Las 'fake news' envenenan la transición en Siria
La desinformación se ha convertido en uno de los principales escollos para la convivencia y la estabilidad en la Siria de posguerra
DamascoLas relaciones entre el gobierno central sirio y las diversas minorías del país constituyen uno de los principales puntos de tensión en la convulsa transición del país árabe, iniciada hace año y medio con la caída del régimen de Bashar al-Assad. Uno de los peores estallidos de violencia sectaria tuvo lugar en las zonas drusas, una confesión escindida del islam chií. El primer detonante de las matanzas fue la difusión de una grabación con insultos al profeta Mahoma falsamente atribuida a un clérigo druso.
Este audio manipulado, de funestas consecuencias, es el ejemplo más claro, pero no el único, de cómo la enorme cantidad de desinformación que circula en las redes sociales de Siria envenena la transición, que ahora se aproxima a su primer aniversario. En el mes de diciembre, una coalición de milicias islamistas lanzó una ofensiva militar que logró derrocar el régimen de Bashar al-Assad y poner fin a casi catorce años de guerra civil. Desde entonces, Ahmed al-Sharaa, líder de la milicia rebelde más potente, preside un gobierno interino que se ha enfrentado a numerosos incidentes de violencia sectaria, agravados por unos discursos de odio y noticias falsas que campan a sus anchas en las redes sirias.
"Siria se enfrenta a los más altos niveles de desinformación y fake news de la era moderna, en un contexto marcado por un paisaje mediático caótico, intereses enfrentados y la ausencia de confianza. El problema se ha agravado de forma dramática después de la caída de Al-Assad", afirma Ruslan Trad, un experto del Atlantic Council en esta materia. Un estudio de la cadena árabe de la BBC cuantificó este fenómeno: detectó más de 400.000 mensajes con informaciones sobre Siria en la red social X que contenían noticias falsas durante los cuatro meses siguientes a la caída del rais.
Ammar Kahf, director del think tank Omran Center for Strategic Studies, creado durante la guerra en Siria y ahora ya instalado en Damasco, coincide con el diagnóstico: "En Siria, el porcentaje de noticias que acaban siendo falsas es enorme. Los sirios se informan sobre todo a partir de las redes sociales y comparten muchas noticias falsas, que después la diáspora amplifica. Al final, la confusión es tan grande que cada uno acaba creyendo lo que publica la gente de su bando ideológico”.
La batalla por el relato continúa
Según Trad, los debates políticos en las redes reflejan las tensiones y sesgos de una sociedad polarizada y dividida sobre la base de diferencias sectarias, políticas y regionales. "Los mensajes muestran un aumento de la retórica sectaria. Los usuarios utilizan un tono inflamatorio para discutir las cuestiones relativas a alauíes, suníes, drusos y cristianos", comenta Trad, que señala que muchos de estos mensajes encuentran su origen fuera de Siria y responden a los intereses de potencias regionales.
Durante la guerra civil, Siria se convirtió en objeto de deseo de prácticamente todas las potencias regionales que intervinieron en el conflicto. En la posguerra, esta voluntad de influir no se ha detenido. "Hay señales de campañas de desinformación sectaria, algunas alineadas con agendas proiraníes o proisraelíes, pero también promovidas por cuentas vinculadas a Egipto, Turquía, los Emiratos, Arabia Saudita o Rusia", asegura Trad.
"Los tres primeros meses tras la caída del régimen fueron muy difíciles porque el volumen de desinformación era muy elevado. Por mucho que intentes verificar, siempre se escapa alguna", comenta Yassin Swehat, director de Al-Jumhuriya, un diario afín a la oposición a Al-Assad que se encuentra en un proceso de transición tras trabajar muchos años en la clandestinidad.
Uno de los factores que facilita el éxito de las campañas de desinformación es la ausencia de medios tradicionales de referencia en Siria que permitan a la población contrastar la información difundida en las redes. De hecho, por problemas de abastecimiento, durante la guerra se dejaron de publicar los diarios en papel, y Damasco hoy es quizás la única capital del mundo sin quioscos. "Los medios públicos están más ocupados difundiendo propaganda que noticias. Para neutralizar las fake news, el estado debería comunicarse con la población de manera clara, concisa y veraz", comenta Rami Jarrah, uno de los blogueros disidentes más conocidos al inicio de la revolución.