Grefusa, el rey valenciano de las pipas y los 'snacks' que factura 166 M€
La empresa de Alzira, creada hace casi un siglo, pasó de ser una compañía familiar a uno de los líderes del sector de los frutos secos
En un extremo de la avenida, está el Colegio de Educación Infantil y Primaria Vall de La Casella. En el otro, un pequeño parque con columpios. Entre medias, se alzan unas cuantas casas unifamiliares nuevas, que se combinan con un gran descampado lleno de chatarra, un aparcamiento al aire libre y un campo recién segado. Es una zona de Alzira, en la Ribera Alta, a medio hacer: el uso residencial convive con vestigios del pasado agrícola e industrial. De hecho, muy cerca había estado la fábrica de Grefusa, una de las empresas históricas de las pipas, los frutos secos y los snacks en España. No es casual, pues, que desde enero de 2013 esta nueva avenida lleve el nombre de José Gregori Furió, que fundó la compañía en 1929.
Casi cien años después, Grefusa continúa a buen ritmo. La compañía cerró 2024 con una facturación de 166 millones de euros y un beneficio de 15,4 millones, un 6% más que el año anterior. Cada año se consumen aproximadamente 275 millones de bolsas de sus productos, desde los míticos Gublins y Papadelta hasta El Piponazo, el MisterCorn, las Pipas Tijuana o los Snatt’s. La empresa, que da empleo a más de 700 personas, mantiene sus plantas productivas en Alzira y en Degradas, en Portugal, y ha reforzado en los últimos años el negocio de los frutos secos con una nueva fábrica de más de 9.500 metros cuadrados en la localidad valenciana.
La historia comienza en 1929, cuando José Gregori Furió fundó en Alzira un negocio dedicado inicialmente al almacenamiento y la comercialización de productos del campo. Todavía no había bolsas de colores, ni mascota, ni snacks: en aquel primer momento, la empresa se movía en un entorno mucho más arraigado al comercio agrícola local. El gran paso llegó a partir de 1950, cuando se especializó en frutos secos y, sobre todo, en el cacahuete valenciano, un producto que le permitió empezar a construir una identidad propia dentro del sector alimentario.
El crecimiento del negocio hizo necesario registrar una marca comercial. Así nació Grefusa, un nombre construido a partir de los apellidos del fundador: Gregori Furió, sociedad anónima. La marca condensaba el origen familiar de la empresa, pero también marcaba el inicio de una etapa más ambiciosa. En 1962, los hijos de José Gregori Furió, Alfredo y Agustín, se incorporaron al negocio y tomaron el relevo. Con ellos, la compañía amplió la actividad y comenzó a tostar frutos secos.
Los snacks: una apuesta arriesgada
Durante años, aquel modelo funcionó. Pero el salto que cambió de verdad Grefusa llegó en los años ochenta, cuando la segunda generación decidió llevar la empresa hacia un terreno nuevo: el de los snacks. La compañía venía del mundo de los frutos secos y hacer este viraje exigía invertir en maquinaria, asumir riesgos y competir en una categoría mucho más vinculada al consumo impulsivo, el ocio y la construcción de marca.
Por eso, la marca engrasó la maquinaria publicitaria. En 1986 Grefusa creó Grefusito, su mascota. Dos años más tarde, en 1988, dio el paso definitivo con el lanzamiento de Papadelta, el producto que marcó la entrada de la empresa en el mundo de los snacks. A partir de aquí, Grefusa encadenó una década decisiva: en 1990 lanzó El Piponazo, una pipa extragrande que se presentó como la más grande del mercado; en 1991 llegaron los Gublins, con una forma alargada y difícil de imitar; y en 1993 nació MisterCorn, el maíz crujiente que acabó convirtiéndose en otro de sus productos emblemáticos.
Sus productos se empezaron a vender en bolsas pensadas para vender en el quiosco o en el supermercado y consumirlos en el patio del colegio, en el aperitivo o en un banco con amigos. En 2001 Agustín Gregori Bernabeu asumió la dirección general y lideró el tercer relevo generacional. Ese mismo año, la compañía lanzó las Pipas G Tijuana, las primeras pipas con sabor. El producto funcionó de inmediato y se convirtió en uno de los grandes éxitos de la marca.
En los últimos años, Grefusa ha reforzado esta estrategia con nuevos movimientos empresariales. En 2007, inauguró la línea Snatt’s, orientada a un consumidor que busca productos con cierto equilibrio nutricional. En 2018 adquirió la portuguesa Frutorra, especializada en frutos secos, y firmó una alianza con el grupo alemán Intersnack, uno de los gigantes europeos del sector.