Editorial

Rusia avanza hacia atrás

Un mural con la cara del presidente ruso, Vladimir Putin
20/03/2022
2 min

La Rusia de Vladímir Putin anda como los cangrejos, hacia atrás. Avanza más hacia un país con una minoría dirigente superrica, a la manera de la aristocracia zarista, que hacia una democracia homologable. Del experimento revolucionario socialista, que pronto trajo más terror que igualdad, queda solo la retórica y el espíritu nacionalista y militarista. Con la brutal invasión de Ucrania, Putin se ha sacado todas las máscaras para mostrarse finalmente, sin muchos embudos, como el autócrata que es, un dirigente mesiánico rodeado de plutócratas y encerrado en su palacio. Su persecución implacable de la disidencia, que hace años que resulta evidente, pero que ahora, con la guerra, se ha convertido en obsesiva, puede tener que ver con el miedo subconsciente de que una vanguardia intelectual –periodistas, científicos, artistas...– consiga movilizar a una parte importante de la ciudadanía y lo expulse del poder, igual que los sóviets hace poco más de un siglo, en 1917, entraron en el Palacio de Invierno y fulminaron el régimen zarista. Ahora él es el zar, él encarna y ejerce el poder absoluto, él es Rusia. Una Rusia que, salvo todas las distancias de época y de composición socioeconómica, en términos de poder piramidal es sospechosamente parecida a la de Nicolás II.

Putin ha llevado a la Rusia postsoviética de la tímida y conflictiva apertura democrática de sus predecesores al blackout mediático y democrático actual. Por un lado, ha jugado con la nostalgia del régimen socialista y, por otro, ha dado cuerda a un capitalismo de estado, por no decir un capitalismo de amigos. También ha buscado, como antaño, el apoyo de la Iglesia ortodoxa como nuevo aval identitario, de la mano con un patriotismo de cuño imperial. Y, lejos de modernizar el país en el campo económico, se ha servido de sus riquezas naturales (gas, petróleo) como vía fácil de riqueza, una vía que además le ha permitido mover sus cartas en el juego de la globalización. En Chechenia y Siria había ido tensando la cuerda. Hasta que ahora ha roto la pelea geopolítica en Ucrania. Habrá que ver hasta qué punto China le sigue el juego. Europa y los EE.UU. tienen claro que es un peligro para la humanidad por la amenaza nuclear y que la guerra de Ucrania tiene que ser el principio de su fin. Un fin que se busca a través del ahogo económico, con el que se quiere hacer reaccionar tanto al pueblo ruso, que de golpe puede quedarse aislado del consumismo global y con el poder adquisitivo seriamente afectado, como sobre todo al círculo de oligarcas, que ya están viendo peligrar su capacidad de maniobra y, en definitiva, su patrimonio. Por abajo y por arriba: así se libra la guerra económica contra Putin. Es la batalla para evitar que Rusia siga en regresión, mientras Ucrania se desangra en una guerra también a la antigua, contra los civiles.

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