De la II Guerra Mundial a Trump: los fracasos de Europa para conseguir la independencia militar
Los aliados europeos vuelven a debatir cómo avanzar hacia una mayor autonomía en defensa respecto a Estados Unidos
BruselasEl regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y las constantes amenazas contra los aliados europeos de la OTAN han hecho reavivar el debate sobre la dependencia militar de la Unión Europea respecto a Estados Unidos. Los dirigentes comunitarios hablan insistentemente de autonomía en materia de defensa, y se prevé que sea uno de los temas centrales de la Conferencia de Seguridad de Múnico que se inició este viernes. Incluso crecen las voces favorables a un organismo similar y paralelo a la Alianza Atlántica de raíz estrictamente europea. Ahora bien, aunque es un anhelo que viene de lejos, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, nunca ha terminado de fructificar.
El primer intento, y el más ambicioso, se produjo justo después de la creación de la OTAN, en la que Estados Unidos y buena parte de los socios europeos se unieron contra la expansión de la Unión Soviética. El hecho de que la Alianza Atlántica estuviera controlada de facto por el Pentágono animó a los miembros de la entonces Comunidad Europea del Carbón y el Acero a querer crear la Comunidad Europea de la Defensa.
Los gobiernos de los estados que formaban el proyecto europeo ya habían acordado crear el organismo en 1952, pero algunos aliados presentaban reticencias, como Francia e Italia, ya última hora París se echó atrás. Francia es celosa de su autonomía militar e históricamente se ha mantenido contraria a ceder competencias a Bruselas en defensa. Es el único país de la UE que posee arsenal nuclear y también el único aliado de la OTAN que no forma parte del programa nuclear de la Alianza.
Juraj Majcin, analista del think tank europeo EPC, explica al ARA que el retroceso de Francia se debió a dos motivos principales: la muerte de Yosif Stalin, que se veía como el fin de la URSS más expansionista, y el inicio de la Guerra de Corea, que desviaba el foco y el potencial peligro que suponía el conflicto entre el bloque capitalista y el comunista fuera del continente europeo. Además, el experto recuerda que Francia se encontraba en un momento de debilidad por la crisis de la Cuarta República y que estaba desarrollando capacidades nucleares que no quería compartir con el resto de países europeos.
Atrapados en el estado nación
Por otra parte, el doctor en historia de la Universidad de Barcelona Xavier Hernández Cardona apunta a que la falta de una unión en defensa a escala europea y la dependencia respecto al Pentágono es consecuencia del "fracaso" de los socios europeos a la hora de crear un "supraestado nación". "Los estados miembros se mostraron refractarios a ceder competencias, y la tendencia actual es un auge del nacionalismo de los estados nación", apunta el experto.
En todo caso, el investigador del EPC matiza que la Comunidad Europea de la Defensa tampoco habría sido completamente independiente. Sus tratados preveían una "coordinación" con la OTAN, que ya se había creado y se encontraba bajo mando estadounidense.
El Eurocorps
Más allá de Francia, que es la principal potencia militar de la UE y siempre ha presionado para ganar autonomía, el conjunto de los aliados europeos también han dado pequeños pasos hacia una unión militar durante las últimas décadas. Con el fin de la Guerra Fría, París y Berlín –más adelante se sumaron más socios– asumen que la presencia militar de Estados Unidos en Europa se reducirá y crean el Eurocorps, un cuerpo de acción rápida que podría llegar a sumar 60.000 efectivos en caso de emergencia. Sin embargo, está bajo mando de la UE, pero también de la OTAN.
En el mismo contexto, poco después de la caída del Muro de Berlín se incluye un primer marco legal de política militar conjuntado en los Tratados de Maastricht de la UE en 1992. Las primeras operaciones conjuntas del bloque europeo no llegaron hasta 2003 y, ya con la creación de la Agencia Europa de Defensa, se incrementó la coordinación y cooperación.
En los últimos años, con Josep Borrell al frente de la cartera de Exteriores y Defensa de la UE, Bruselas intentó crear una especie de ejército europeo que quedó en casi nada, más allá de otras fuerzas europeas de acción rápida. También impulsó las primeras medidas de estrategia de industria bélica unida y, el pasado año, el bloque europeo empezó a desplegar el plan del Gran Rearme, que también incluye diversas iniciativas conjuntas, sobre todo en materia de financiación para incrementar las capacidades armamentistas.
El actual comisario europeo, Andrius Kubilius, está presionando cada vez más para avanzar hacia la autonomía militar. La última propuesta del ex primer ministro lituano es crear unas fuerzas armadas conjuntas a escala de la Unión Europea y, por ejemplo, sustituir a los 100.000 efectivos estadounidenses que están en bases de todo el continente europeo. También propone crear un Consejo de Seguridad de la UE que incluya a aliados muy cercanos, como Reino Unido –la segunda potencia militar europea–, Noruega –clave en la seguridad del Ártico– y la Comisión Europea y el Consejo de la UE, el organismo comunitario que representa a los Estados miembros.
A pesar de las declaraciones de Kubilius, que está respaldada por algunos estados como España, este no es en estos momentos el consenso general. La propia jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, descartó la semana pasada fundar un organismo militar europeo paralelo a la OTAN. Y, de hecho, es la posición de buena parte de los países del este de Europa, los que se sienten más dependientes de la protección del Pentágono y temen más al expansionismo de Rusia.
Sea como fuere, la autonomía en defensa es ahora uno de los grandes debates de la UE. Esta semana, precisamente, se ha celebrado un Consejo de la UE de Defensa, un encuentro de ministros de Defensa de la OTAN y la Conferencia de Múnich. Uno de los principales temas que ha sobrevolado las reuniones ha vuelto a ser cómo avanzar hacia la llamada independencia militar de Europa.