El punto G es un poco como el Santo Grial de la sexualidad. Hace décadas que se habla de él y, a pesar de ello, continúa rodeado de mitos. Durante muchos años nos explicaron que existía un punto mágico en el interior de la vagina que permitía a las mujeres alcanzar el orgasmo con la penetración. Y, sinceramente, esta idea encajaba muy bien con un modelo completamente coitocentrista, que necesitaba justificar que la penetración debía ser el centro del placer femenino.
Ya Freud, desde una visión hoy muy cuestionada, diferenciaba entre mujeres "vaginales" y "clitorianas", y consideraba que las segundas eran sexualmente inmaduras. Una teoría con muy poca base científica que, desafortunadamente, contribuyó a hacer sentir insuficientes a muchas mujeres que no alcanzaban el orgasmo solo con la penetración.
La realidad es otra. Sabemos que solo una minoría de mujeres consigue el orgasmo exclusivamente con la penetración. La mayoría necesita estimulación del clítoris, lo cual es perfectamente normal. De hecho, el clítoris es el único órgano del cuerpo humano destinado exclusivamente al placer.
Y, ¿qué pasa entonces con el punto G? Hoy sabemos que no es un punto concreto ni un botón secreto. Más bien se trata de una zona erógena, conocida como complejo CUV, donde confluyen el clítoris, la uretra y la pared anterior de la vagina. Los primeros centímetros de la vagina pueden ser sensibles, la uretra también puede participar en el placer y, sobre todo, el clítoris continúa siendo el gran protagonista, también desde su parte interna, mucho más extensa de lo que vemos desde fuera.
Así que no, el punto G no es una fórmula mágica para conseguir orgasmos con penetración. Y es que el placer no depende de encontrar un punto secreto, sino de conocer nuestro cuerpo, explorarlo sin presiones y entender que no hay una única manera "correcta" de disfrutar de la sexualidad.