Siria

Entre la reconciliación y la venganza: Siria se prepara para juzgar los crímenes de la dictadura

El nuevo gobierno pone en marcha dos comisiones para juzgar a los responsables de violaciones de los derechos humanos bajo el régimen de Al Asad

Una mujer siria en un campamento improvisado para refugiados sirios a sólo kilómetros de la frontera con Siria en el valle de Bekaa en Majdal Anjar, Líbano.
Ricard G. Samaranch
10/08/2025
3 min

DamascoCon la caída del régimen de Bashar el Asad y la entrada de las milicias rebeldes en Damasco el pasado 8 de diciembre se puso fin a casi 14 años de guerra civil en Siria. Al menos, oficialmente. Sin embargo, desde entonces, la violencia no ha desaparecido de las calles sirias. Según un informe del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), durante los primeros seis meses de posguerra se registraron un total de 7.670 muertes violentas en el país, un 70% de ellas civiles, incluyendo a más de 300 niños. Las cifras no incluyen los cerca de 1.100 muertes delola más reciente de violencia sectaria en la provincia de mayoría drusa de Suwayda.

En una situación de "caos securitario", dice la OSDH en su informe, las motivaciones de los asesinatos no siempre son claras. Y aunque algunos puedan tener motivaciones de tipo criminal, buena parte son actos de venganza relacionados con la guerra civil, en los que murieron más de medio millón de personas. En concreto, la OSDH ha documentado más de 2.200 ejecuciones desde diciembre. El gobierno, controlado por los líderes de la milicia HTS, la principal entre la coalición de milicias islamistas radicales que derrocó al Asad, resta importancia a estas violencias y asegura que se trata de "casos aislados".

Con el objetivo de poner fin a este ciclo infernal de venganzas, y bajo la presión de actores internacionales y la sociedad civil siria, el presidente del país, Ahmed al Sharaa, creó en abril dos comisiones para abordar de forma transparente la cuestión de la justicia transicional, es decir, el proceso para que los responsables de graves violaciones de los derechos humanos rindan cuentas de los abusos y se haga efectiva una reconciliación nacional. En un país con las infraestructuras devastadas, con más de 100.000 personas desaparecidas, y con las milicias aún imponiendo su ley en algunas zonas, el reto es ingente.

El mayor reto

"El reto es enorme. De todos los países donde ha intervenido nuestra organización en su historia, Siria es el que registra un mayor número de víctimas y abusos", comenta Nousha Kabawat, una investigadora siria que trabaja para el International Center for Transitional Justice (ICTJ), una ONG que ha acompañado a más de 5. "Hay que gestionar las expectativas de las familias de las víctimas, porque éste será un proceso muy largo, que durará años, y que seguro que no podrá cumplir todos los objetivos", admite Kabawat.

Se espera que, en las próximas semanas, tanto la Comisión Nacional para los Desaparecidos (CND) como sobre todo la Comisión Nacional para la Justicia Transicional (CNJT) hagan pública la hoja de ruta y los parámetros del proceso de justicia transicional en Siria. "De momento, los responsables de estas comisiones están haciendo un esfuerzo encomiable por reunirse con las diversas asociaciones de víctimas y que se sientan parte del proceso", sostiene la activista Wafa Mustafa, fundadora de la coalición Free Syria's Disappeared. En una rueda de prensa, el presidente de la CNJT, Abdelbaset Abdelatif, aseguró que el proceso no estaría guiado por una "justicia retributiva" y, junto a la verdad, destacó la importancia de compensar a las víctimas.

¿Reconciliación o venganza?

Fátima, una mujer de 32 años que sufrió todo tipo de abusos en prisión y con el padre asesinado bajo torturas, apoya esta visión, pero señala una línea roja: el olvido. "Algunos quieren que las víctimas olvidemos. Pero no es posible olvidar, el cuerpo no puede olvidar... Sí, quiero que se haga justicia, pero también es muy importante recibir compensaciones, ayudas, porque tenemos que seguir viviendo", comenta sentada en un café de Damasco.

Su hermano Mustafá lo ve de manera diferente. Quiere venganza y, a ser posible, obtenerla con sus propias manos. Por eso, se mueve por Siria de pueblo en pueblo, con una pistola en el cinturón, en busca de los torturadores que tanto daño hicieron a su familia. Más que en las ciudades, esta mentalidad está presente sobre todo en las zonas rurales donde se mantienen las estructuras tribales.

Un elemento de controversia en la sociedad siria es el hecho de que se haya arrestado y se mantengan encarcelados cientos de oficiales de las fuerzas de seguridad de Al Asad, mientras que otros altos cargos del antiguo régimen han sido liberados sin explicación alguna. El Mustafá se queja de la "falta de transparencia" a la hora de tomar estas decisiones, señalando también otra carencia del proceso. "De acuerdo con los estatutos de las comisiones, sólo pueden investigar los crímenes de Al Asad, no los de las milicias [vinculadas al actual gobierno]. Esto es muy preocupante y puede hacer fracasar todo el proceso", afirma.

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