Editorial

La sombra que proyecta el crecimiento de Alianza Catalana

Cientos de seguidores de Aliança Catalana con Sílvia Orriols al frente.
09/07/2026
3 min

BarcelonaLa encuesta del CEO publicada este jueves confirma lo que ya avanzó el sondeo de ARA publicado en mayo: la formación islamófoba Aliança Catalana supera a Junts y se consolida como el principal partido de la oposición. El salto que dan las de Sílvia Orriols es espectacular, y pasarían de los dos diputados y un 3,8% de los votos que tienen actualmente, a una horquilla de 23-25 y un 15,1% de intención de voto. Es decir, multiplicarían por cuatro los votos y por doce los escaños. Esta gran subida la hacen básicamente a costa de Junts, que perdería la mitad de su representación y pasaría de los 35 diputados actuales a solo 16-18.

Este fenómeno, el de la sustitución de un centroderecha tradicional por una derecha radical de corte populista, no es exclusivo de Cataluña. Ha pasado en Estados Unidos con Donald Trump y el Partido Republicano, en Francia con Marine Le Pen y la derecha gaullista, en Italia con Giorgia Meloni y la democracia cristiana, y está a punto de pasar en Gran Bretaña con Nigel Farage y los tories. Curiosamente, en España no ha pasado, y el PP se mantiene por delante de Vox, aunque completamente condicionado por la extrema derecha.

En el caso de Cataluña, sin embargo, este hecho constituye una muy mala noticia para el catalanismo y proyecta una sombra muy preocupante de cara al futuro, ya que representa la ruptura de los consensos que nos han hecho fuertes como pueblo, especialmente el principio defendido desde Jordi Pujol hasta el PSUC que establece que es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y tiene voluntad de serlo. Aliança Catalana se sitúa fuera de este consenso y proclama que hay personas que, por el hecho de profesar una religión determinada, el islam, no son bienvenidas y no pueden ser consideradas catalanas. En algunos casos esta exclusión de la catalanidad abraza incluso a los castellanohablantes, y dibuja así una sociedad fracturada donde solo unos pocos son los catalanes auténticos. Y este es sin duda el camino más rápido para la desaparición como pueblo, tal como ya vieron los primeros teóricos del catalanismo hace más de un siglo. Quien mejor lo formuló fue el secretario general de Junts, Jordi Turull, cuando dijo que Aliança representaba "la anti-Cataluña".

Precisamente, Junts debe calibrar muy bien cómo afronta esta nueva situación. Es una evidencia que la estrategia actual no les está funcionando, porque han quedado en una especie de tierra de nadie, sin apostar claramente por la negociación con el gobierno del Estado, como había hecho de forma desacomplejada la antigua CiU y hace ahora el PNB, ni confrontar de manera directa con la extrema derecha. Al contrario, ha intentado tímidamente disputarle banderas como la de la inmigración y la inseguridad y subirse al carro del antisanchismo, un camino que ya se ve que no ha conseguido taponar la fuga de votos.

Todos los partidos, sin embargo, también los de izquierda, deben hacer una reflexión sobre cómo tratar con la extrema derecha y combatir el discurso de odio sin parecer moralistas o ajenos a la realidad de la calle. Los problemas deben abordarse, pero con cifras y datos y dejando claro que todo lo que sea alejarse del principio de "Cataluña, un solo pueblo" es un suicidio para un país que siempre ha necesitado la inmigración para progresar.

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