Valentino Garavani: cuando la moda no necesita ruptura
Hay diseñadores que marcan un antes y un después por sus formas rupturistas o por sus planteamientos innovadores, que han transformado de pura cepa lo que hasta entonces había sido la moda. Éste no es, definitivamente, el caso de Valentino Garavani, pero eso no implica que merezca un papel secundario en la historia. Él forma parte del grupo de quienes, sin estridencias, sin rupturas ni voluntad de cuestionamiento, operan como un bajo continuo, aportando estabilidad y coherencia al orden establecido. Y en un sistema tan volátil como el de la moda, en el que cada temporada desaparecen marcas y relatos, mantenerse vigente durante décadas es, en sí mismo, un gesto casi heroico.
En el caso de Valentino, su valor es haber formado parte de una generación de diseñadores que, por primera vez y sin posibilidad de regreso, situaron a Italia en el mapa de la moda internacional. Un mérito nada despreciable si tenemos en cuenta que se trataba de un momento en el que París ejercía todavía una hegemonía indiscutida. Sin embargo, cada uno de estos creadores lo hizo siguiendo estrategias muy distintas.
Mientras Armani –muerte también recientemente– apostaba por repensar los roles de género y la relación entre cuerpo, vestido y poder; Gianni Versace abrazaba la estridencia del lujo pop, y Franco Moschino optaba por atacar frontalmente el elitismo del sistema de la moda, Valentino, en cambio, a través de su característico color rojo (rubio Valentino) como firma visual inmediata antes de la llegada del branding masivo, demostró que el lujo refinado y aristocrático no iba a ser, indefectiblemente, un patrimonio exclusivo de París.