Editorial

¿De qué hablamos cuando hablamos de inmigración?

Trabajadores de una explotación de olivos de Lleida
12/02/2026
2 min

Todo el debate en torno a la inmigración tiene muchas aristas y es presa fácil de discursos demagogos y populistas. Por eso es importante tener datos que nos sirvan para analizar el fenómeno en todas sus dimensiones. Es muy interesante el estudio que Funcas ha publicado este jueves y que cifra en un 47% la aportación de los trabajadores extranjeros al crecimiento de la economía española desde el 2022. Es decir, la mitad del crecimiento es directamente atribuible a la inmigración. O lo que es lo mismo, sin esa aportación de mano de obra extranjera el crecimiento sería la mitad, o incluso menor, porque habría sectores enteros al borde del colapso.

Porque efectivamente lo que también constata este informe es que los recién llegados realizan de forma mayoritaria los trabajos más duros y peor pagados, mientras que los locales copan los trabajos que requieren más formación y, por tanto, están mejor remunerados. Ésta es una realidad perfectamente constatable en nuestros entornos más próximos. Sea en los campos en época de cosecha, en mataderos, en las carreteras haciendo reparaciones o en el ámbito de los cuidados, los extranjeros representan ya la mayoría de la mano de obra. En concreto, el sector primario es absolutamente dependiente de los trabajadores extranjeros y también cada vez más otros sectores como el de la construcción. Se calcula que casi todos los 2 millones de trabajadores que se han incorporado a la Seguridad Social desde 2019 son extranjeros, y su aportación es clave para explicar la recuperación de una hucha de las pensiones que estuvo a punto de vaciarse durante la crisis económica.

Es evidente, pues, que la vía que ha encontrado España para crecer muy por encima de la media europea se basa en la llegada de esta mano de obra, lo que hace que hoy en día los extranjeros sean ya una parte sustancial de la población. De hecho, hoy se ha sabido que España ha superado por primera vez la cifra de 10 millones de nacidos en el extranjero. ¿Quiere esto decir que todo son ventajas? En absoluto. La llegada de importantes contingentes de población foránea a cualquier sitio plantea retos importantes en el ámbito de la cohesión social, como la aparición de bolsas de pobreza que también son muy visibles. Siempre ha sido así.

Sin ir más lejos, este jueves el Congreso de los Diputados ha aprobado una ley para endurecer las penas a los delincuentes multirreincidentes con el apoyo de los dos principales partidos, el PP y el PSOE, y de todo el resto de formaciones conservadoras, incluidos el PNV y Junts, que era la fuerza proponente. La multirreincidencia se ha convertido en un problema debido, entre otras cosas, al colapso que viven los juzgados. La extrema derecha relaciona directamente la inmigración con la multirreincidencia mientras obvia los datos sobre el crecimiento económico. Por su parte, Suiza votará en referendo limitar a la población a 10 millones de habitantes (ahora son 9,1). Estos planteamientos pueden seducir a algunos, pero ¿qué pasará cuando la población envejezca? ¿Quién cotizará y pagará impuestos? ¿Cuál será la pirámide demográfica? En cualquier caso, son debates que no se pueden tener sin todas las cifras en la mano.

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