Derechos humanos
Internacional 25/04/2021

"Si nos hicieran volver a Siria, la vida de mis hijos estaría en peligro"

Dinamarca revoca el permiso a centenares de refugiados sirios porque considera Damasco un lugar seguro al que volver

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Protesta este miércoles en en Copenhague contra la retirada del permiso de residencia a los sirios.

BarcelonaCuando Alaa, maestra de inglés, tuvo que irse de su casa en Siria en 2015, pensó que Dinamarca sería un buen lugar para criar a sus hijos, dos niños de 10 y 6 años y una niña de un año. Su marido se jugó la vida en una patera en el Mediterráneo central, y cuando consiguió establecerse, el resto de la familia lo siguió –ahora en avión– hasta Copenhague. La mujer tenía claro que había llegado a su nuevo hogar: escolarizó a los infantes y ella aprendió danés y repitió los estudios de magisterio. Cuatro años después el gobierno les ha dicho que ya no son bienvenidos: no les renovarán el permiso de residencia y si no acceden a volver voluntariamente a Siria les enviarán a un centro de deportación.

El gobierno socialdemócrata de Dinamarca ha determinado, contra el criterio de los organismos internacionales y del resto de socios de la UE, que Damasco, la capital de Siria, es un lugar seguro para que los refugiados puedan volver y ha empezado a revocar los permisos de residencia de los refugiados de esta zona. Dinamarca aprobó en 2015, en el pico de la llegada de refugiados sirios a Europa, una ley que les garantizaba una protección internacional, y que establecía que el gobierno podría revaluar la situación y suspender los permisos de estancia. Sorprendentemente, un informe de finales de 2018 de la Oficina Danesa de Inmigración establecía que la situación en Damasco y su periferia había mejorado lo suficiente para que la gente pudiera volver. El gobierno es teóricamente de izquierdas, pero ha adaptado el discurso antiinmigración de la extrema derecha y está aplicando este criterio: unas 300 personas han recibido, como Alaa, la terrible noticia y según los cálculos oficiales 400 más perderán los permisos este 2021. Dinamarca acoge 32.000 refugiados de Siria.

“Cuando llegamos sabíamos que teníamos que hacer un esfuerzo para integrarnos. Hice todo lo que estaba en mis manos: estudiaba danés de día y de noche, y repetí los estudios de magisterio para poder hacer de maestra aquí, con las especialidades de historia y ciencias sociales porque quería entender bien la gente de este país”, relata la maestra, de 37 años. El e-mail en que las autoridades danesas le comunicaban que su permiso de residencia quedaba revocado fue un golpe: "Pensé que estaban jugando con el futuro de mis hijos". No sabía como explicarlo al mayor, que ya tiene 16 años. "Tiene una media de 9,5 y quiere ser médico, pero ahora no sabemos si podrá hacer la selectividad", lamenta la madre. Para ella volver ahora no es una opción: "Mis hijos han aprendido a vivir en libertad y a decir lo que piensan. Si los llevan a Siria, su vida estaría en peligro".

Damasco, ¿un lugar seguro?

Después de diez años de guerra, la mitad de la población de Siria ha sido desplazada por la fuerza y la mayoría de sus ciudades están arrasadas, y 13 de los 17 millones de personas que sobreviven dentro del país necesitan ayuda humanitaria. El régimen de Al Assad se ha impuesto y solo quedan algunas bolsas de resistencia. Y a pesar de que la mayoría de los combates se han parado, ningún otro gobierno del mundo lo considera un lugar seguro para que vuelvan los refugiados. "Dicen que Damasco y su periferia son seguros, pero si allá se ha rebajado el nivel de violencia es porque está bajo control de uno de los regímenes más represivos del mundo", apunta Villads Zahle, del Consejo Europeo de los Refugiados y Exiliados. "Lo que está haciendo el gobierno danés se intentar mostrar mano dura en inmigración, a costa de estropear las vidas de miles de mujeres, hombres e infantes", denuncia. Los socialdemócratas acumulan polémicas en la carpeta migratoria: la negativa a repatriar infantes daneses hijos de presuntos yihadistas que están en los centros de detención curdos del norte de Siria, o su política de "cero" refugiados.

Dinamarca no puede esposar y enviar en vuelos de deportación a los refugiados damasquinos para entregarlos al régimen de Al Assad, simplemente porque no mantiene ninguna relación oficial con Damasco. La alternativa que da a los sirios es aceptar un regreso voluntario o bien ser trasladados a centros de deportación en zonas remotas donde sus vidas quedarían en suspenso: a pesar de que son centros abiertos, están lejos de todo y no podrían estudiar, ni trabajar. En estos centros, según Charlotte Slente, del Consejo Danés de Refugiados, "los sirios se podrían quedar de manera indefinida, en una especie de limbo para empujarles a volver voluntariamente a Siria".

Familias separadas

Los más afectados por la nueva política de las autoridades danesas son mujeres, infantes y abuelos, porque llegaron al país reagrupados por los padres o maridos, que habían obtenido un estatuto de refugiado político, amparado en muchos casos en el hecho que en Siria habrían sido obligados a enrolarse en el ejército de Al Assad. Pero sus familias no obtuvieron el mismo reconocimiento sino una protección subsidiaria. "Están separando a familias y la peor parte es para los más débiles", explica Haya Termanini desde Aarhus, la segunda ciudad del país. Ella está sola en Dinamarca, donde ha podido acabar los estudios de arquitectura y ya tiene trabajo en un despacho. En su caso no está directamente amenazada porque, como pertenece a una familia conocida de activistas de Alepo, sí que tiene el estatuto político. "Hasta hace unos días me encontraba aquí como casa, pero ahora ya no. Creo en el pueblo danés, pero lo que están haciendo algunos políticos es terrorífico: todavía hay una guerra en nuestra casa y tenemos un criminal de guerra en la presidencia". Ocupada preparando las manifestaciones de esta semana, la joven arquitecta no esconde su frustración: "Los sirios ya hemos sufrido mucho y necesitamos una pausa: solo queremos sentirnos seguros en algún lugar de una vez por todas".

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