Internacional 14/03/2021

Las colas del hambre en el este de Londres

Cerca de 1.500 estudiantes internacionales se abastecen semanalmente de un banco de alimentos de East Ham

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Miseria pandémica  en Londres. Quim Aranda

LondresAysha Jolly, de 18 años, estudiante de geografía en el University College London (UCL), y Mariya Bhad, de 19, que estudia moda en el London College of Fashion de la University of the Arts London, han llegado a las diez de la mañana de martes (9 de marzo) al 259 de Katherine Road, un local comercial de unos cien metros cuadrados situado en el barrio de East Ham, al este de Londres. Poco después de las cinco de la tarde, Aysha y Mariya se van. Han completado su jornada de voluntariado en el banco de alimentos de Newham Community Project, una organización nacida a la sombra de la entidad benéfica musulmana Abdullad Aid. Junto con otras dos personas, también cooperantes, han dejado preparadas unas 250 bolsas de comida que a partir de las siete del anochecer se repartirán, sobre todo, entre estudiantes como ellas. La diferencia, que no es poca, es que tanto Aysha como Mariya son británicas, viven con sus padres y en casa no pasan hambre.

East Ham forma parte del distrito de Newham, epicentro de los Juegos Olímpicos de 2012. La lluvia de millones (9.000) cambió el paisaje –un estadio nuevo, un gran centro comercial, un velódromo, una piscina olímpica, y torres de pisos carísimos–, pero no la vida de la inmensa mayoría de sus vecinos: ni la de los de siempre –a principios del siglo XX, judíos de Alemania; después de la Segunda Guerra Mundial inmigrantes de las colonias y ex colonias: India, Pakistán, Bangladesh y el Caribe– ni la de los recién llegados, del este de Europa. La proximidad a Canary Wharf y la City financiera no han paliado las tradicionales desigualdades. Al contrario. Cuando estalló la pandemia, una de cada 25 personas no tenía hogar, la tasa más alta en Inglaterra. La pobreza infantil llegaba al 67% y el paro, en marzo de 2020, era del 14%, el doble de la media de Londres. Ahora es superior. La tasa de asesinatos anual es también la más alta de la ciudad.

Elyas Ismail y Imram, en frente del local del banco de alimentos del Newham Community Project

Uno de los estudiantes que se lleva un par de bolsas preparadas por las voluntarias es Imram, de 25 años, de nacionalidad india. Ha llegado al local un par de horas antes de que abran. No podía esperar. Pero Elyas Ismail, de 55 años, contable de profesión y promotor del banco de alimentos, lo conoce bastante bien, lo aprecia. Y le quiere hacer la vida más fácil.

Imram, estudiante de posgrado, cursa un curso de gestión de ingeniería en la Universidad de Greenwich. Llegó a Londres en enero de 2020. Dos meses después empezó el primer confinamiento. Se quedó sin el trabajo a tiempo parcial que tenía: camarero. Sus ingresos se hundieron. Consigue, gracias al imprescindible envío de dinero familiar, 800 libras al mes. Pero la habitación que ocupa con su mujer, en las buhardillas de una casa de seis, y donde viven 15 personas en total, cuesta 670. "Sin la ayuda de Elyas, no podríamos comer". Su mujer no trabaja. Tampoco estudia. "Quiero que vuelva a India ya. En esta situación, sin trabajo, quiero decir, Londres es insostenible". A veces, incluso con trabajo también lo es. Confiesa que se está llenando de deudas con sus familiares.

Una realidad que se normaliza

La historia se repite una y otra vez. Estudiantes extranjeros, sobre todo de India –Vamshi, de 23 años; Santhsh, de 25–, pero también de China, de Bangladesh –Balaji Naik, de 22 años– o incluso de Grecia –Yiannis, de 20 años– que necesitan lo que les dan para no pasar hambre. Martes y sábados, los estudiantes –"entre 1.300 y 1.500 a la semana", dice Elyas Ismail– saben que tienen un lugar donde ir.

"Antes de la pandemia, los trabajos a tiempo parcial disfrazaban una realidad que ya era muy dura. Pero a raíz del covid, todo esto ha quedado a la vista y las condiciones han empeorado, con sueldos por hora de 1,5 o 2 libras", comenta Ismail. "El año pasado no era consciente del problema. El primer confinamiento empezó poco antes del Ramadán, organizaron una recogida de alimentos para distribuirlos entre la comunidad. Solo unos treinta paquetes".

Interior del local del banco de alimentos de Newham Community Project

Reparten comida. La voz corrió a medida que las necesidades crecían. De repente, aparecen en un par de meses entre 700 y 800 estudiantes sin recursos, que quedaron atrapados en Londres, endeudados en sus países para poder pagarse los estudios en el Reino Unido, y que necesitan alimentos y material básico de higiene, porque los trabajos a tiempo parcial que hacían habían desaparecido. Ahora, un año después, hay poco más de 400 direcciones registradas en el banco. Y en cada dirección, en cada casa, pueden vivir entre nueve y quince personas, en función del número de habitaciones.

Mapa de situación de East Ham

Vamshi, también de India, de 23 años, estudiante de la Kingston University, todavía tiene suerte. Porque trabaja para Uber Eats repartiendo comida. "Un día bueno que no tuviera que estudiar mucho, pedaleando hasta 14 horas, podía sacar 80 libras. Pero esto era antes de la pandemia. Ahora, el trabajo se concentra de 5 a 9 del anochecer. "A lo sumo saco 20 los días que trabajo, que no son todos".

Comparte no una casa, ni siquiera un piso, sino una habitación con dos amigos más. "Cada uno pagamos 250 libras al mes". Vamshi tiene un poco de ayuda de sus padres, poco más de cien libras al mes. Shahadat Hussaim, de 27 años, de Bangladesh, estudiante de la West London University del curso de Business Administration, se encuentra en las mismas condiciones. "Ayer conseguí treinta entregas trabajando para Uber Eats". Un buen día.

Zaynab Ali, en el momento de entregar su donación al banco de alimentos, el pasado Martes

El esfuerzo del banco es posible gracias a los vecinos, dice Elyas. "Nuestra religión nos enseña a pensar y sentir que si das, tu riqueza aumenta porque compartes lo que tienes, que es un don de Diós". Las donaciones en metálico pagan el 60% de la comida que se distribuye; la aportación financiera del distrito, el 20 o 25 %, y el resto son donaciones de comida directas.

Como la que ha hecho Zaynab Ali poco antes de abrir, trabajadora del departamento de tecnología de JP Morgan. "Hace dos semanas vi como la cola daba la vuelta a la esquina y llegaba a mi casa, y he decidido a colaborar, y he implicado a mis amigas. Por suerte, la pandemia no ha afectado mi nivel de ingresos". Su relato y el porqué se ha implicado es la otra cara de la moneda, la parte imprescindible para que East Ham todavía sea un lugar, a pesar de todo, habitable. La palabra solidaridad tiene más sentido que nunca en el este de Londres.

La vivienda, un mal endémico de la capital británica

Entre 2018 y 2019, el último curso del que hay datos oficiales, 485.000 estudiantes extranjeros llenaban el 20% de las plazas universitarias del Reino Unido. De estos, 343.000 de países de fuera de la Unión Europea, como China o India. El coste de una matrícula puede oscilar entre las 14.000 y las 20.000 libras. Todos los que se acercan al banco de alimentos de East Ham no tienen unos padres detrás que les puedan pagar el alquiler de una casa o un piso. El resultado es que caen en el salvaje mercado inmobiliario de Londres.

Newham es una zona especialmente problemática. No hay vivienda social. 28.000 personas esperan una oportunidad para acceder a uno, pero no hay, y 5.000 ocupan un hogar provisional.

La presencia de estudiantes extranjeros es un añadido a la presión inmobiliaria. Se instalan porque el barrio es uno de los más baratos de la ciudad. Pero precisamente por la mucha demanda de gente joven de tener un techo, los propietarios se aprovechan. "No es extraño que un dormitorio de una casa albergue a una familia de cuatro o más personas, con literas instaladas en las salas de estar, los garajes, los sótanos y las jambas de los pasillos, mientras que una docena o más personas a menudo comparten un solo baño ", denunciaba recientemente el parlamentario del distrito, Stephen Timms. La especulación es salvaje. Y una prueba más es la renovación del contrato de alquiler del local que ocupa el banco de alimentos. "El año pasado, 900 libras al mes. Este año, 1.250", dice, resignado, Elyas Ismail.

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