Israel afronta una reconfiguración de sus alianzas internacionales
La acumulación de guerras hace que muchos países marquen distancias con Tel Aviv, a pesar del apoyo incondicional de los Estados Unidos
Desde el inicio de la guerra, la posición internacional de Israel se ha visto sometida a una presión diplomática creciente y a una reconfiguración progresiva de sus alianzas, con fracturas cada vez más visibles en diferentes regiones. En este contexto, España se ha situado entre las voces más críticas de Europa. El gobierno de Pedro Sánchez ha prohibido el uso de las bases norteamericanas de Rota y Morón para operaciones contra Irán y ha retirado a la embajadora española en Israel. La escalada se ha intensificado las últimas semanas: Israel ha excluido a España del centro multinacional que supervisa el alto el fuego en Gaza, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha advertido a Madrid que los países que “libren una guerra diplomática” contra Israel “pagarán un precio inmediato”. Sánchez, por su parte, ha insistido en la necesidad de suspender el acuerdo de asociación entre la UE e Israel.Pero el caso español no es una excepción, sino parte de una fractura cada vez mayor en Europa. Incluso gobiernos tradicionalmente próximos, como Italia, han comenzado a marcar las distancias. El gobierno de Giorgia Meloni ha suspendido un acuerdo de cooperación en defensa con Israel, vigente desde 2006 y renovado automáticamente cada cinco años. “Hay un cambio significativo no solo en la percepción europea, de Israel, sino también en la global”, explica a l’ARA la doctora Leonie Fleischmann, experta en política internacional y derechos humanos de la Universidad Saint George de Londres. La UE, dice, ha llegado a plantear medidas que podrían suspender parcialmente el acuerdo de libre comercio con Israel, un cambio cualitativo en la relación. A pesar de que hay muestras de aislamiento internacional, Fleischmann matiza que la respuesta europea es desigual: Alemania y Hungría frenan cualquier avance en la relación, mientras que Grecia o Chipre refuerzan vínculos, especialmente militares.En Oriente Próximo, la tensión es estructural, especialmente con Turquía, una de las principales potencias regionales. La relación entre ambas partes se ha deteriorado mucho desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la ofensiva en Gaza. Ankara ha acusado reiteradamente al gobierno israelí de cometer crímenes de guerra y de intentar convertirla en su próximo enemigo regional, e Israel ha criticado a Turquía por su proximidad con Irán y por la represión contra los kurdos. En este clima, hace un par de días, el ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía llegó a calificar a Netanyahu de “Hitler de nuestro tiempo”.El favor de Washington y las dudas en el Golfo
A pesar de las tensiones, Israel no está solo. Estados Unidos continúa siendo su principal aliado, con una cooperación militar y estratégica clave. Sin embargo, Beth Oppenheim –del think tank europeo European Council on Foreign Relations– señala a este diario que la guerra con Irán puede erosionar la relación a largo plazo. Según explica, la opinión pública estadounidense está cambiando, tanto en el seno del movimiento MAGA como en el Partido Demócrata, con una percepción creciente de que Israel arrastra a Washington hacia un conflicto contrario a sus intereses.Paralelamente, Israel intenta consolidar los vínculos con los países árabes con los que normalizó las relaciones con los Acuerdos de Abraham del 2020, como los Emiratos Árabes Unidos o Bahréin. Netanyahu ha vuelto a insistir en que Israel está “forjando alianzas con países árabes dispuestos a luchar a su lado”, pero no ha concretado cuáles.No obstante, diversos analistas advierten que el margen es limitado. Algunos países del Golfo han endurecido la posición hacia Teherán como los Emiratos Árabes Unidos, mientras otros, como Arabia Saudí, continúan condicionando la normalización con Israel a avances en la cuestión palestina. “Israel podría descubrir que sus expectativas de acercamiento y de una nueva arquitectura de seguridad con actores del Golfo han sido exageradas. Los líderes del Golfo continúan siendo profundamente escépticos respecto a Israel, al que ven como una potencia desestabilizadora”, concluye Oppenheim. Además, la opinión pública en estos países se mantiene mayoritariamente crítica con Israel, un factor que limita el margen político de sus gobiernos.