Mail, privatizado en 2013 con la salida a bolsa, arrastra pérdidas (348 millones en 2023-24, el último año fiscal del que hay datos) y ve cómo el volumen de cartas se hunde. De los 20.000 millones de 2004-05 a los 6.600 millones de 2025 y a los 5.600 previstos para este año. Los paquetes crecen hasta los 3.900 millones, pero esto no se ha traducido aún en rentabilidad. Todo ello en un contexto de competencia creciente de FedEx, DHL, Evri, DPD o Amazon, cosa que ha hecho caer la cuota de mercado de paquetes del 45% (2014-15) al 35% (2023-24).
En el horizonte del Royal Mail se vislumbran cambios laborales y una reducción de la plantilla, a pesar de las limitaciones temporales derivadas del control total del EP Group de Křetínský. Con mucha probabilidad el negocio de las cartas continuará en declive y puede acabar deviniendo residual. Un servicio fundado en 1516 por Enrique VIII, entonces para uso exclusivo de la corte, y que se abrió al público general en 1635, vive un momento incierto de cambio en el modelo de negocio.