El imperio mediático de Orbán se hunde con la retirada de dinero público del nuevo gobierno
Los medios públicos húngaros, convertidos en maquinaria de propaganda de Fidesz, despiden a cientos de trabajadores y suspenden los telediarios
Barcelona"Lo que ha estado pasando aquí desde 2010 es algo que Goebbels y el régimen de Corea del Norte admirarían". De esta manera, Péter Magyar apareció prácticamente por primera vez en la televisión pública húngara, tres días después de haberse convertido en el primer ministro electo del país en una victoria arrolladora que enterraba la era de Viktor Orbán. "Es extraño que la última vez que aparecí en medios públicos fuera hace un año y medio", añadió. Era septiembre de 2024, tres meses después de que el partido de Magyar, Tisza, ganara las elecciones al Parlamento Europeo.
La entrevista a Magyar el pasado 15 de abril se describió como histórica en Hungría. Durante los 16 años de poder absoluto de Orbán, los medios públicos se habían transformado en una maquinaria de propaganda a favor del gobierno y del partido gobernante, Fidesz, mientras que cualquier figura de oposición era ignorada. Según el portal independiente Telex, entre 2018 y 2022, los representantes de la oposición fueron invitados por los medios de comunicación públicos solo dieciocho veces.
Ahora el imperio mediático construido con dinero público para favorecer a Orbán y Fidesz ha comenzado a derrumbarse rápidamente, a raíz del cambio de gobierno. El nuevo primer ministro ha situado como uno de sus principales objetivos acabar con la "fábrica de mentiras". La falta de libertad de prensa y pluralidad en los medios públicos fue una de las cuestiones por las que Bruselas castigó a Budapest, con la congelación de fondos europeos, los cuales el nuevo ejecutivo tiene prisa por recuperar.
Uno de los principales damnificados del terremoto político es el grupo Mediaworks, la empresa de medios de comunicación más grande de Hungría, considerada un pilar clave del sistema mediático pro-Fidesz. Es propiedad de Lőrinc Mészáros, amigo de la infancia de Orbán, que se ha convertido en el empresario más rico del país y una de las figuras paradigmáticas de la corrupción y el sistema de clientelismo construido por el antiguo primer ministro. "Era un enorme conglomerado progubernamental y pro-Fidesz, prácticamente solo financiado con ayudas estatales, porque recibía una cantidad enorme de dinero de la publicidad estatal. Los ingresos publicitarios estatales han desaparecido y, básicamente, el conglomerado mediático pro-Fidesz ha colapsado", explica Ágnes Urbán, analista del think tank Mérték Media Monitor, especializado en el sistema mediático húngaro.
Mediaworks –que tiene una setentena de medios– ha anunciado el cierre de varios diarios, incluido el Magyar Nemzet, uno de los más antiguos del país, que pasará a ser semanal. Y también ha informado que la "transformación de la organización" supondrá una reducción del personal, aunque no ha dado detalles. Según diversos medios independientes, el recorte afectará a unas 400 personas. Según el diario Magyar Hang, solo tres diarios impresos del conglomerado tienen posibilidades de sobrevivir sin depender del dinero público.
Cambio de caras en los medios públicos
"La reestructuración de los medios del servicio público será mucho más lenta porque los cambios regulatorios requieren bastante tiempo", avisa Urbán, que espera que haya movimientos en la dirección de los medios para impulsar cambios editoriales. "Probablemente habrá muchos despidos de editores y periodistas porque era una máquina de propaganda", dice.
Urbán lamenta que el servicio público de medios "ha perdido completamente su prestigio", sobre todo por la "propaganda pro-rusa de los últimos años". Explica que había temas de los cuales no se hablaba nunca y personas que nunca aparecían. Pone el ejemplo de Péter Magyar antes de que fuera elegido primer ministro y también del alcalde de Budapest, el ecologista Gergely Karácsony, que ha sido invitado una sola vez a los medios públicos desde que fue elegido en 2019. "Prácticamente todo el mundo que de alguna manera criticaba Fidesz era inmediatamente incluido en una lista negra de personas que no podían ser invitadas a los medios públicos", resume la experta.
El 12 de junio, tres diputados de Tisza presentaron una propuesta de ley al Parlamento "para la completa transformación de los medios públicos", con la intención de disolver todos los organismos de control de los medios públicos actuales para sustituirlos por nuevas autoridades con representación política tanto de miembros del partido gobernante como de la oposición. "El objetivo es tener, finalmente, un servicio público real, en lugar de propaganda de un solo partido", prometió el nuevo ministro de Cultura, Zoltan Tarr.
La audiencia ha comenzado a ver las primeras consecuencias de este proceso de reestructuración justamente esta semana. El martes, la televisión pública suspendía las emisiones informativas del principal canal, el M1. En el momento en que normalmente se emite el telediario, el canal emitió un mensaje en el que explicaba que los medios públicos están atravesando una transformación "para garantizar que se mantienen independientes y creíbles en el futuro". "¡Los medios públicos no pueden mentir. Nos disculpamos por haberlo hecho durante muchos años!", expresaba el comunicado.
A principios de junio, el director de MTVA –la empresa pública que aglutina tres televisiones y una agencia de noticias–, Daniel Papp, anunció su renuncia. En un comunicado, la empresa justificó la dimisión "sobre la base de que el gobierno recientemente elegido tiene la intención de llevar a cabo una transformación completa de los medios de comunicación públicos".