El sitgetano que acudió a Cuba y dio un presidente al Barça
Rafael Llopart fue nombrado hijo adoptivo de Guantánamo e hijo predilecto de Sitges
El 29 de junio de 1915, en medio de una caótica asamblea de socios, el FC Barcelona eligió a nuevo presidente. El motivo del desbarajuste vivido en aquella reunión hay que buscarlo en una maniobra de la oposición para boicotear el nombramiento de quien hasta entonces era presidente interino, el capitán del ejército Joaquín Peris de Vargas, gran favorito para ganar la votación. Acatando las órdenes del capitán general de Catalunya, que había recibido una misteriosa carta de los opositores, Peris se retiró de los comicios, frente a la estupefacción general. El beneficiado de este movimiento de última hora fue Rafael Llopart Vidaud, antiguo directivo y nacido en la isla de Cuba –al igual que Peris–, que sería el nuevo presidente. Que Llopart hubiera nacido en Antillas y llevara un segundo apellido francés son efectos colaterales de la aventura que su padre, Rafael Llopart Ferret, inició muchos años antes.
- 1847-1927
En 1860, con sólo dieciséis años, el sitgetano Rafael Llopart Ferret puso los pies en la isla de Cuba con la intención de abrirse camino en el mundo de los negocios. Una vez allí, se instaló en casa de Cristóbal Brauet, otro emigrante originario de Sitges. Tres años después, Llopart ingresó en la Compañía de Voluntarios de Guantánamo, un cuerpo militar que con el tiempo iría cogiendo un papel protagonista en la lucha contra los movimientos secesionistas de la isla caribeña. En el ámbito profesional, se integró en la Sociedad Comercial C. Brauet y Cía., que tenía intereses en el comercio en el general –especialmente el azúcar– pero también en la banca y los seguros.
El progreso económico de la empresa de Brauet, donde Llopart acabó siendo socio, permitió a nuestro protagonista alternar con las élites cubanas y prueba de ello es que se casó con Maria Vidaud Caignet, una antillana descendiente del noble francés Jean-François Vidaud du Dot Francesa. En el terreno militar también prosperó, al llegar al rango de teniente coronel sirviendo a la mencionada compañía de voluntarios, y más tarde al Batallón de Voluntarios Cazadores de Guantánamo, hasta que en 1883 puso el punto final a su carrera castrense. A partir de 1880, y durante un período de seis años, fue alcalde de Guantánamo, en una época en la que la ciudad experimentó un gran desarrollo. Dos años después de dejar la alcaldía, representó a la diputación provincial de Santiago de Cuba en la Exposición Universal de Barcelona. Son unos años en los que destaca por su actividad filantrópica, como por ejemplo con su implicación durante la epidemia de viruela en Guantánamo (1887).
La transformación ideológica que experimentó una vez abandonadas las obligaciones militares es evidente, porque entre 1886 y 1890 fue diputado provincial por el Partido Liberal Autonomista, una formación que reclamaba una constitución específica para Cuba, así como ciertas dosis de autogobierno. Precisamente ese 1890 tomó la decisión de retirarse del día a día de sus negocios y volver a Cataluña. Esto no quiere decir que se desvinculara por completo, porque a través de sus hijos y de otros representantes mantuvo intereses comerciales, sobre todo en el ámbito del azúcar, un sector tradicionalmente controlado por catalanes. Años más tarde, las inversiones las centralizó en la empresa Compañía Azucarera Oriental Cubana, fundada en 1914.
Productor de moscatel
Su vida en Cataluña desde el regreso la repartió entre Barcelona y Sitges, pasando medio año en cada sitio. En este período, lejos de estar jubilado, fue muy activo, tanto desde el punto de vista social, como del de los negocios. En la villa de Sitges, fue presidente de la prestigiosa Sociedad el Retiro (1898-1900), el lugar al que iba a jugar interminables partidas de cartas, y también de la Sociedad Agrícola Suburense (1902-1903). En los negocios destacó por la producción de moscatel de gran calidad, que exportaba a Cuba y que le permitió recibir la acreditación de proveedor de la Casa Real española. Aparte de comprar muchas fincas rústicas en las cercanías de Sitges, también fue socio de La Tropical, una tienda de ultramarinos ubicada en la Rambla de Canaletes y de la empresa textil Vidal i Martí.
Todavía regresaría a Cuba algunas veces más desde 1900 y en uno de ellos fue nombrado hijo adoptivo de Guantánamo (1912), una distinción similar a la que recibió seis años más tarde cuando le hicieron hijo predilecto de Sitges. Además, en su ciudad natal le pusieron su nombre a una calle, justo donde se encuentra la gran casa de los Llopart, que todavía pertenece a la familia.