Empresarios hartos de quedar bien
BarcelonaHay movimientos de fondo. Habitualmente, dicha sociedad civil catalana suele ser crítica desde el anonimato pero educada y posibilista frente al poder político. Pero esto parece estar cambiando un poco. En algunas reuniones y encuentros hay representantes empresariales que reclaman acción, cierta movilización para superar retos como los de la movilidad (Cercanías, por ejemplo), la transición verde y la reducción de la burocracia de la administración. Algunos están un poco hartos de quedar siempre bien y exigen a los políticos que trabajen más por los intereses del país y menos por los del propio partido o el de algunos de sus líderes.
Hace unos días la junta del Círculo de Economía, que preside Teresa Garcia-Milà, emitió la primera nota de opinión de su mandato, que hablaba sobre la inmigración, uno de los temas que se utilizan en la política como arma arrojadiza o con planteamientos populistas. Y proponía incluso modular la entrada de inmigrantes y ajustarla a un modelo económico más productivo. Y el presidente de la Cámara de Comercio, Josep Santacreu, a través de un artículo en el ARA, llamaba a la acción: "Debemos pasar del escepticismo a la acción. No podemos esperar más", afirmaba. Con el tiempo se verá si esta mala marejada inquieta al arco parlamentario y los partidos se dan cuenta de que, en algunas materias, se necesitan consensos y pactos de país que proporcionan estabilidad y seguridad jurídica. ¿Lo entenderán?
Balanzas y cálculos
Una insistente petición de Junts al ministerio de Hacienda ha sido la publicación de las balanzas fiscales, que recogen lo que la comunidad autónoma recibe con relación a lo que aporta al conjunto. Y es siempre un saldo negativo. Y lo sigue siendo, como recoge esta semana el ARA, pero menos de lo que los postconvergentes esperaban. En cualquier caso se mantiene como una losa estructural. Algunos aseguran que son los representantes de Junts los que habían paralizado hasta ahora la publicación de este dato. Otras fuentes explican que la formación de Carles Puigdemont defendía publicar solo el cálculo mediante el flujo monetario, que da los mayores números rojos para Catalunya.
Lo cierto es que pocos niegan que haya un desfase. La cuestión es cifrarlo. Con el método de flujo monetario se mide la inyección directa de dinero estatal a un territorio y, por tanto, su discrecionalidad. Y con el método de carga-beneficio, que redistribuye territorialmente el coste de los servicios centralizados (defensa y embajadas), se mide la capacidad de gasto final y el beneficio real para los ciudadanos. Con un déficit del 8,2% del PIB con el primero y del 5,7% con el otro, es evidente que hay margen para negociar un nuevo grado de solidaridad. Algunos apuestan por dejarlo en la mitad.