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El funeral de Harald de Noruega: una gincana por Oslo y algunos encuentros tensos

Un Marius Borg bajo arresto domiciliario y una Mette-Marit que ya ha faltado a algunos actos dedicados a su difunto suegro no son los dos únicos focos de interés del entierro de Harald de Noruega

El rey Haakon y la princesa heredera Ingrid Alexandra
06/09/2026 - 13:00 h.
5 min

BarcelonaMurió el día 28 de agosto y hasta el día 9 de septiembre ha sido y seguirá siendo noticia. Parece una eternidad para un corazón que ya no late, pero las exigencias propias de enterrar a un rey parece que no permiten hacerlo con más celeridad. Y más aún en el caso de un rey como Harald V de Noruega, un monarca querido por su pueblo y que estuvo en el cargo durante 35 años. Quizás si la despedida fuera más rápida, la sociedad noruega lo leería negativamente. Por eso, las exequias del difunto rey contarán con toda la pompa y las fanfarrias necesarias. Incluidos 21 disparos de cañón y un silbato de su barco real.

La fecha que ha anunciado la casa real noruega para el funeral de estado del rey Harald es el día 9 de septiembre. A lo largo de todos estos días, la maquinaria de la institución ha trabajado a fondo para organizar la despedida, que contará con representación de las casas reales europeas y también de muchas otras de todo el mundo, con las cuales el difunto había tenido tiempo de sobra para establecer grandes vínculos durante su extenso reinado. Entre los primeros que han confirmado la asistencia está la familia real sueca, que enviará ni más ni menos que a 10 miembros. Más allá de la evidente proximidad entre las dos familias por razones geopolíticas también está la sangre. El rey Harald era primo segundo del rey Carlos Gustavo de Suecia y tenían como antepasados comunes a Federico Francisco III, gran duque de Mecklemburgo-Schwerin, y a su esposa, Anastasia de Rusia. Los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia, los príncipes herederos Victoria y Daniel, los príncipes Carlos Felipe y Sofía, la princesa Magdalena con su marido, Chris O’Neill, y la princesa Cristina –hermana del monarca– y su marido, Tord Magnuson, serán los representantes de la casa Bernadotte.

Más familia (real)

La familia real noruega, descendientes de la Casa de Glücksburg, están emparentados directamente con la depuesta familia real griega –que a la hora de cerrar este texto todavía no había confirmado a los asistentes– y con la casa real danesa, que ya han anunciado que enviarán al rey Federico y a su mujer, la reina consorte María. A la espera de que se cierre la agenda, no se descarta que la reina emérita de los daneses, Margarita, también vaya. Los reyes daneses han tenido que suspender una visita oficial a Bélgica fijada para el día 8 de septiembre. El interés por suspenderla ha sido mutuo por parte de los dos jefes de estado, ya que Felipe y su esposa, la reina consorte Matilde, también estarán presentes en la catedral de Oslo. La abuela de Felipe, la princesa Astrid, y la madre de Harald, la princesa Marta, eran hermanas.

También tendrán una especial presencia en el acto la familia real holandesa. Además de la lógica presencia de los reyes Guillermo y Máxima, jefes de estado como el difunto, también estarán la princesa heredera Catalina-Amalia y su abuela, la antigua reina Beatriz, actualmente con rango de princesa desde que abdicó a favor de su hijo. La familia real de los Países Bajos ha estado siempre muy unida a la de Noruega. El rey Harald era padrino de bautismo del difunto príncipe Juan Friso, hijo de Beatriz y hermano del actual rey Guillermo. Máxima, por su parte, es madrina de Sverre Magnus, segundo hijo del ya rey noruego Haakon VIII.

Encuentros tensos

Curiosa será la reunión de Mette-Marit con los grandes duques de Luxemburgo, Guillermo V y Estefanía. En los papeles de Epstein que se filtraron, se encontraron conversaciones de la ya reina noruega diciendo que la boda de ellos –que entonces eran herederos al trono– había sido aburridísima y que no les auguraba un matrimonio muy largo. Les acompañará el padre de él, el gran duque emérito, Enrique, que irá sin su mujer, María Teresa, si no hay ningún cambio. De Mónaco, en principio solo acudirá el príncipe Alberto. Nunca se sabe si Charlene estará allí, finalmente. Forma parte de la magia. De fuera de las fronteras europeas ha trascendido que habrá presencia de la casa imperial japonesa. Sin embargo, no serán el emperador Akihito ni la emperatriz consorte Masako, los representantes nipones en el acto. La antiquísima familia estará representada por Akishino y Kiko, que son el hermano pequeño del emperador y su mujer.

Por parte de la familia real española, los enviados serán los reyes Felipe VI y Letizia, así como la reina emérita Sofía. De hecho, esta última es fruto de tantos cruces reales que es familia de todos los otros royals de Europa. A quien no se espera es a las hijas de los reyes, ya que están a punto de empezar el curso. Será curioso ver si Juan Carlos hace el esfuerzo de ir al funeral o no, y si la narrativa que se impone es que no le han dejado asistir para que no pueda haber foto con los reyes actuales o que simplemente él no tiene suficiente buena salud para ir a ningún sitio que no sea a navegar a Sanxenxo y a comer con sus colegas. La comunicación no verbal del hipotético encuentro de los cuatro también será deliciosa.

Una gincana funeraria

Mientras todas estas familias reales y representantes políticos de otros países esperan en la catedral de Oslo a que la obispa Kari Veiteberg celebre el funeral a partir de las 13 h –junto con Olav Fykse Tveit, obispo presidente de la Iglesia de Noruega–, la jornada será bastante más larga para la familia. Según ha trascendido, antes del funeral público hay prevista una ceremonia privada en la capilla del palacio real para los familiares del monarca. Al terminar, se disparará una salva fúnebre de 21 cañonazos desde la fortaleza de Akershus. Cuando hayan acabado de retumbar, el féretro del rey será trasladado hasta la catedral de Oslo. Este traslado consistirá en una procesión muy concurrida en la que estará la familia del difunto pero también personalidades de la vida social, política y religiosa de Noruega, así como algunas personalidades extranjeras.

Durante el funeral de estado habrá un minuto de silencio que se hará extensivo a todo el país. Una vez acabe el evento, habrá una procesión inversa a la primera que conducirá a un grupo de personas –muy menor que la anterior– desde el templo hasta la fortaleza del principio. Allí está la cripta donde Harald, el primer rey nacido en Noruega en más de 500 años, será enterrado en familia y con solo algunos otros monarcas europeos presentes. Una vez concluida esta parte de la liturgia, las banderas dejarán de estar a media asta y se izarán hasta arriba en todo el país. Además, se disparará un doble saludo real y el barco real Norge emitirá una señal que servirá para indicar que todo ha acabado a lo largo y ancho del país escandinavo.

La lupa política

Evidentemente, en este encuentro uno de los principales intereses será ver qué papel tiene la reina consorte Mette-Marit –antigua amiga de Epstein, recién trasplantada de un pulmón y que faltó a algunos de los actos previos al sepelio oficial por motivos de salud– y Marius Borg, el hijo que ella ya tenía antes de casarse con el actual rey y que ahora mismo está en arresto domiciliario después de haber sido condenado a prisión por dos violaciones y maltratos, entre otras vergüenzas. También estará en el punto de mira Marta Luisa, hermana del rey Haakon, y su marido, chamán llamado Durek Verret, que ha dicho públicamente que es medio reptil y que desciende de los faraones egipcios. Verret, como Mette-Marit, también ha tenido problemas de salud recientemente: en agosto se sometió a un trasplante de riñón, motivo por el cual podría ser que se ausentara del funeral de su suegro.

Sea cual sea el resultado de todo este show, que quizás es mejor que el querido rey Harald no haya tenido que presenciar mucho más tiempo, Haakon saldrá al balcón del palacio real para saludar al pueblo, que increíblemente sigue mostrando una gran adhesión a la monarquía. A continuación, todos los mandatarios y monarcas comerán a costa del erario público noruego. Lo que pase entonces, ya no se retransmitirá. ¡Buen provecho!

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