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La herencia de Valentino: un imperio multimillonario que podrían heredar sus (queridos) exnovios

Sin hijos ni sobrinos directos, los dos grandes amores de la vida del creador italiano se perfilan como los herederos de todo su dinero pero también de su imponente colección de mansiones

El diseñador Valentino Garavani
25/01/2026
5 min

BarcelonaVenir de la nada y conseguir permanecer durante cinco décadas consecutivas en la cima de la industria de la moda siendo un icono del lujo y la elegancia es una proeza de tal nivel que si no tuviéramos claro que ha pasado de verdad podríamos ponerlo en duda, y la incredulidad estaría absolutamente justificada. Esto, que Valentino dio con una serenidad y un paso firme admirables, no lo hacen ni mucho menos las figuras más aclamadas del sector actualmente. La mayoría de gente que ahora se dedica a la moda –y no en cargos tan expuestos como el de director creativo de una firma de impacto global...– acaban marchando de la primera línea del sector al cabo de unos años para refugiarse en espacios colaterales porque no pueden soportar sus biorritmos. Es por eso que historias como la del difunto Valentino Garavani, fallecido esta semana a los 93 años en Roma, sólo pueden ir acompañadas por la historia de un patrimonio impresionante que ahora sabremos a manos de quien va a parar.

Garavani, nacido en un pueblecito de Lombardía cuando en Italia aún gobernaba, con mano de hierro, Benito Mussolini, logró construir, a lo largo de su vida, un imperio que algunos medios han fijado, tras su muerte, en hasta 1.500 millones de dólares. La pregunta que subyace tras la desaparición del diseñador es quiénes serán los destinatarios de este vastísimo patrimonio, formado por inmuebles de primer nivel en las plazas más codiciadas del mundo, obras de arte y todo tipo de regalías y activos financieros. La respuesta es todavía incierta. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que en su testamento puede haber hecho cualquier cosa, ya que era hijo único –y, por tanto, no tenía sobrinos directos– y tampoco tuvo nunca hijos.

La familia escogida

Con este punto de partida y tanto patrimonio por repartir es normal que las miradas se centren en su círculo más íntimo, formado por las personas que él convirtió en la familia escogida antes de que se inventara el término. En este contexto, destaca especialmente el nombre de Carlos Souza, un hombre que actualmente tiene 70 años y que conoció en los carnavales de Río de Janeiro. Entonces el brasileño era poco más que un adolescente y Garavani ya había superado los 40. El enamoramiento repentino hizo que, al poco tiempo, el creativo invitara al joven a Europa, algo que cambiaría su destino para siempre. Souza empezó a trabajar para grandes firmas de moda y, al mismo tiempo, rodearse de personas influyentes como Andy Warhol, que le abrieron las puertas de la revista Entrevista. Tras mantener una relación sentimental con Valentino, se convirtió en uno de los relaciones públicas más influyentes de la moda durante muchos años, lo que también afianzó la relación con el diseñador incluso después de haberlo dejado.

La relación sentimental con Souza terminó pero no la amistad, que se ha mantenido intacta hasta el último día. De hecho, el modelo retirado formó una familia heterosexual de la que nacieron dos niños, que fueron, como no podía ser de otra manera, los ahijados del diseñador y las personas que ahora todo el mundo mira como posibles herederos del patrimonio personal del creador junto a su padre. Si bien es cierto que con todo lo que ha trabajado Souza y con cuya buena familia proviene su madre –Charlene Shorto, emparentada con los Thyssen-Bornemisza–, sería raro que después de haberlos visto crecer y haber pasado veranos e inviernos juntos toda la vida, Valentino se marchara de este mundo. Son Sean y Anthony Souza, dos hombres jóvenes discretos sin perfiles en las redes sociales que estos días han acaparado mucha atención mediática.

Una historia de amor de seis décadas

También sería asombroso que no apareciera en la ecuación Giancarlo Giammetti, que fue pareja de Valentino durante los años sesenta y los primeros setenta. Giammetti era un estudiante de arquitectura en Roma que ayudó al diseñador a salvar la firma en 1959 después de que éste volviera de París para fundar su propia marca. Estaba a las puertas de la quiebra pero con el apoyo de Giammetti logró salirse y convertirse en la marca predilecta de las grandes celebrities de la moda de todos los tiempos, desde Audrey Hepburn, pasando por Liz Taylor y Jackie Kennedy. Ésta última le encargó seis vestidos en blanco y negro para llevar en actos que tenía previstos tras la fatídica muerte de su marido. Valentino también le hizo el traje de novia años más tarde para casarse con Aristotelis Onassis. La lista de clientes célebres que vino a continuación no tiene final e incluyó desde la reina a Sofía de Grecia –que tiene una colección considerable– hasta Julia Roberts, que recogió un Oscar con un Valentino blanco y negro que es historia de la moda de los premios de la academia de cine de Hollywood.

Giammetti fue para Valentino lo que Pierre Bergé para Saint-Laurent, su sombra con y sin amor de pareja pero siempre con cariño. De hecho, su vinculación a la firma que llevaba el nombre de su ex ha sido siempre tanta que en su cuenta de Instagram se presenta a sí mismo como cofundador de Valentino. Por todo ello, Giammetti, cinco años más joven que el creador, y que abandonó su carrera por la de su amor en unos tiempos en que las relaciones homosexuales iban acompañadas de todo tipo de adjetivos menos el de "duradoras", es uno de los grandes candidatos a tener un puesto de honor entre las últimas voluntades del creativo.

Una fundación con gran patrimonio

De hecho, tal y como ellos explicaron en el 2008 en el diario La Repubblica sobre la importancia de su relación de pareja, "es la historia de un gran cariño, desarrollado a lo largo de los años, entre dos personas que serían capaces de matar una por otra". Por su íntima relación, Valentino y Giammetti tienen una fundación compartida que también podría aparecer como destinataria de algunos –o de muchos– de los bienes del creador, ya que sería una forma de dotarla de recursos suficientes para dar la larga continuidad que merece la fundación que debe divulgar el impacto del creador en la historia moderna de la moda.

Si bien es cierto que hay un gran imperio por repartir, la marca Valentino ya no era del fundador, ya que se lo había vendido. Actualmente, la enseña romana más emblemática pertenece a los franceses Kering en un 30% y al fondo soberano qatarí Mayhoola For Investments LLC, que tiene un 70%. Genera intriga saber qué ocurrirá con las mansiones suntuosas que Valentino coleccionaba en todo el mundo. Si bien es cierto que, incontestablemente, son un valor inmobiliario y también un legado artístico, ya que la pasión del creador por la decoración las convirtió en espacios casi museísticos. El abanico de inmuebles incluye Villa Letizia, en Roma; Villa La Cercola, en Capri; La Vagnola, en la Toscana; un chalet Alpino en Gstaad; el castillo de Wideville, junto a Versalles; un ático en Manhattan y el barco de 15 millones de euros en el que pasaban los veranos. Todas estas residencias están llenas de obras de arte y mobiliario de época de primer orden que bien podrían merecer un viaje de lujo que los más ricos pagarían con los ojos cerrados. Sin embargo, y como acaba pasando siempre, quizás lo acabaremos viendo vendido al mejor postor en alguna subasta que venderá toda esta belleza a ricos acaparadores anónimos que le apartarán de la luz pública para siempre.

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