Netanyahu utiliza la guerra como una cortina de humo para su juicio
El caso por corrupción vuelve a quedar suspendido mientras la defensa alega seguridad y crecen las lecturas sobre el uso del conflicto con Irán como escudo político.
El juicio por corrupción contra Benjamin Netanyahu ha vuelto a quedar aplazado después de que el Tribunal del Distrito de Jerusalén cancelara las sesiones previstas esta semana, a raíz de una nueva petición de la defensa del primer ministro. El argumento: “Razones de seguridad y diplomáticas clasificadas” vinculadas a la situación regional. Según el escrito presentado al tribunal, Netanyahu no podrá declarar “al menos durante las próximas dos semanas”. La decisión mantiene el proceso, que ya había quedado congelado durante más de un mes por la escalada bélica con Irán, formalmente activo, pero repetidamente interrumpido.El caso, que representa la primera vez que un jefe de gobierno israelí es procesado en ejercicio del cargo, se encuentra en plena fase de testimonios de los conocidos casos 1000, 2000 y 4000. El caso 1000 investiga la supuesta recepción de 260.000 euros en regalos por parte de empresarios como Arnon Milchan y James Packer. El caso 2000 analiza una presunta negociación con el editor del diario Yediot Aharonot, Arnon Mozes, para obtener cobertura favorable a cambio de limitar la influencia del diario rival, Israel Hayom. El caso 4000, el más grave, se centra en presuntos favores regulatorios al empresario Shaul Elovitch a cambio de cobertura positiva en el portal Walla!, e incluye la acusación de soborno.Lo que iba a reanudarse estos días no eran unas sesiones sin importancia, sino el contrainterrogatorio de la fiscalía, momento clave en que se pone a prueba el relato construido por Netanyahu desde el inicio del caso en 2020. Netanyahu ha negado todas las acusaciones y ha calificado el caso de “caza de brujas” y de conspiración del “estado profundo”. Incluso llegó a pedir un indulto en noviembre al presidente israelí, Isaac Herzog, argumentando que los procedimientos judiciales dificultan su capacidad de gobernar y que beneficiaría la unidad del país. El indulto continúa pendiente de resolución.En este contexto, la guerra con Irán ha sido interpretada por diversos analistas como una posible cortina de humo para el juicio. “Estoy seguro de que esta es una de las principales razones del momento de la ofensiva contra Irán, no solo por el juicio, sino también porque aún se le responsabiliza en parte de los hechos del 7 de octubre de 2023”, afirma a l’ARA el historiador y politólogo israelí, Ilan Pappé.En la misma línea, el Centro Árabe de Washington apunta que la prolongación del conflicto sirve a Netanyahu para un doble objetivo: mantener el control político interno en un contexto electoral incierto y, al mismo tiempo, desviar la atención pública y retrasar sus procesos judiciales. De hecho, poco después del inicio de la ofensiva contra Irán el 28 de febrero, el mismo Netanyahu calificó su juicio de “circo absurdo” y pidió suspenderlo para centrarse en la guerra.Según una fuente de la coalición del primer ministro citada por el diario The Times of Israel, el dirigente confiaba en que una “narrativa de victoria sobre Irán” impulsara sus opciones de reelección y desplazara la atención del 7 de octubre. Contemplaba que un cambio de régimen en el país persa y un acuerdo de normalización con Arabia Saudí fueran suficientes para reforzar este escenario.Popularidad tocada y tensiones políticas
La popularidad de Netanyahu se vio gravemente afectada después de los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023. Diversos sectores de la sociedad israelí le acusan de evitar responsabilidades por un error grave de seguridad, mientras que él rechaza cualquier culpa e insiste en los éxitos militares contra el grupo armado. Además, la confianza pública también se ha erosionado por su insistencia en impulsar una investigación controlada por el gobierno en lugar de una comisión independiente.Paralelamente, el gobierno afronta tensiones internas crecientes por la reforma de la ley de reclutamiento militar, especialmente por las exenciones que reclaman los partidos ultraortodoxos. El servicio militar en Israel es obligatorio, pero los aliados ultraortodoxos de Netanyahu presionan para mantener estos privilegios. Una ley de esta índole, actualmente detenida por la situación regional, sería altamente impopular entre la mayoría de la población.El alto el fuego en Irán debilita a Netanyahu
En las primeras fases del conflicto con Irán, la guerra reforzó la imagen de liderazgo del primer ministro. En un contexto de alta tensión, más del 80% de la población judía dio apoyo a la ofensiva, y buena parte del arco político cerró filas con el gobierno. Algunos analistas apuntaban que un final rápido habría consolidado a Netanyahu como el gran vencedor político, y diversas encuestas indicaban una leve mejora en la intención de voto.Con el alto el fuego del miércoles, considerado por sectores políticos y sociales un resultado insatisfactorio, y la sensación de que objetivos como la neutralización del programa nuclear y balístico iraní o un cambio de régimen están lejos de alcanzarse han debilitado la narrativa de éxito.Las últimas encuestas reflejan esta tendencia. El Likud, el partido del primer ministro, pasaría de 28 a 25 escaños según el sondeo de la corporación de radiodifusión pública de Israel, Kan, mientras la coalición de Netanyahu se situaría alrededor de los 51 escaños, lejos de los 61 necesarios para la mayoría. En paralelo, los partidos de la oposición se aproximarían a los 59 escaños. Una parte importante de esta caída se explica por el rechazo al alto el fuego con Irán, con un 56% de los encuestados en desacuerdo.En este contexto, las elecciones previstas antes del 27 de octubre se perfilan como un referéndum sobre tres frentes simultáneos: el juicio por corrupción, la gestión de la guerra y la credibilidad del liderazgo de Netanyahu.