Mamdani y el peso de demostrar que la izquierda estadounidense todavía puede ofrecer una alternativa real
El socialista, que representa al ala más minoritaria y progresista del Partido Demócrata, tiene a Nueva York como gran escaparate de su programa político
WashingtonLa estrategia de "inundar la zona", pregonada por Steve Bannon desde su war room, desde donde sigue marcando el software MAGA, ha creado un desbarajuste en el que a la izquierda le es difícil encontrar un espacio desde el que responder. La contundencia con la que se han movido Donald Trump y todo el entorno de la extrema derecha estadounidense ha logrado desplegar un miasma sobre el país que hace casi imposible imaginar una salida. La impotencia del Partido Demócrata todo ese tiempo ha radicado en la incapacidad de ofrecer una alternativa real a la versión de la realidad que Trump ha impuesto. En contra del establishment de la formación, Zohran Mamdani ha sido el primero capaz de imaginar una alternativa factible que no pivota en torno a la reacción a la provocación de la extrema derecha, sino de un centro originalmente propio.
El joven político tiene ahora en sus manos la frágil esperanza de que todavía se puede revertir el avance de la contrarrevolución conservadora que galopa por Estados Unidos y que proyecta su eco hacia Europa. Mamdani, un socialista que encarna el ala más a la izquierda del Partido Demócrata y también la más minoritaria, tiene ahora Nueva York como gran escaparate de su programa. Las expectativas son altas para el flamante alcalde de 34 años –que las ha abrazado por completo– ya toma de posesión fue la escenificación del relevo generacional, Con el senador independiente de Vermont, Bernie Sanders, oficiando la jura del cargo. El nuevo alcalde de la ciudad carga con el peso de demostrar que todavía es posible construir una ciudad en la que se pueda vivir. Es decir, ofrecer una alternativa real y factible.
La revolucionaria campaña de comunicación, con una estrategia en las redes sociales que ya ha empezado a ser imitada por otros jóvenes políticos de la formación demócrata, demócrata, fue un primer paso. Pero ahora es cuando Mamdani debe demostrar que sus promesas de campaña son realmente ejecutables y funcionan. En un momento en que el control del relato de la guerra cultural está completamente secuestrado por la extrema derecha –con la ayuda de algoritmos que no son neutrales– y en el que tener la razón ha dejado de importar en el debate político, Mamdani ha vuelto a una de las cuestiones más transversales que puede haber: las condiciones materiales y el coste de vida. Volver a hacer Nueva York habitable para los neoyorquinos, algo que cada vez es más global y que puede trasladarse a tantas otras grandes ciudades.
Las promesas de Mamdani, como congelar alquileres, poner autobuses gratuitos y garantizar asistencia sanitaria gratuita a los niños, no difieren mucho de las que hizo Trump durante su campaña y que le devolvieron a la Casa Blanca. Del "Make America great again" al "Make New York affordable again". En un momento en el que la mayoría del Partido Demócrata quería demostrar que sigue siendo el partido de orden con una estrategia propia de la vieja política, Mamdani ha optado por combatir el fuego con fuego y abrazar al populismo. Mientras que la mayoría de los demócratas han seguido haciendo propuestas con la boca más pequeña, incluso optando por el puesto más conservadores. tirado por el camino de en medio: "Me votaron como un socialista demócrata y gobernaré como un socialista demócrata. No abandonaré mis principios por miedo a ser tachado de radical", ha dicho.
Las palabras del discurso de investidura del jueves pesan porque rompen también la espiral del silencio en el que parecía haber caído la izquierda estadounidense en los últimos años. La retórica de Trump, preñada de mentira como una revolución ante la supuesta represión de las llamadas élites woke. El éxito del presidente estadounidense no está aislado: hay todo un nuevo altavoz del movimiento ultraconservador que se ha encargado de explotar el resentimiento de las clases trabajadoras y medias para canalizarlo contra un nuevo enemigo. Trump hizo que el malestar socioeconómico de muchos de sus votantes dejara de mirar a las élites económicas –como los grandes multimillonarios de Silicon Valley– para fijarse en unas élites culturales vinculadas al progresismo.
En consecuencia, defender postulados que hace unos años eran un consenso social, como la igualdad entre hombres y mujeres y el derecho a existir de las personas LGTBIQ+, significaba convertirse automáticamente en esta élite cultural. Un silogismo que resulta falso, pero que ha calado y ha permitido a la derecha girar la tortilla y apropiarse del lenguaje victimista que durante muchos años ha utilizado la izquierda. Gran parte de la narrativa trumpista se sostiene sobre este victimismo y al situar a clases y grupos que históricamente han sido privilegiados en una posición de falsa indefensión. La campaña por considerar a los blancos de Suráfrica "refugiados víctimas de un genocidio" es un claro ejemplo.
La socióloga Eva Illouz escribía en La vida emocional del populismo que "el lenguaje político del victimismo entra ahora en una nueva fase de su historia: como se ha apropiado de ella a la derecha para acusar a la vieja izquierda de opresora, ya no pueden utilizarlo eficazmente los liberales". Mamdani ha prescindido del lenguaje victimista y ha vuelto a apuntar a las élites económicas en un mensaje claro, y todos los demás ismos (feminismo, antirracismo, etc.) que podían ser asociados a la élite cultural simplemente han sido integrados como parte natural de su manera de hacer política. En su discurso de investidura, Mamdani no tuvo que meter con calzador la idea de que Nueva York es una ciudad de inmigrantes y diversa, ni mencionó: se limitó a hablar de la oferta gastronómica de la ciudad. Pese a que su reenfoque estratégico haya funcionado a la hora de movilizar el voto y volver a reconciliar a la izquierda con las clases trabajadoras, todo esto puede desmoronarse si finalmente no consigue que los ciudadanos noten una mejora en su día a día.
En el 2026 arranca con un laboratorio en Nueva York que o acaba de desgajar el Partido Demócrata o sirve de brújula para las legislativas. Por ahora, el establishment demócrata debe digerir una realidad incómoda: los votantes no saben decir quién está al volante de la formación –una encuesta hecha por Politico a finales del 2025 así lo señalaba– y de momento Mamdani tiene la ventaja de ser uno de los pocos rostros reconocibles y carismáticos.