El retorno de los talibanes
Internacional 01/09/2021

Biden y la factura de haber dejado Afganistán

El presidente de los EE.UU. confía en la división republicana y en el apoyo ciudadano para salir indemne del caos afgano

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Joe Biden, este martes en la Casa Blanca

BarcelonaNo es de extrañar que Joe Biden concluyera el martes que la retirada de Afganistán había sido un “éxito extraordinario”. El relato que Washington ofreció durante veinte años de ocupación resultó ser una enorme ficción -tal y como explicaba recientemente en estas páginas Mònica Bernabé-, y el epílogo escrito por el mandatario demócrata no desentona del resto de la narrativa. “Ninguna nación ha hecho algo así en toda la historia”, presumió Biden en un discurso con el que trató de poner en valor la rápida evacuación de Kabul de más de 120.000 personas.

Pocas cosas son más del agrado estadounidense que un buen relato (victorioso) y Joe Biden ha encontrado en la épica de los números y la logística el bálsamo con el que blanquear la mala imagen (y, quizá, calmar la conciencia) de su país. En Estados Unidos más importante incluso que lo que haces es cómo lo cuentas, y el presidente se ha defendido de las críticas por el caos con un relato heroico de la operación salida de Kabul y entonando, aunque sea con la boca pequeña, el “misión cumplida”. 

El objetivo era Bin Laden y el líder de Al-Qaeda fue ejecutado en mayo de 2011, apuntó el presidente el martes. El matiz es que, más allá de dar caza al saudí, Washington ha fracasado en todos y cada uno de los objetivos cambiantes con los que ha ido explicando 20 años de ocupación. Es decir, Estados Unidos ha perdido. Por lamentable que haya sido el final en Kabul, la Casa Blanca sabe que los republicanos no pueden aferrarse al caos afgano como estrategia para dañar a Biden y a los demócratas de cara a las elecciones de medio mandato del año próximo. Al fin y al cabo, fue Donald Trump quien pactó con los talibanes en febrero de 2020 dejando de lado al gobierno títere de Kabul. 

Trump y Biden han esgrimido argumentos semejantes para justificar la salida del país. Difieren en la retórica, pero han confluido en el propósito de poner fin al sueño de los neoconservadores de intervenir en otros países para exportar el sistema democrático. El demócrata anunció que con la salida de Afganistán se pone fin “a una era de grandes operaciones militares para rehacer otros países”. Es decir, Biden como culminación de Trump.

Falta de consenso

Las críticas republicanas son unánimes ante la debacle de Kabul, pero no hay consenso en el diagnóstico. Quedan todavía peones de la vieja guardia neocón que inició la “guerra contra el terror” posterior al 11-S. Mitch McConnell, líder de la minoría republicana en el Senado, declaró en Fox News que irse de Afganistán “es una de las peores decisiones en política exterior de la historia americana” y advertía de que “dejamos detrás exactamente lo que fuimos a resolver hace 20 años”. Incluso un aliado fiel del ex-presidente, el líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, ha defendido una cosa y su contraria: tanto la retirada completa de las tropas como pedir mantenerlas en la base de Bagram para poder vigilar la posible actividad terrorista.

La suerte para el demócrata es también que la ciudadanía estaba harta de la guerra, la más larga en la que se ha empantanado Washington. El amplio apoyo a la retirada no va a menguar ni por trece compatriotas caídos en el atentado del aeropuerto de Kabul ni por la suerte que corran las mujeres afganas. “Es una tragedia, pero no es nuestra tragedia”, resumía en la revista The New Yorker el sentir general Richard Fontaine, ex-asesor del difunto senador republicano John McCain. “No hay mucho que nosotros podamos hacer”, declaraban recientemente al New York Times varios votantes tanto republicanos como demócratas. Y si no hay nada que hacer, solo queda irse. Lo que ha hecho Biden.

Féretros de los 13 'marines' de los Estados Unidos que murieron en el ataque del 26 de agosto en el aeropuerto de Kabul.

Sin embargo, la prensa estadounidense ha sido muy dura con el presidente. Incluso hay quien en el Partido Demócrata marca distancias con Joe Biden. El mandatario está en el momento más bajo de popularidad, pero diez puntos por encima a estas alturas de mandato de su predecesor en el cargo, Donald Trump. Por preocupante que resulte la fotografía del momento, Biden sabe que no es la política exterior la que determina la percepción de los votantes.

Como apuntaba a la cadena de televisión PBS la analista Amy Walter, el hecho de que no queden ya tropas sobre el terreno “significa que es improbable que vayamos a tener a diario esas historias en el centro de la atención”. Es decir, Afganistán dejará de existir muy pronto en el día a día de los estadounidenses, más preocupados por salir adelante en una economía todavía azotada por la pandemia. Si Joe Biden consigue hacer ley sus ambiciosos planes de infraestructura, Afganistán quedará sepultado bajo los dólares de una masiva inversión pública.

Fuera de la política doméstica, está por ver qué consecuencias tiene la salida de Afganistán para la relación de Estados Unidos con sus aliados. Donald Trump puso patas arriba las relaciones transantlánticas, mientras Joe Biden ha insistido en que “América está de vuelta”, frase que pretende ser una garantía sobre la fiabilidad y liderazgo de Washington. Claro que el eslogan lo esgrime el mismo Biden que, al poco de iniciarse la invasión de Afganistán, declaró que “si dejamos Afganistán en el caos será otra bomba de relojería experando a explotar”.

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