Si alguna vez has fingido un orgasmo... esto va para ti
Fingir orgasmos es mucho más habitual de lo que parece. La mayoría de las veces lo hacen ellas, pero ellos tampoco se libran. Y a menudo no tiene tanto que ver con el sexo como con las expectativas que generamos. Es como si sintiéramos que debemos validar, tranquilizar el ego del otro o demostrar que “ha ido bien”. Aquí entra en juego el imperativo orgásmico: la idea de que una relación sexual solo es completa si acaba con orgasmo.
Pero el sexo no es un partido de fútbol. No hay marcador, ni goles, ni victorias. Y fingir un orgasmo es un poco como marcarse en propia por compasión con el rival y complicidad con el sistema.
A veces fingimos porque queremos acabar ya, porque nos hemos desconectado, porque no sabemos cómo salir de la situación o porque sentimos que decepcionaremos a la otra persona si no llegamos al orgasmo. Pero… ¿y si empezáramos a hacer huelga? Huelga de fingir orgasmos. Huelga de sostener una presión que nos aleja del propio placer. Huelga de convertir el sexo en una “performance”.
Porque es absolutamente legítimo querer acabar una relación sexual en cualquier momento. Igual que es legítimo no tener orgasmos, o no querer perseguirlos siempre.
Socialmente nos han hecho creer que ser “bueno o buena al cama” depende de los orgasmos que provoquemos. Cuantos más, mejor. Pero tu placer no determina el valor de la otra persona, ni la otra persona es la única responsable del tuyo.
Quizás la clave es ser un poco más egoístas en el sexo. Y sí, sé que suena mal. Pero hay que responsabilizarnos de nuestro propio placer y conocernos, escucharnos y comunicarnos mejor. Porque fingir puede evitar un momento incómodo, pero más incómodo es alejarnos de lo que realmente necesitamos.