Infraestructures
Economía 24/12/2021

La fiebre española del AVE

Con la llegada de la alta velocidad a Galicia, España consolida su posición como segundo país del mundo con más kilómetros de alta velocidad

4 min
UNA INVERSIÓN SIN REGRESO 
 01. El AVE llegó a Girona el 2013. 02. Luis Garicano, el gurú  económico  de Ciutadans.

MADRIDSi España aparece arriba en un ranking, este es el del alta velocidad. Con 3.700 kilómetros construidos o proyectados, es el segundo país del mundo con más línea de AVE, solo por detrás de la China, que tiene 31.000 kilómetros de alta velocidad, y por delante de Japón. Una línea que, en el caso español, y desde su inauguración hace casi 30 años, ha dibujado un mapa radial en el que todos los caminos llevan a Madrid, replicando el esquema de carreteras. El mapa tiene desde este martes un nuevo punto de conexión: Galicia, y en concreto Ourense.

El camino hasta aquí, sin embargo, no ha sido fácil. Después de múltiples incumplimientos –la primera promesa la hizo en los años 80 Abel Caballero (PSOE), ministro de Fomento durante el segundo mandato de Felipe González, que aseguró que el alta velocidad llegaría a Galicia en 1993– el sueño de muchos gallegos de tardar menos de cuatro horas en llegar a Madrid en tren es perfectamente posible. Ahora, ir del kilómetro 0 del Estado a Ourense se traducirá en poco más de dos horas de trayecto: 2 horas y 15 minutos.

Desde que se puso la primera piedra han pasado más de 16 años. "Es una deuda histórica", asumía la ministra de Transportes, Raquel Sánchez (PSOE), el día de la inauguración. Ella es la sexta responsable política en pasar por esta cartera desde que se proyectó el AVE en Galicia. Mientras tanto, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo (PP), lo resumía como un hito que marca "un antes y un después". Los dos estaban acompañados del presidente español Pedro Sánchez, así como del rey Felipe VI, en una ceremonia inaugural que trasladaba al imaginario colectivo a los años de bonanza económica del Estado , antes de la crisis financiera, cuando cortar cintas o destapar placas formaba parte de la agenda política semanal.

¿Se ha vuelto a aquellos tiempos? "España está en obras, obras por llenarlas", proclamaba hace unos días la secretaria de estado de Infraestructuras, Ana Pardo de Vera, en un almuerzo informativo. El matiz que acompañó aquella afirmación no pasó desapercibido. De hecho, ella misma lo remató: "A la red convencional se le ha hecho muy poco caso. Hemos tenido una debilidad a la hora de planificar [el AVE]. Nos hemos gastado más de 60.000 millones de euros y no siempre se estaba utilizando", asumía De Vera, resumiendo así los dos fantasmas que persiguen el alta velocidad en España: su poca demanda en comparación con la red convencional y una inversión que difícilmente se rentabilizará.

Más de 10.000 millones

Sin ir más lejos, la inversión final de la línea Ourense-Madrid se ha saldado con más de 10.060 millones de euros. La misma Airef concluyó en un informe del verano pasado que la rentabilidad socioeconómica del AVE es "entre nula y mínima" en todos los corredores. Pero los avisos ya venían de antes. El año 2015 los profesores Gerard Llobet y Ofelia Betancor publicaban un estudio que concluía que ni siquiera el corredor con más viajeros, el que va de Barcelona en Madrid, podría recuperar la inversión que se ha destinado. De hecho, según este mismo informe, mientras que en España hay 54 kilómetros de AVE por cada millón de habitantes, en Francia hay 31. Pero el número de pasajeros por kilómetro operativo es de 11.800 personas, muy por debajo de los 61.400 que registra Francia, según estos dos expertos. "En Francia además han evaluado económicamente las inversiones y [el país] tiene claro que no hará ninguna línea nueva hasta que se demuestre que es suficientemente rentable. A diferencia de España, esto ha servido para parar proyectos nuevos, porque no hay suficiente rentabilidad. [En España para construir] basta con que un político diga que generará prosperidad económica", explica el profesor de economía de la UB Daniel Albalate.

"Bienvenido sea el AVE, pero al regional lo defenderemos cueste lo que cueste", matizaba hace poco tiempo un alcalde gallego al diario ARA . Esta es una de las grandes piedras en el zapato para los vecinos, que si bien ven como se reduce el tiempo entre Ourense y Madrid, un trayecto de 120 kilómetros, continúan tardando lo mismo o más para ir de Ourense a Vigo, polo industrial y la ciudad más poblada de Galicia, a menos distancia. De hecho, la cara B de la inauguración de esta semana es el abandono de la red de Cercanías, la desconexión de algunas comarcas o la ausencia de alternativas que arrastra la región, denuncian vecinos de la zona, enfadados porque la titular de Transportes aseguró que con la llegada del AVE quedaba atrás la Galicia "aislada y bromosa" que describía Valle-Inclán. Esta situación, sin embargo, no es anómala en otros puntos de España, en especial Extremadura o Murcia, donde continúan teniendo tramos donde no se superan los 40 kilómetros por hora, vías de madera del siglo XIX y kilómetros todavía para electrificar. "Los beneficiados de las conexiones del alta velocidad son las grandes metrópolis, no las ciudades medianas o pequeñas. De hecho, se ha demostrado que hay un drenaje por parte de las grandes ciudades y esto genera desigualdad porque consolida un retraso económico en las zonas menos dinámicas", apunta Albalate.

Con todo, el Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda entre los años 2021 y 2024 compilación el objetivo de llegar a los 8.740 kilómetros de otra velocidad, es decir, que en dos años se tendría que construir más del doble de vía que la que hay en estos momentos. Según datos del ministerio, esto se traduciría en una inversión mínima de 73.000 millones de euros. La pregunta es si este horizonte perpetúa un mapa que, por ahora, no solo se dibuja radial, sino también invertebrado.

stats