"La vergüenza es nuestra": el Reino Unido pide perdón por miles de adopciones forzadas de hijos de madres solteras
Entre 1949 y los años setenta, 185.000 mujeres fueron estigmatizadas por tener hijos fuera del matrimonio
LondresLa política también es el reconocimiento de la verdad. Después de décadas de silencio, humillación y estigmatización, este jueves el gobierno británico ha pedido perdón oficialmente a las decenas de miles de mujeres que, entre finales de los años cuarenta y principios de los setenta fueron obligadas a entregar a sus hijos en adopción por el simple hecho de no estar casadas.
La disculpa en la Cámara de los Comunes del primer ministro, Keir Starmer, llega pocas semanas después de que también entonara el mea culpa la Iglesia de Inglaterra, que reconoció su responsabilidad en uno de los episodios más dolorosos, uno más, de la historia social contemporánea del Reino Unido. Los gobiernos de Escocia y Gales ya habían expresado sus disculpas en el año 2023.
Se calcula que unas 185.000 madres de Inglaterra y Gales —algunas estimaciones elevan la cifra hasta las 250.000 mujeres en todo el Reino Unido, incluyendo Escocia e Irlanda del Norte— fueron víctimas de un sistema que, con la participación de las autoridades, organizaciones religiosas y profesionales del Sistema de Salud Pública (NHS), las presionaba para que renunciaran a sus bebés. La inmensa mayoría eran muy jóvenes, y había mujeres de toda condición social. El único elemento que compartían era haber quedado embarazadas fuera del matrimonio, una situación considerada entonces una vergüenza familiar y social.
Declaración en los Comunes
En la declaración solemne a los Comunes, Starmer ha calificado aquellos hechos de "mancha en nuestra historia". El primer ministro ha afirmado que las madres fueron "coaccionadas, intimidadas o engañadas" hasta hacerles creer que no tenían ninguna otra alternativa que separarse de sus hijos. "La vergüenza no es vuestra. Nunca lo fue. La vergüenza es nuestra", ha afirmado, y ha asumido por primera vez en nombre del Estado la responsabilidad institucional de aquellas prácticas. A algunas de las madres que han asistido al acto en el Parlamento se les ha visto secándose las lágrimas en el momento de la intervención del premier.
Una de aquellas miles de mujeres, la exdiputada laborista Ann Keen, ha afirmado esta mañana, en el programa Today, de BBC Radio 4, que con la disculpa del Estado esperaba verse "liberada de la vergüenza". La exparlamentaria, que ha visitado Downing Street esta mañana junto con un grupo de madres antes de que tuviera lugar la disculpa oficial, ha dicho sobre la adopción de su hijo: "No tuve voz". Keen fue enviada a un hogar infantil de Swansea en 1966, cuando tenía diecisiete años. "Todas necesitamos estas disculpas, porque siempre nos han acusado de renunciar a nuestros bebés y no lo hicimos", ha recordado.
Con las palabras de Starmer han culminado años de campaña impulsada por las madres biológicas, sus hijos y sus familias. También responden a las conclusiones de diversas investigaciones parlamentarias –se inició en 2021, a raíz de un reportaje de la BBC– que determinaron que las políticas públicas de la época crearon un clima en el que "las madres solteras eran sistemáticamente estigmatizadas y empujadas a dar a sus hijos en adopción".
"No abandoné a mi hijo, me lo quitaron"
Los testimonios recogidos en la investigación periodística y parlamentaria describen un patrón repetido de maltrato psicológico y coerción. Muchas jóvenes eran enviadas en secreto a instituciones que se ocupaban de ocultarlas, de la sociedad y la familia, mientras estaban embarazadas. Algunas recordaban que las habían llegado a obligar a llevar un anillo de casada cuando salían a la calle para evitar el escándalo público. Otras explicaron que, tras el parto, les retiraban al bebé sin permitirles despedirse de él. En otros casos, eran sometidas a una intensa presión emocional para que firmaran los documentos de consentimiento, documentos que, según algunos abogados, en determinados casos ni siquiera habrían sido firmados por las madres.
Muchas no volvieron a tener hijos. Otras han vivido durante décadas con un sentimiento de culpa que no les correspondía. "No abandoné a mi hijo; me lo quitaron", han repetido durante años las afectadas. Para muchas, la disculpa oficial representa sobre todo una restitución moral y el reconocimiento público de que fueron víctimas de una enorme injusticia. No tendrán, sin embargo, ninguna compensación económica por el daño que se les causó.
Como se ha señalado, la Iglesia de Inglaterra reconoció el 18 de junio su papel en este sistema de coerción. Entre 1949 y 1976 gestionó o supervisó cerca de un centenar de hogares de madres y bebés. Tras dos años de investigación en sus archivos, admitió que las mujeres allí sufrieron "dolor, trauma, miedo y estigmatización" cuando deberían haber recibido "cuidado y compasión". Su máxima representante, Sarah Mullally, la arzobispa de Canterbury, también afirmó ante las víctimas: "No tenéis nada de qué avergonzaros. La vergüenza es nuestra."
El informe encargado por la Iglesia también revelaba hasta qué punto aquellas mujeres eran deshumanizadas. Documentos internos de los años setenta describían las instituciones donde las internaban como lugares "de donde las agencias de adopción obtenían su materia prima". Algunas madres eran calificadas de "tontas", "irresponsables" o "inadecuadas". El mismo informe reconocía igualmente que muchas embarazadas eran obligadas a hacer trabajos manuales pesados como forma de castigo.
Australia e Irlanda pidieron perdón en 2023 por las mismas prácticas. Para muchas de las mujeres afectadas, hoy ya septuagenarias u octogenarias, la expresión de arrepentimiento por el daño causado llega demasiado tarde.