Derribar al gobierno de Maduro, gran prioridad de Trump

Trump culmina su doctrina en América Latina con la captura del líder venezolano

El general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, habla mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le observa durante una rueda de prensa posterior a un ataque estadounidense a Venezuela en el que fueron capturados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
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WashingtonEn medio de la noche y al abrigo de los bombardeos sobre Caracas, Estados Unidos ha conducido la mayor operación sobre Latinoamérica que se recuerde en décadas. El secuestro del dictador venezolano Nicolás Maduro, que será juzgado en Nueva York, es una declaración de cómo el sheriff de Washington piensa también ser el cacique de todo el hemisferio sur. Las ambiciones de revivir la doctrina del patio trasero habían quedado más que patentes en la escalada de los últimos meses: en septiembre se desplegaba una gran flota de los buques de la marina en los límites de las aguas internacionales, y al poco empezaba la campaña de ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico, bautizada como "Operación Lanza Sur". A finales de noviembre, Donald Trump intensificaba su guerra de nervios asegurando que le quedaban pocos días a Maduro.

Los fantasmas de la invasión de Irak planeaban este sábado sobre Washington, aunque desde el minuto uno el presidente insistía en que se trata de operaciones concretas contra lo que llama narcoterrorismo. Pero las acciones tomadas contra las supuestas narcollanchas, abatiendo las naves unilateralmente basándose sólo en acusaciones de que sus tripulantes pertenecían al narco, recuerdan mucho a las acciones tomadas en la lucha contra Al Qaeda. Si se revisita la década de los 80, también existe un paralelismo evidente con la captura del dictador panameño Antonio Noriega por parte de George Bush padre.

La narrativa de la lucha contra el narcotráfico que todo este tiempo ha sostenido la administración estadounidense es un fino velo tras el que se vislumbra el interés de controlar las reservas del petróleo venezolano. "Tenemos las mejores compañías petroleras del mundo, las más grandes, las mejores y estaremos muy involucrados [en la industria petrolera venezolana]", decía Trump en declaraciones a la Fox el sábado por la mañana mientras Maduro y su esposa ya estaban retenidos en un barco de guerra y de camino en EEUU. Horas más tarde admitía que las petroleras de EE.UU. serán las encargadas de gestionar, hasta nuevo aviso, las reservas del país latinoamericano.

ElAmerica First que prometía Trump en su campaña no era un simple aislacionismo, sino la aceptación de un nuevo orden internacional con Estados Unidos recuperando el control de aquellas regiones que considera sus áreas de influencia natural. En los últimos años China ha ganado un mayor peso en la región a través de su programa conocido como la Nueva Ruta de la Seda, lo que ha preocupado a Washington. De hecho, en medio del mostrador también están las rutas comerciales del Caribe y el canal de Panamá, sobre el que Trump ya había hecho explícitas sus aspiraciones de anexionárselo.

Sin consulta con el Congreso

Si los ataques contra las naves en el Caribe y en el Pacífico Oriental ya provocaron que el Congreso levantara las cejas ante unas acciones que responden a un marco de guerra, la captura de Maduro desatará aún más el nerviosismo. Los congresistas habían pedido explicaciones a la administración Trump para que explicase bajo qué autoridad había decidido emprender acciones de guerra fuera del país cuando la autoridad para declarar una guerra recae exclusivamente sobre el legislativo. El presidente ya en su día desestimó que fuera necesario consultar con el Congreso estas cuestiones. En cierto modo, la captura de Maduro también supone una grieta más en el sistema democrático estadounidense con Trump acumulando más poder del que le corresponde como presidente. Cuando Bush padre intervino en Panamá para secuestrar a Noriega tampoco consultó el Congreso.

Paradójicamente, aunque Trump nunca hizo explícito el derribo del régimen de Maduro como una de sus prioridades internacionales –siempre se ha llenado la boca con Gaza y Ucrania– la captura del dirigente venezolano se apunta como uno de los grandes éxitos de su política. Operación que lleva la rúbrica de otros dos nombres: el secretario de Estado, Marco Rubio, muy duro con Venezuela y Cuba, y el senador Bernie Moreno. El republicano, nacido en Colombia y que más tarde adquirió la ciudadanía estadounidense, también ha hecho campaña para extender las presiones al gobierno de Gustavo Petro.

A mediados de noviembre, en plena ebullición de las presiones militares contra Maduro y la expansión de los ataques militares contra las supuestas narcollanchas en el Pacífico Oriental, saltó a la prensa latinoamericana una fotografía tomada en el Despacho Oval el 21 de octubre en la que aparecían Maduro y Petro. El análisis de la imagen fue publicado por la revista Cambio. Quien sostenía la imagen era el subjefe de gabinete, James Blair, donde se incluía un memorando del senador Moreno, titulado "Doctrina Trump". Las imágenes atizaban el fuego de la guerra psicológica después de que Trump hubiera autorizado operaciones encubiertas de la CIA dentro de Venezuela.

Poco después de la filtración de las imágenes, a principios de diciembre se conocía la llamada del 21 de noviembre entre Maduro y Trump, donde también había estado presente Rubio. El presidente estadounidense le ofreció al dictador una salida negociada, algo que el venezolano rechazó de facto al dejar que el plazo que Washington le había ofrecido se agotara. Fue pocos días después de la expiración del salvoconducto que Trump aumentaba la presión con una amenaza pública de una invasión terrestre. Tres días después de arrancar el nuevo año, las amenazas se han hecho reales. El patrón seguido por Trump con Venezuela es el mismo aplicado el pasado mes de mayo en Irán, con un mensaje claro: Washington no dudará en utilizar su fuerza e ignorar el derecho internacional para defender sus intereses. Todo, bien envuelto en un oxímoron orwelliano prestado de Reagan: "Peace through strength" (Paz por la fuerza).

El régimen de Maduro hace tiempo que no es reconocido por Estados Unidos. La legitimidad del líder chavista quedó en entredicho en el 2024 después de que su victoria electoral fuera proclamada por el Consejo Nacional Electoral (un órgano controlado por el gobierno de Maduro) y de la no publicación de las actas electorales. Ya en su día, la administración del expresidente Joe Biden reconoció al candidato de la oposición, Edmundo González, como ganador de estos comicios. La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, reciente ganadora del Nobel de la Paz, también ha estado reclamando desde la clandestinidad una intervención estadounidensepara derribar el régimen de Maduro.

Durante su primera administración, Trump ya intentó derrocar al régimen de Maduro apoyando el alzamiento del opositor Juan Guaidó en el 2019 bautizada como "Operación Libertad". En ese llamamiento a la destitución de Maduro se sumaron militares y civiles. En ese momento Maduro ya acusó a Estados Unidos de conspirar para provocar un golpe de estado dentro de Venezuela.

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